El Traje Nuevo del Emperador

El Emperador Está Desnudo

Supongo que todos conocemos el famoso cuento de «El Traje Nuevo del Emperador«, escrito por Hans Christian Andersen y publicado en 1837. Lo que a lo mejor no todo el mundo sabe es que se trata de una adaptación del Ejemplo XXXII de el «Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio» escrito en el siglo XIV por el Infante Don Juan Manuel. Y lo que mucha menos gente sabe es que según la homologación de cuentos que A. Arne y S. Thompson publicaron en 1910 y 1928 respectivamente, la historia de «El Traje Nuevo del Emperador» es el patrón folclórico número 1.620, con versiones en India, Sri Lanka, Turquía, Reino Unido, Escocia, Islandia, etc.

Eso quiere decir que existe un patrón ancestral (casi mítico) de comportamiento común a diferentes culturas, según el cual hay situaciones en las que una mayoría de personas, de manera espontánea, decide aceptar una situación ilógica. El patrón incluye también que siempre sale un ser puro e inocente que rompe el engaño. En el caso de Andersen es un niño, que se da cuenta que el Emperador anda desfilando por la calle como Dios le trajo al mundo, y lo dice en voz alta. A partir de ese momento el resto de ciudadanos empiezan a comentar abiertamente que el Emperador está desnudo, lo que supone su humillación y escarnio público. 

Este cuento se usa habitualmente en coaching para demostrar que a veces es necesario que alguien diga la verdad obvia que el resto de gente se niega a reconocer. Muy bonito todo.

Lo que pasa es que a veces evitamos decir cómo acaba la historia.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

Keiserens nye Klæder, H.C. Andersen, 1837

Exacto. «Aguantar hasta el fin» (o lo que es lo mismo, Mantenella y no Enmendalla) y «(El Emperador) siguió más altivo que antes».

Os podéis imagainar lo que pasó después, ¿verdad? Recordemos, que esto se escribió en el siglo XIX. En aquella época la frase «poner su cabeza en una pica» no tenía precisamente sentido metafórico. Si yo fuera el padre de ese niño, cogería a mi mujer y al chaval, robaría un par de caballos y huiría con lo puesto antes de que acabase el desfile. Nada de ir a casa a recoger las cosas. Nada de despedirse de los amigos. Ya habrá tiempo de regañar al niño cuando hayamos cruzado la frontera. Sinceramente, rezo por que aquella pobre gente lo lograse.

El Traje Nuevo del Emperador

Sí, pero el niño acabó sus días en las mazmorras

La Obsesión por dar Feedback

Necesitamos una nueva versión de «El Traje Nuevo del Emperador». Una que nos enseñe cómo se le dice a un Emperador que va en pelotas, sin que al día siguiente suban los impuestos, se llenen las mazmorras de inocentes, monten una horca en la Plaza de la Villa y se reinstaure el derecho de pernada. Una que nos enseñe las consecuencias del exceso de feedback, de la sinceridad mal entendida, o de la importancia de la empatía.

Todos sabemos que el Emperador está desnudo. El pueblo llano lo sabe. Los chambelanes lo saben. La Guardia Real lo sabe. El Ministro y los funcionarios de la corte saben que el Emperador está desnudo. El Emperador sabe que está desnudo. Y lo que es peor, sabe que los demás lo saben.

Y aún así, ha salido bajo palio a recorrer las calles de su ciudad. Recordemos que por lo que dice Andersen, el Emperador en el fondo no era un mal tipo. Se dedicaba a sus modas, no se interesaba por los asuntos de la guerra ni de la corte. Su ciudad era muy alegre y bulliciosa. ¿Qué necesidad había de decirle delante de todo el mundo que le asomaban los huevecillos? ¿Hubiera pasado algo si le hubieran dicho, «Su Majestad, póngase este chal, que parece que refresca»? O mejor aún, «Alteza, este abrigo de marta cibelina era el favorito de su difunta madre, y va a juego con el oro y la seda de sus nuevos ropajes».

Pues no, había que hacer mofa y escarnio público. De un Emperador. Vamos, que todos a estas alturas de la vida hemos visto o leído La Canción de Hielo y Fuego. Sabemos lo que les pasa en el Juego de Tronos a los que van por ahí diciendo verdades sin pensar.

Eddar Stark

Mira que decirle al Rey en el Trono de Hierro que su padre es su tío (Imagen de gameofthrones.wikia.com subida por MrMichiVoss)

Hay una clase de personas que han creído no sólo que tienen que decir abiertamente lo que piensan, sino que lo pueden decir de cualquier manera, y que además la gente debería estar encantada de escucharlo. Quizá no sean del todo conscientes del impacto que sus palabras pueden tener en la persona que las recibe, ni de  las consecuencias que pueden derivarse.

Pues sí, yo creo que al Teorema de la Comunicación de Shannon hay que añadirle dos nuevas cajas: impacto y consecuencia.

Impacto y Consecuencia

El feedback es ese proceso por el cual damos información a una persona para que pueda corregir su comportamiento. Has leído bien, el receptor de tu feedback es una persona. Una persona que posiblemente haya cometido un error, y lo sepa. Al Emperador, por ejemplo, no sólo le han sacado la pasta, sino que además se ha paseado en pelotas por la calle. ¿No deberíamos intentar entender primero qué ha pasado? De manera objetiva, simplemente conocer los hechos.

Conocer los hechos y el contexto nos permite ponernos en la piel de la otra persona, desarrollar nuestra empatía. Al buscar hechos objetivos, se evita la subjetividad, que suele acabar en la justificación del comportamiento erróneo. Una persona que se está justificando crea un contexto de comunicación en el que alguien juzga y alguien es juzgado. Y eso es algo que queremos evitar, especialmente en casos de relaciones asimétricas, como por ejemplo, un niño del vulgo proletario haciendo observaciones sobre el Emperador.

Ante un error, el objetivo del feedback debe ir encaminado a evitar que se repita, sin embargo, en el caso del Emperador claramente no se consigue. Es un ejemplo de error al proporcionar feedback. El Emperador no sólo no reconoce su error, sino que se muestra más altivo todavía. No quiero parecer pesado, pero sabéis lo que hacen los emperadores altivos; ya lo hemos comentado y en general tiene que ver con represión, castigos físicos e impuestos.

Siempre que sientas la necesidad de comentarle a alguien que la ha cagado, piensa por un momento si estás seguro de querer ayudar. Es fácil saberlo. ¿Qué pasa por tu mente? ¿Reconoces alguna de estas expresiones?

  1. «Éste se va a enterar»
  2. «Le voy a poner las pilas»
  3. «Menudo gilipollas, le está bien empleado»
  4. «Ya verás»
  5. «Se merece un escarmiento»

Si es así, entonces no lo hagas: no estás intentando ayudar a una persona, estás intentando humillarla, darle una lección, avergonzarla (posiblemente incluso en público), etc. Eso no es feedback, es una forma más de castigo. Desde que la Marina Real Inglesa abolió en 1860 el uso del látigo de nueve colas como herramienta de corrección de conducta, el ser humano ha desarrollado multitud de formas de castigo psicológico (que por desgracia no son objeto de este post)

Cat o'nine

«Ven un momentito, que te tengo que comentar una cosilla» (Imagen del blog Pauline’s Pirates and Privateers bajo licencia CC By-NC-ND)

El Emperador va a Coger Frío

Bien, ya estamos convencidos de querer ayudar, lo que pasa es que todavía no sabemos cómo. Así es como yo lo haría:

  • El primer paso siempre siempre siempre debe ser encontrar el momento propicio para tener la conversación. Por lo general, si hay otras personas delante no es un buen momento. A nadie le apetece que le corrijan en público, se genera una situación violenta en todos los aspectos. Cuando se producen situaciones violentas indudablemente se genera tensión, y las personas adoptan actitudes defensivas, agresivas e incluso puedan llegar a perder los papeles.
  • El segundo paso es establecer un marco de comunicación positivo que favorezca el diálogo sincero. Suele ser recomendable empezar por reconocer aquellos aspectos positivos («Qué desfile más bien organizado, hay que ver qué lustrosos los caballos») e incluso aplicar las conocidas técnicas de captatio benevolentiae que ya usaban en su día los juglares. Y que básicamente consisten en mostrar o exagerar tus propios defectos para que otros sean comprensivos contigo (como tú lo vas a ser con ellos).
  • El tercer paso para conseguir que un error no se repita es precisamente el reconocimiento mutuo de que ha ocurrido un error. Ya que si no, el diálogo no está centrado en la búsqueda de soluciones sino en convencer a otra persona de que ha actuado de forma equivocada. Por eso la importancia de los datos objetivos. Los datos objetivos por su propia naturaleza no están sujetos a discusión.
  • El cuarto paso es encontrar (incluso «ofrecer», o «insinuar»…) una explicación coherente que permita a la persona poner a salvo su prestigio y profesionalidad. «Claro, su Majestad, cómo no iban a haberle engañado esos dos estadadores, si han dejado pufos por media Europa.»
  • Si has abierto la puerta a esta salida honrosa, es factible no sólo identificar las acciones correctivas («Tápese, su Majestad») sino un plan o proceso de cambio con el que la otra persona pueda sentirse satisfecha.
  • Definir un plan es lo que permite establecer hitos de control sobre los que comprobar si hay un progreso o un cambio en el comportamiento, que precisamente es lo que se persigue a la hora de dar feedback.
Napoleon Bonaparte Emperador

No, si hay que reconocer que el Emperador cuando se pone… («Napoleón en su trono», por Jean Auguste Dominique Ingres)

Pues ahora que hemos hecho esta pequeña revisión del cuento, otros Emperadores que se pasean desnudos delante tuyo pueden ser:

  • Ese compi que cree que está haciendo un buen trabajo, al que tienes que decirle que su desempeño está por debajo del esperado. Si no eres capaz de entender en primer lugar los motivos por los que cree que está haciendo un buen trabajo, ni transmitirle de manera objetiva por qué realmente no lo es, no vas a conseguir que cambie su actitud. Posiblemente consigas el efecto contrario; que se encabrone, o en el mejor de los casos, que se desmotive. Por otra parte, ¿estás seguro de que alguien le ha transmitido a esa persona qué se esperaba que hiciera? La mayor parte de las veces, este es el verdadero problema de raíz: un error a la hora de plantear objetivos, formas de validarlos y medición del grado de avance.
  • Decirle a un cliente que sus problemas organizativos son el principal riesgo para la consecución de un proyecto. ¿Estás de coña, no? Esa persona trabaja ahí. Sabe de sobra que vive en una organización monolítica que no hay forma de que eche a andar. Recuerda que es él el que pasa 8 horas al día ahí metido. Él lo sabe, tú lo sabes; si no buscas formas creativas de solucionar los problemas, sino que te limitas a exponerlos posiblemente tengas los días contados como proveedor. Te pagan por solucionar problemas, no por exponerlos.
  • Comentarle a un emprendedor cuyo proyecto estás valorando que no te crees el modelo de negocio. Una aventura de emprendimiento suele estar ligada al sueño de una persona, a su ilusión. A una creencia personal de haber encontrado una solución viable a un problema. Es algo en lo que ha metido horas (pensando, estudiando, protitpando, incluso puede que tenga una demo). Si tú no te lo crees, ¿qué necesidad tienes de tirarle al barro?. Al fin y al cabo, no es tu problema, es el suyo. Propón honestamente aspectos de mejora que quizá no haya tenido en cuenta y ofrece una salida honrosa de tu despacho. Por ejemplo, quizá el problema es tuyo que no ves dónde está el negocio.
  • «Esa blusa te queda un poco currita, cariño». NI LO SUEÑES

La próxima vez que pase un Emperador desnudo, ¿qué vas a decirle?

Novelas para Querer Saber Más

Novelas para Querer Saber Más

Supongo que muchos estamos apurando hasta última hora los regalos de Reyes Magos, así que para los que todavía tengan compras pendientes traigo una recomendación. Se trata de 3 Novelas con N mayúscula, de esas que no sólo te enganchan, sino que no se acaban cuando te las terminas.

Porque son Novelas que te hacen querer saber más. En efecto, las 3 se basan en hechos dramáticamente reales, y por su nivel de detalle y minuciosidad, podrían pasar por Novela Histórica. Cuando las leas, atrévete a decirme que no has entrado en Google para documentarte al respecto. Incluso mientras te las estés leyendo.

Os anticipo que estas 3 recomendaciones no son para débiles de corazón ni pusilánimes. Empezamos.

Dan Simmons, «El Terror», Roca Editorial

http://www.rocaeditorial.com/es/catalogo/sellos/roca-editorial-5/el-terror-306.htm

En «El Terror», Dan Simmons nos transporta a la expedición para encontrar el Paso del Noroeste que el 19 de Mayo de 1845 partió de Greenhite, en Inglaterra comandada por Sir John Franklin. Formada por dos barcos, el HMS Erebus y el HMS Terror, y una tripulación de 24 oficiales y 110 hombres, las naves fueron vistas por última vez en Julio de ese mismo año en el Estrecho de Lancaster, en Canadá.

Han pasado 170 años de aquello, y sólo sabemos que el HMS Erebus y el HMS Terror quedaron atrapados en una banquisa de hielo al norte de la Isla del Rey Guillermo. Durante más de 2 largos años. También sabemos que John Shaw Torrington, John Hartnell y Willian Braine fallecieron por causas naturales en invierno de 1845. Son los únicos restos humanos que se han identificado.

En 1859, una expedición de rescate liderada por el Teniente de la Marina William Hobson encontró en un túmulo en la Isla del Rey Guillermo una nota dejada por dos de los suboficiales supervivientes: Crozier (capitán del HMS Terror) y Fitjames (capitán del HMS Erebus). Estaba fechada el 25 de Abril de 1848, tres años después de haber quedado encallados, en la que se recogía la intención de los 105 supervivientes de llegar a pie hasta la desembocadura del Río Back. A cientos de millas de distancia.

HMS Terror

CUALQUIERA que hallare este papel, se le suplica enviarlo al Secretario del Almirantazgo en Londres, con una nota del tiempo y del lugar donde se halló (Imagen de Wikimedia Commons, de dominio público en los Estados Unidos, Australia y la Unión Europea)

Desde entonces, más de 24 expediciones (la última de ella hace menos de 3 años) se han enfrentado al hielo del Ártico para hallar los restos de dos naves de más de 300 toneladas cada una, y de las cerca de 130 personas que viajaron en ellas. Sin éxito.

Y gracias a los resultados de las mismas, Dan Simmons ha podido hilvanar el relato de lo que sucedió a los hombres de la Expedición Perdida de Sir John Franklin.

Desperación. Hielo. Angustia. Frío Extremo. Supervivencia. Canibalismo. Rebelión. Motín. Y una criatura bestial que está cazando a los marineros uno a uno. Una novela claustrofóbica que transcurre en un desierto helado.

James Ellroy, «La Dalia Negra», Zeta Bolsillo

http://www.casadellibro.com/libro-la-dalia-negra/9788498721973/1244069

El 15 de Enero de 1947, en el parque Leimert de Los Angeles, apareció el cadáver brutalmente mutilado de Elisabeth Sort. Su cuerpo, convenientemente limpiado y drenado de sangre, había sido seccionado en dos a la altura de la cintura. Sus labios fueron cortados formando una terrorífica sonrisa; se le extrajo el corazón, el bazo y los intestinos; y presentaba golpes, laceraciones y amputaciones por todo el cuerpo.

Dalia Negra

Elisabeth Short, fichada en 1943 por consumir alcohol siendo menor (Imagen de Wikimedia Commons de dominio público)

El asesinato de Elisabeth Short, o Dalia Negra como la bautizó la prensa, permanece oficialmente sin resolver en el archivo de la Policía de Los Ángeles. Y es el telón de fondo con el que James Ellroy inaugura su célebre Cuarteto de Los Ángeles.

Hablar de Ellroy es hablar de oscuridad. Y de la historia reciente de Estados Unidos. En La Dalia Negra, Ellroy hace una vivisección de la corrupción de la sociedad angelina, deslumbrada por las estrellas de Hollywood y plagada de mafiosos de la talla de Bugsy Siegel, Micky Cohen o Jack Dragna. Corrupción que empapa por igual al Departamento de Policía de L.A., plagado de excombatientes de la Segunda Guerra Mundial que conviven con tipos que prefieren mirar para otro lado, o que directamente están en la nómina de la mafia.

Olvida todo lo que has visto en Mulholland Falls, Gangster Squad o Mob City. Tu fuente es Ellroy. Espero que estés preparado para leer sobre brutalidad policial, porque Elloy es el  heredero de Dashiell Hammet y Raymond Chadler. Gran conocedor de la ciudad, la época y los bajos fondos, la novela te envuelve en datos, sucesos y personajes reales, mientras desentraña una investigación tan brutal como minuciosa. A lo largo del Cuarteto de Los Ángeles asistimos a la evolución de la ciudad y su Departamento de Policía, y podemos anticipar los cambios en la narrativa de Ellroy, cada vez más breve, más concisa, como el disparo de un .38. Hay que empezar por Dalia Negra el Cuarteto de Los Ángeles y hay que evolucionar con Ellroy para poder leer la trilogía American Tabloid.

Alan Moore & Eddie Campbell, «From Hell», Planeta de Agostini

http://www.planetadelibros.com/from-hell-nueva-edicion-libro-90644.html

Tengo pendiente hacer el recorrido que hacen Sir William Gull y su cochero Netley por los principales monumentos masónicos de Londres en el Capítulo IV. La interpretación que Alan Moore hace de los sucesos de Whitechapel es sencillamente magistral.

From Hell

Catch me when you can, Mr Lusk (Imagen de Wikimedia Commons, de dominio público)

Con una riqueza de detalles, y una abundante cantidad de documentación que lo convierten en una narración tan didáctica como verosímil, el tándem formado por Alan Moore y Eddie Campbell desgranan a lo largo de más de 600 páginas de novela gráfica una de las teorías sobre la identidad de Jack el Destripador.

Y es la propuesta en 1976 por Stephen Knight, según la cual los asesinatos formaban parte de un complot para encubrir el nacimiento de un hijo ilegítimo del Príncipe Alberto Victor, Duque de Clarence y nieto de la Reina Victoria.

La limpieza del trazo de Campbell, el entintado en blanco y negro, la recreación del Londres señorial y de sus suburbios, son el complemento perfecto a una poderosa narración. Al igual que ocurriera con Watchmen, From Hell requiere concentración, y una lectura dedicada para empaparse de toda su riqueza.

Esta obra, publicada entre 1989 y 1996 y recopilada íntegramente en 1999, ha ganado entre otros 5 premios Eisner y 3 premios Harvey.

El Ritual de Purificación

El Ritual de Purificación

Empecé 2013 haciendo un ritual de purificación que había leído en Internet: tirando a la basura 50 «cosas» que tenía en casa. De todo tipo, camisas de vestir, de sport, camisetas, zapatos, libros… Incluso tiré mi colección de cintas de Pink Floyd (tranquilos, las tengo en digital)

La coach que promovía este método decía que si lograbas la disciplina de deshacerte de tantos «objetos» (muchos de los cuales llevaban tiempo contigo) interiorizabas una dinámica de dejar atrás tus ataduras materiales y empezabas el año en un estado mental que favorecía el cambio.

Recicla

Hay un lugar para cada cosa (Imagen de Dave Goodman)

Visto con perspectiva, os diré que aunque me cuesta reconocerlo, fue algo positivo: tiré un montón de mierda a la basura y me pasé semanas entretenido comprando mierda nueva. Pero al menos, tuve la oportunidad de elegir qué nueva mierda consumía, y parte de ella me ayudó a ser diferente.

Nueva música, nuevos libros, nueva ropa… En definitiva, nuevas formas de manifestar tu personalidad, tu carácter, tus objetivos, tus ambiciones, tus miedos, o por qué no, nuevas formas de inspiración.

La moraleja es que cualquier momento es bueno para dejar atrás aquello que éramos para hacer sitio a lo que vamos a ser, sobre todo si no coinciden. Pero hazlo.

Tengo 3 bolsas de basura de comunidad esperando a que llegue mañana. He puesto en la lista negra unas deportivas que ya no me pongo. Me gustan, son de Onitsuka Tiger, y están como nuevas. Pero llevan un año en el zapatero. Tengo corbatas que ya no se ven por el mundo, muchas todavía me recuerdan a reuniones donde las he usado, y he llegado a creer que esas corbatas me ayudan a recordar qué hice bien y qué hice mal. Chorradas. Detrás de mi colección de DVDs hay dos filas de películas en VHS que no voy a volver a ver en mi vida, no por nada, es que el combi DVD+VHS tiene los días contados. La XBOX 360 está encima del armario. Seguramente haga algún experimento con ella tipo «cadena de favores»

Osea. Que tengo todo listo para hacer mi Ritual de Purificación.

Feliz 2014

Los X Mandamientos del Teletrabajo

Yo Teletrabajo, tú teletrabajas, ellos vaguean

La madurez consiste en sospechar cuando firmas un contrato y lo primero que te dan es un ordenador portátil y un teléfono móvil de empresa. Significa que a partir de ese momento tú eres en ti mismo un puesto de trabajo. Yo hace años que lo soy, tengo la suerte de poder trabajar en un cafetería mientras espero entre dos reuniones, o en el asiento de atrás de un Taxi mientras voy camino a un cliente, o en la zona de embarque de un aeropuerto, o incluso en un tren. He llegado a trabajar mientras esperaba en el pediatra. No hay nada como coger el AVE de las 7 de la mañana y ponerse a trabajar mientras el resto del pasaje ronca plácidamente a tu alrededor. Sí amigos, soy una de esas personas que han sido Bendecidas con la posibilidad de trabajar en cualquier lugar y en cualquier momento.

Teletrabajo

Don’t ask, don’t tell (Imagen de moqub)

No es porque escriba este post en mis vacaciones de Navidad, pero lo cierto es que para muchas personas la posibilidad de teletrabar es una lotería. Es algo que se tiene o no se tiene sin saber muy bien por qué; sin que quede del todo claro qué hace que en sus empresas algunas personas puedan teletrabajar, y otras no.

Lo ideal sería que hubiera un Manual de procedimientos, un documento compartido por toda la organización donde se defina claramente el modelo de Teletrabajo, las condiciones y los requisitos; de manera que quede con claridad meridiana lo que se puede hacer, cómo se puede hacer y quién lo puede hacer. Sin embargo, en muchas empresas esto es una quimera. La mayor parte de las veces queda por tanto un sentimiento de arbitrariedad y una sombra de sospecha: si no te dejan teletrabajar es porque eres un vagazo.

De todas maneras, una cosa está clara: Teletrabajar es una de las máximas expresiones de la organización personal del tiempo. Y para hacerlo bien es necesario conocer…

Los X Mandamientos del Teletrabajo

Moses

Hola amigos, soy Charlton Heston y os traigo los X Mandamientos del Teletrabajo (Imagen de Superfloop)

¿Qué es teletrabajar? Para muchas personas, teletrabajar es básicamente, trabajar en chándal desde casa. (He dicho chándal por no decir pijama) Pues eso es un ERROR. Es un error la definición y es un error trabajar en pijama (siempre he dicho que uno de los riesgos del teletrabajo es la decadencia de las personas)

Teletrabajar es mucho más. Es desligar el desempeño de un profesional del lugar físico donde realiza su actividad. Este es en muchos casos el quid de la cuestión, por tanto, merece la pena que lo convirtamos en el Primer Mandamiento del Teletrabajo.

I Mandamiento del Teletrabajo: Si tu trabajo está ligado a la ubicación física desde donde se realiza, es incompatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.

Una vez solventado este pequeño detalle, podemos seguir. Teletrabajar es además permitir a las personas que organicen su tiempo, de forma que determinen cómo y cuándo acometen sus tareas, lo que de alguna manera refuerza su responsabilidad y su capacidad de gestión. Pero eso no significa que todo sean maravillas, también tiene sus inconvenientes. Partiendo de la base de que no eres autónomo o freelance, vamos a repasar exactamente los beneficios e inconvenientes que tiene teletrabajar.

1. Autonomía y Responsabilidad

Las personas que teletrabajan ejercitan su autonomía, ya que son ellos mismos los que se organizan su propio tiempo. Dado que no tienes que desplazarte a la oficina, eliminas esa sensación de pérdida de tiempo que supone el transporte público, los atascos, y las esperas innecesarias. Poder organizar tu propio tiempo es uno de los mayores placeres de la vida.

Sin embargo, para poder ejercitar esta autonomía, tienes que haber dado muestras de que sabes cómo planificarte para cumplir tus objetivos, de manera que no sólo seas capaz de definir cuándo vas a finalizar tus tareas, sino que además puedas anticipar las posibles dependencias u obstáculos que lo impidan. También es necesario que hayas demostrado que sabes «levantar la mano» con la suficiente antelación como para que los problemas se puedan gestionar.

II Mandamiento del Teletrabajo: Si no has demostrado que eres una persona responsable, nadie te va a dar la oportunidad de que organices tu propio tiempo. Y menos todavía si saben que vas por el nivel 700 en el Candy Crush, te acabas de comprar una PS4 o acaban de empezar las rebajas

Esto es importante. Si eres una persona que requiere constante supervisión por parte de tus responsables no te molestes en apuntarte al programa de teletrabajo, ni en solicitar que se monte uno si es que no lo hay. Si lo piensas por un momento verás que tiene sentido: si necesitas que haya alguien pendiente de ti para que puedas trabajar, eres tú el que tiene que estar disponible para que te supervisen. Esto es así. Si teletrabajases, estarías aumentando la carga de gestión de tu supervisión, y por definición, nadie quiere que aumente su carga de gestión a costa de perseguirte.

2. Comunicación formal e informal

Es siglo XXI es (de momento) el siglo de las Redes Sociales. De las personas conectadas. De las personas que colaboran desde cualquier parte del mundo. De la globalización. De las empresas que prestan servicios en múltiples países. De las factorías de software en la India, Latinoamérica o en Provincias. De los equipos de trabajo deslocalizados. Cada vez hay más herramientas que nos permiten comunicarnos en tiempo real. Es una realidad la masificación del ADSL, que permite que las videoconferencias con Skype o Google Hangout desde tu casa vayan como un tiro. Y no nos engañemos, todo el mundo tiene tarifa plana de voz en el móvil. Los que somos «trabajadores del conocimiento» hace años que disponemos de entornos de gestión documental, de colaboración, de gestión de proyectos… Hay entornos de trabajo colaborativos en la nube que permiten que varias personas editen en tiempo real un mismo documento o una hoja de cálculo a la vez. Cada vez es más fácil que un equipo de trabajo esté formado por personas que no necesitan estar juntas para producir resultados.

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NI LO SUEÑES (Imagen de jfilip)

Porque no trabajar en una oficina no quiere decir trabajar solo. Si formas parte de un equipo tienes que estar disponible para el equipo. La mayoría de las empresas han llegado a la conclusión de que las personas tienen que estar disponibles de 9 a 18h, así que si dentro de esa franja  alguien necesita contactar contigo y no lo consigue, posiblemente se vaya a sentir frustrado y decepcionado. Si casualmente es tu jefe date por jodido (Nota: esta relación no es transitiva)

III Mandamiento del Teletrabajo: Trabajar desde casa no quiere decir trabajar solo. Si formas parte de un equipo, tienes que estar disponible para tu equipo. Para eso se inventaron los horarios.

Pero que se pueda no quiere decir que se deba. Muchas veces el contacto directo favorece la productivad de los equipos o la calidad de su trabajo. ¿Cuántas veces has oído a compañeros tener una discusión sobre el alcance de un requisito y te has tenido que dar la vuelta para aclararlo? ¿O sobre cómo implementar una funcionalidad? Exacto: hay una comunicación informal que ocurre de manera fortuita, sin que nadie tenga que programar una call o abrir un hangout, una comunicación que es inherente al ser humano y que no ocurre cuando trabajamos en casa.

IV Mandamiento del Teletrabajo: Cuando la presencia física y el contacto humano favorecen la productivad del equipo o la calidad de su trabajo, las probabilidades de que puedas teletrabajar se reducen drásticamente.

Lo que nos lleva a la importancia de la cohesión del equipo. Formar un equipo significa compartir, y por muchas herramientas que se pongan a disposición de las personas, nada puede sustituir al contacto directo y personal. Por tanto, en aquellos casos en los que este contacto personal es un catalizador, lo más normal es que el responsable del equipo prefiera que la gente esté junta. Eso no quita que puedas teletrabajar de manera puntual (algo es algo)

3. Concentración y Aislamiento

Una de las grandes ventajas del teletrabajo es que reduce drásticamente las interrupciones. No se vosotros, pero yo tengo comprobado que cuando estoy en casa recibo aproximadamente la cuarta parte de interrupciones que cuando estoy en la oficina. Trabajar sin interrupciones es un lujo: permite maximizar nuestra productividad, la consecución de nuestros objetivos y nuestra sensación de utilidad. Todos sabemos lo difícil que se nos hace manejar las interrupciones en el día a día, y más todavía cuando alguien físicamente viene y se sienta a nuestro lado.

V Mandamiento del Teletrabajo: Si el hecho de que alguien te vea o no te vea es determinante para que te interrumpa o no te interrumpa, el hecho de desaparecer de vez en cuando favorecerá tu capacidad de concentración. Vende tu teletrabajo como una necesidad para lograr tus objetivos si son los de tu empresa.

Yo personalmente teletrabajo cuando necesito aislarme del mundo, porque se que en la oficina no hay manera. Sin embargo, este aislamiento puede ser pernicioso en sí mismo. Trabajar sólo favorece la concentración, pero impide la participación en el día a día de la empresa. Y sinceramente, hay que estar. Una empresa es un lugar vivo, donde no dejan de ocurrir cosas y donde a todas horas se toman decisiones (salvo en las Empresas Z, por supuesto) Si tienes interés por crecer profesionalmente, te interesa estar en el meollo del asunto, en el día a día. Te interesa estar delante cuando haya problemas que solucionar, decisiones que tomar; cuando haya que decir «no os preocupéis, que ya me encargo yo». ¿Por qué? Pues porque en eso consiste crecer profesionalmente: en aumentar tu capacidad para resolver problemas. Y si no estás tú, tranquilo, seguro que estará otro.

VI Mandamiento del Teletrabajo: Si teletrabajar te aleja de los centros de toma de decisión, valora si te interesa estar lejos de los centros de toma de decisión.

4. Separación personal / profesional

Muchas personas consideran que el teletrabajo favorece la conciliación de la vida familiar. Hace mucho que se acabó aquello de trabajar 40 años en la misma empresa; los nuevos modelos de relaciones laborales hacen que una persona pase por varias empresas a lo largo de su vida. Los que trabajamos en el sector TIC cambiamos incluso de cliente varias veces al año. Eso significa que uno nunca sabe dónde va a tener que ir a trabajar el mes siguiente. A veces, empezar a trabajar desde casa te permite dejar al niño en la guarde, aprovechar un par de horas desde casa y aparecer por la oficina a las 10:30, después de recorrer la ciudad sin a penas tráfico. Una hora a la que muchos todavía no han vuelto del «desayuno».

Aquellos que no tienen que dejar a los niños en el cole y mantienen su rutina de madrugar son sin duda personas mucho más productivas. Empezar a trabajar en casa a las 8 de la mañana, y no tener que pasarse una agotadora hora repartiendo codazos y empujones en el transporte público, o perdiendo la paciencia en un atasco, supone de media una hora y media de ventaja sobre el resto.

VII Mandamiento del Teletrabajo: Date una ducha por la mañana. Afeitate. No hace falta que te pongas corbata o taconazos, pero no trabajes en pijama. No seas un ejemplo para todas aquellos que dicen que el trabajar desde casa degrada a las personas.

Sin embargo, aunque a priori trabajar desde casa te hace más productivo al evitar todos esos tiempos muertos y te da tiempo para otras cosas (por ejemplo, ir a correr), es importante que tengas un espacio de trabajo, separado del espacio en el que vives. Es importante la disciplina, saber separar física y psicológicamente cuándo estás trabajando y dónde lo haces. Tu salón es tu salón, no es tu despacho. Y sobre todo, no te levantes cada media hora a mirar qué hay en la nevera.

VIII Mandamiento del Teletrabajo: Psicológicamente es recomendable separar tu faceta personal de tu faceta profesional. No trabajes en el salón de tu casa, hazte un despacho. Y recuerda que no es bueno que el hombre esté solo.

Lo cierto es que el hecho de trabajar en casa puede además tener efectos psicológicos, puesto que el ser humano necesita relacionarse con otras personas  para evadirse. En las oficinas, quieras que no, hay momentos de relajación en los que las personas se evaden del trabajo para hablar del fútbol, de lo que han hecho el fin de semana, o del programa de anoche. En algunas oficinas, incluso la gente practica el sexo de manera furtiva. Cuando teletrabajes tienes que buscar estos momentos de evasión personal (me refiero a interactuar con otras personas, no al sexo furtivo, que os conozco) Por eso cada vez están más de moda los espacios de co-working. Los anglosajones inventaron hace un siglo el denominado síndrome de cabin fever, que consiste en la sensación de claustrofobia que padecen las personas que se quedan aisladas en un espacio pequeño durante largos periodos de tiempo haciendo siempre lo mismo.

Cabin Fever

Es mejor no tener hachas a mano cuando teletrabajes (Imagen de tellmewhat2)

El exponente más significativo de cabin fever es el que sufrió la familia Torrance durante su estancia en el Hotel Overlook en el invierno de 1977, que dio lugar a los hechos narrados por Stephen King en su novela The Shining.

5. Conocer tus objetivos

Por último, pero no por ello menos importante. Para poder Teletrabajar, tienes que saber organizarte. Es decir, tienes que conocer:

  • Cuáles son tus objetivos. ¿Qué es exactamente lo que tienes que hacer? ¿Lo tienes claro? Si está sujeto a interpretación y subjetividad, ¿has aclarado las dudas? ¿Tienes un deadline? ¿Estás de acuerdo con él?
  • Cómo reportar el avance. Eso no quiere decir que tengas que estar diciendo cada hora lo que has hecho. Sólo quiere decir que cuando te pregunten debes ser capaz de responder de forma clara y objetiva el avance en tus tareas, y lo que te queda para terminar.
  • Cómo anticipar las dependencias externas. Si hay factores externos que impiden que tu trabajo avance debes comunicarlos lo antes posible. Si ya es malo ver a gente perder el tiempo en la oficina, piensa en la imagen mental que tendrán de ti tus responsables si saben que no puedes avanzar y además no pueden verte. The Horror.
  • Como saber que has terminado. Debes tener claros los criterios (a ser posible, concretos y objetivos) que usarán tus responsables para validar que has acabado con éxito la tarea que te han encomendado.

No es de extrañar que ese sea precisamente el siguiente Mandamiento.

IX Mandamiento del Teletrabajo: Ten claros tus objetivos, cómo vas a reportar su avance y la forma en que vas a demostrar que los has conseguido.

Exacto. Se lo que estás pensando. Que hemos llegado al verdadero problema: como habrás podido comprobar, la mayoría de las empresas no pueden asumir que sus empleados teletrabajen por su incapacidad organizativa de definirles objetivos concretos, mecanismos de seguimiento y criterios de aceptación.

X Mandamiento del Teletrabajo: Si tu organización no es capaz de definirte objetivos, medir su avance y validar su cumplimiento, es una organización incomplatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.

Fight for your rights (to party)

Espero que ahora que conoces los X Mandamientos del Teletrabajo puedas ser consciente de si eres o no un candidato a realizarlo. ¿Lo eres? El primer paso es saber si eres una persona que ha acreditado ser responsable en el desempeño de tu trabajo. Si no lo eres, no pierdas el tiempo. Yo soy de los que por defecto piensa que las personas son honradas y responsables, salvo que se demuestre lo contrario; pero no todo el mundo es así.

Si en tu empresa no hay un plan de teletrabajo, enhorabuena: creo que en este post tienes los argumentos que necesitas para proponerlo y defenderlo con bastante coherencia. Sin que tu responsable piense que en realidad lo que quieres es quedarte en casa en pijama viendo pornografía (VALE, YA LO HE DICHO)

Sin embargo, no pierdas el tiempo. Ten presente que los X Mandamientos del Teletrabajo se resumen en dos:

  • Si tu trabajo está ligado a la ubicación física desde donde se realiza, es incompatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.
  • Si tu organización no es capaz de definirte objetivos, medir su avance y validar su cumplimiento, es una organización incomplatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.

Ya me contarás.

Sobrevivir a las Empresas Z

The Walking Deaf

No hay más sordo que el que no quiere oir, y no hay más ciego que el que no tiene ojos. No conozco a nadie que quiera trabajar en una Empresa Z, y aún así, lo más seguro es que muchos de vosotros trabajéis en alguna. ¿Cómo saber si trabajas en una Empresa Z?

El concepto Empresa Zombie es demasiado bueno como para que se me haya ocurrido a mí, lo reconozco. En realidad, lo aplicó por primera vez Edward Kane durante la Crisis de los Ahorros y Préstamos de los 80, para definir a entidades financieras que mantenían su capacidad de operar gracias a préstamos y ayudas gubernamentales, pero al ser insolventes ni podían hacer frente a su deuda, ni mucho menos generar beneficios. Llevado al mundo de la empresa, una Empresa Z mantiene su actividad profesional a base de líneas de financiación, sin embargo, los beneficios que el negocio genera no son suficientes como para pagar la deuda.

Mi visión de las Empresas Z es ligeramente diferente. Hace referencia a la extinción de la innovación, la dilución de la toma de decisiones, la disminución del talento y por tanto, la globalización de la mediocridad. Personalmente, estoy convencido de que hay empresas que generan excelentes resultados económicos, a costa de anular la creatividad y la iniciativa de sus trabajadores. De convertirles en piezas de una maquinaria. Para mí, una Empresa Z es aquella en la que el motor del crecimiento se alimenta de la iniciativa y la creatividad de las personas.

Empresas Z Picadora

La mano que mece la picadora es la mano que domina el mundo (Imagen de cjeremyprice)

Querido lector, tómate tu tiempo para responder a este sencillo test que te ayudará a saber si trabajas en una Empresa Z:

  1. ¿Puedes elegir la forma en que haces tu trabajo?
  2. ¿Para tomar una decisión tienes que reunirte con más de 2 personas?
  3. ¿Cuántas versiones de Office han salido desde que se actualizaron los manuales de procesos?
  4. ¿Te comunicas con tus responsables exclusivamente por correo electrónico para que todo quede por escrito?
  5. ¿Transmites mensajes en los que no crees?
  6. ¿Sientes que aprendes de los compañeros con los que trabajas?
  7. ¿Se antepone la burocracia al servicio al cliente?
  8. ¿Alguna vez has escuchado que «esto siempre se ha hecho así»?
  9. ¿Has admirado el trabajo de alguien en la última semana?
  10. ¿Te recomendarías tu empresa a ti mismo?

Si después de hacerte estas preguntas todavía no tienes claro si trabajas o no en una Empresa Z, posiblemente seas un Empleado Z.

Empleados Z

Como ya dijimos en su día, las Empresas Z son máquinas generadoras de Empleados Z. En palabras de Emma Salamanca, que desde TalentoIT apuesta por el Lado Humano de la Tecnología:

Dejando a un lado la definición de aquellas empresas que sobreviven a base de ayudas públicas y que no tienen dinero ni para cerrar, prefiero centrarme en la parte más psicológica, dejando claro una cosa muy muy importante, cuando un empleado llega al estado zombie, es casi imposible su curación y no menos importante, el contagio está asegurado si no se toman las medidas adecuadas.

Empleados «Walking Dead»: Son aquellos que ni sienten ni padecen su empresa, su trabajo y lo único que les mueve es mantener su trabajo haciendo lo mínimo emocional y racionalmente posible. Profesionales carentes de pensamiento crítico, creatividad, motivación, solidaridad, pasión. Se mueven por inercia, sin cerebro, sin corazón.

Hay que tener en cuenta una cosa, y es que no todo el mundo tiene por qué ser una persona creativa, ni se le puede pedir pasión a alguien que realiza un trabajo rutinario para el que está sobrecualificado. Todos somos diferentes, y por tanto tenemos diferentes motivaciones y objetivos en la vida; hemos hablado en este blog en muchas ocasiones al respecto. Pero si por su entorno laboral una persona con pensamiento crítico dedice conformarse; una persona creativa se convierte en un gris burócrata; una persona motivada decide bajar los brazos; un profesional comprometido cree que un problema de sus compañeros no es asunto suyo; o  una persona apasionada pierde las ganas de cambiar el mundo, es síntoma inequívoco de la zombificación.

Empresas Z Innovacion

Desde luego, no se le ve con muchas ganas de innovar (Imagen de jerekeys)

Es fácil saber si nos están zombificando: todos tenemos muchas facetas, la personal, la profesional, la familiar… Piensa en tu faceta profesional. ¿Eres la persona que quieres ser? ¿Te estás anulando? Peor aún, ¿estás anulando a otras personas? Ser un Empleado Z es horroroso, pero peor todavía es ser un fabricante de Empleados Z.

Sobrevivir a las Empresas Z

El proceso de zombificación de una empresa no ocurre de un día para otro. Es algo que lleva su tiempo. Por tanto, parecería legítimo preguntarse ¿es que nadie se da cuenta? Al igual que en cualquier película del género, serie de televisión o cómic, un trabajador de una Empresa Z pasa por los siguientes estados:

  • Negación. Todo va bien. En realidad es algo temporal. Al fin y al cabo, no son Zombies, son Infectados. Seguro que hay una cura. Las Autoridades Competentes saben lo que hacen.
  • Esperanza Vana. Seguro que las cosas van a mejorar, ¿no? Es un bache. Todos pasamos alguna vez por un bache, ¿no? He hablado con mi primo, por allí también les está yendo regular.
  • Esto tiene mala pinta. ¿Has visto lo que ha pasado en el departamento de contabilidad?
  • No puede pasarme a mi. En realidad soy diferente. Yo tengo estudios. Y experiencia. Estoy preparado. Voy a hablar con mi director. Estoy seguro de que esto tiene solución, puedo sobrevivir.
  • ¿Demasiado tarde? ¡ARRGH! ¡Me están comiendo!

Los amantes del género Z (Z de Zombie) sabemos que siempre hay una encruzijada. El héroe se enfrenta a una difícil decisión que se resume en: ¿debemos luchar para encontrar una cura (habitualmente en la forma de vacuna)? ¿O me limito a salvar el pellejo?

Empresas Z Lucha

Keep Calm and Kill Zombies (Imagen de Rich Johnson)

Muchas personas eligen luchar. Deciden poner su empeño y energía en hacer que las cosas cambien. ¿Hay futuro en una Empresa Z? ¿Tiene sentido luchar por él? Ese es, amigos míos, el quid de la cuestión. En palabras de José María Puerta, Social Media Manager de Barceló:

La primera pregunta que tienes que hacerte antes de decidir nada es: ¿Es mi guerra? En caso afirmativo, la siguiente es ¿Tengo alguna posibilidad de ganarla? Contestadas estas dos cuestiones, el resto es relativamente sencillo a la par que costoso, sea cual el camino de acción elegido.

Por lo demás, para ser un zombie hay que tener madera, algunos van directamente de la cuna a la tumba sin conocer otro estado; otros, caen en ese abismo por perder perspectiva y/o por una falsa asunción de comodidad. La vida en general no es justa, ni tampoco lo contrario. A partir de unos mínimos de consciencia, capacidad y madurez, depende en gran medida de tus decisiones que te toque algo más de pastel que de barritas dietéticas.

Yo sin embargo con el tiempo me he vuelto más excéptico. He llegado a la conclusión de sólo tiene sentido tratar de salvar una Empresa Z siendo una figura de dirección de la misma (CEO, Socio, o Director), y poder así tomar las decisiones (habitualmente ligadas a la amputación) encaminadas a deszombificarla. En caso contrario, vas a tirar mucha de tu energía por el retrete. No merece la pena. Coincide con esta opinión Carlos Ramiro, tras más de 12 años de trabajo en el mundo de los Recursos Humanos:

La vacuna es un «líder capaz«, con visión, entusiasmo y empuje. La cura es despedir al líder Z y poner uno como el descrito anteriormente.

¿Hay SalvaZión?

A estas alturas de la vida hay que tener claro que no debemos dejar que nadie nos arrebate la ilusión por el trabajo. Y que nuestra forma de ser no es algo coyuntural. Es la suma de unos valores que hemos adquirido a lo largo del tiempo, desde nuesta infancia, nuestro paso por la escuela, la universidad, nuestro primer empleo…

Por lo general, todos tenemos una actitud ante el trabajo, ante la presión, ante los problemas, ante el compañerismo… Si nos sentimos orgullosos de esa forma de ser, no dejes que nada ni nadie la anule. Eso no quiere decir, ojo, que no debas aprender a canalizar tu creatividad, o a elegir la forma en la que abordas la toma de decisiones. Pero recuerda el test. Si te están convirtiendo en un Zombie profesional, piensa hasta qué punto merece la pena luchar contra corriente. Si lo objetivizas, te darás cuenta de que si te están convirtiendo en un Zombie posiblemente sea porque prefieren que seas un Zombie.

Empresas Z Salvacion

Haz las maletas (Imagen de Metal Cowboy)

Al fin y al cabo, no estamos hablando de tu vida, estamos hablando del trabajo. Hay más empresas. Algunas incluso funcionan bien, dejan espacio para que las personas se desarrollen y crezcan. Para que aporten lo mejor de sí mismas. Para que construyan. Para que enseñen. Para que aprendan. No te creas a pies juntillas el mantra que han elegido los gurús para este año: no eres menos por trabajar por cuenta ajena. Así que tampoco seas un Zombie. Si te están zombificando, haz las maletas.

El Hospicio y la Charcutería

Es una lata el trabajar

Ya lo decía Luis Aguilé, el hombre de las corbatas imposibles: trabajar es una lata. Lo más seguro es que todos hayamos pasado en algún momento por tener esa percepción de nuestro trabajo. Sin querer ser exhaustivo, hay muchos motivos por los que se te puede hacer insoportable tu curro. Por ejemplo:

  • que tu trabajo esté por debajo de tu cualificación, de manera que no te resulte interesante lo que haces. Tus días son una sucesión interminable y aburrida, deseando que algo cambie para tener algún mínimo reto que saque esa faceta del ser humano que nos diferencia de los animales. Que nos gustan los desafíos, vamos.
  • o podría ocurrir lo contrario, que tu trabajo esté por encima de tus posibilidades, y te sientas permanentemente sobrepasado por las circustancias, siendo consciente de que la estás cagando una y otra vez y sepas que antes o después, van a empezar a hacerte preguntas para las que no tienes respuestas.
  • también puede que no recibas a cambio de tu trabajo lo que esperas, porque te pagan menos que a las personas a las que resuelves la papeleta, o porque otros se apuntan tus éxitos, o porque no tienes la certeza de que mañana vaya a funcionar la tarjeta de control de acceso.
  • o quizá tu trabajo te está obligando a renunciar a otras facetas de tu vida, como tu familia, tus amigos o tus aficiones. (En realidad deberías saber que la mayoría de las veces no es tu trabajo, es tu incapacidad para organizar tu tiempo aunque si eres de Huelva y aceptas un trabajo en San Sebastián es normal que veas menos a los amigos del barrio)

Entre todos los motivos sin duda aparece, no sabría muy bien en qué nivel de importancia, el ambiente. Al fin y al cabo, el ambiente determina tu entorno y sus reglas. Te guste o no, lo creas o lo dudes, un trabajo es más que dedicarle ocho horas al día a algo a cambio de un sueldo a fin de mes. No es sólo el qué haces, sino dónde lo haces, cómo lo haces y con quién. La mala noticia es que en el hipotético caso de que no reviente el tema de las pensiones, vas a tener que trabajar 37 años para poder jubilarte. Tenemos tiempo más que de sobra por tanto para aprender a dar importancia a aspectos como la capacidad de desarrollarnos profesional y personalmente, los compañeros, o los valores de la empresa.

Hooters

Trabajar en las cocinas es muy duro, pero no sabemos por qué en Hooter’s siempre hay lista de espera (Imagen de Bristol Motors Speedway & Dragway)

Hace un tiempo publiqué «De Cárceles y Guarderías«, un artículo donde exploraba un par de ambientes laborales, y gracias a vuestros comentarios y opiniones en el blog y las redes sociales, hoy vamos a acercarnos a dos nuevos ambientes: El Hospicio y la Charcutería.

El Hospicio

Muchos me habéis descubierto el auténtico Horror Dickensiano que es El Hospicio. No en vano, se trata de la combinación de la Cárcel y la Guardería. Aunque muchas personas me habían apuntado la existencia de este ambiente, el que le ha puesto nombre ha sido Julián Rodríguez González en LinkedIn

Creo que hay un tipo más de ambiente de trabajo que mezcla lo peor de la cárcel (Nadie quiere estar, Cada día es igual que el anterior, hay guardianes) y de la guardería (llorar, patalear, cagarse encima y montar el número para que le atiendan) ¿sería un hospicio? El caso es que si a la presión y agobio de la cárcel le unes el tratar a las personas como niños que no se enteran ni saben lo que quieren hasta que lloran, obtienes una bomba que cuando se detona (mejora de perspectivas de trabajo) estalla como una fuga de personas, no solo de talento, llevándose por delante a la empresa.

Recordemos que en una guardería los niños se lo pasan teta. Allí tienen sus amigos con los que juegan o se atizan (según el día), les dan de comer, se echan sus siestitas y todavía les da tiempo a aprender las formas, los colores, los números y las letras. Incluso palabras sueltas en inglés.

Hospicio

Sólo Stephen King pondría un orfanato en una isla

No hay mucho más que añadir, amigos. Que yo sepa, sólo hay dos tipos de novelas ambientadas en orfanatos:

  • Historias de superación personal, en las que el niño, salvando toda clase de pruebas y aventuras, consigue una familia que le adopta y le proporciona una vida llena de afecto, atenciones y por qué no decirlo, bienes materiales. Con el paso del tiempo, olvida su triste pasado y se convierte en un respetable miembro de la sociedad que ayuda a otros huerfanitos.
  • Historias de survival horror o terror gótico, donde el niño tiene que salvar su vida a costa de ver cómo sus mejores amigos acaban descuartizados; sólo para poder acallar sus pesadillas en una vida de alcoholismo. Suele haber varias secuelas, porque los malvados siempre pertenecen a Sociedades Secretas perfectamente organizadas.

Sea cual sea tu estilo favorito, el mensaje es claro: tienes que salir del Hospicio.

La Charcutería

No pensaba escribir sobre la Charcutería, ya que al fin y al cabo, no es un ambiente en sí mismo. La Charcutería es un modelo de negocio que incluso puede ser rentable. Por sorprendente que parezca, una Charcutería puede resultar atractiva no sólo para el charcutero sino también para el salami.

Consultoria

«Sí, esos consultores tienen buena pinta, pero hoy me llevaré panceta» (Imagen de Daquella manera)

Aunque «Body Shopping» es un anglicismo que suena a teletienda, hay otros nombres más castizos como «Cárnicas», «Charcuteras» o «Consultoras», con los que se conoce a las empresas cuyo modelo de negocio consiste en mover profesionales de un sitio a otro, poniéndoles a disposición de un responsable de proyecto o de área, sin tener ninguna clase de responsabilidad o interés sobre los objetivos de su trabajo. Las personas se reducen a un catálogo de habilidades más o menos demostrables, y sus correspondientes tarifas, exactamente igual que ocurre en una agencia de novias rusas.

Es difícil definir el ambiente en una Charcutería, porque muchas veces ni siquiera existe:

  • La visión del ambiente que tienen dos trabajadores de una Charcutería rara vez coincide, ya que depende del cliente en el que hayan caído. A veces el cliente sólo es alguien a quién no le dejan contratar su propio equipo por motivos que sea, así que tiene que trabajar con personal externo. Otras veces, el cliente es un tirano esclavista que trata a las personas como si fueran basura. Pero esto no es algo exclusivo de las Charcuterías, pasa hasta en las mejores familias.
  • Las condiciones económicas tampoco necesariamente coinciden; todo el mundo sabe cómo funciona el modelo de la consultoría así que muchas veces el salario de las personas depende de lo que un cliente esté dispuesto a pagar por ellas (esto no ocurre por ejemplo con las novias rusas, enamorar a Sasha le va a salir igual de caro a un inglés que a un alemán)
  • Dado que los proyectos nunca se hacen en responsabilidad por parte de la empresa, no es necesaria una vinculación con la misma. Al fin y al cabo, si no hay compañeros, ni hay responsables, ni hay subalternos; si no conozco la oficina; y si el correo electrónico me lo pone el cliente, la empresa no deja de ser simplemente un encabezado en la nómina.
  • Al estar ligado el trabajo a la posición en un cliente, cuando esta desaparece, lo más probable es que el trabajo desaparezca. Como el modelo no es aportar soluciones, sino aportar personas, cuando éstas dejan de ser necesarias, adiós muy buenas. Aunque puede darse el caso contrario, estancamiento profesional por no cambiar de cliente. Ahora mismo no sabría decir qué es peor.

En fin. Éste no es el momento para alabar ni para criticar el modelo de la Charcutería, sólo estamos hablando del ambiente laboral. Como todo en esta vida, cada cual habla de la fiesta según le ha ido. Por cada persona que se lamenta del precio al que compró su casa durante la burbuja, hay otra que sigue brindando recordando sus beneficios. Conozco personas que se han labrado un sueldo a base de saltar de empresa cada dos años al mejor postor, ¿quién soy yo para criticarlo?

Enter Darwin

Hay dos clases de personas: aquellas que dejan que alguien les cuente las reglas del juego, y las que se toman la molestia de leerlas. Conocer las reglas, y sus lagunas, suele ser la clave para ganar; y en lo que a carrera profesional se refiere, no conozco a nadie que quiera «perder» o «empatar».

Darwin

Darwin & sons (Imagen de The PIX-JOCKEY)

Todos sabemos que la selección natural nos cuenta que las condiciones del ambiente favorecen o dificultan el éxito en la reproducción de los organismos vivos según su capacidad de adaptación al mismo.

No es la especie más fuerte la que sobrevive, tampoco es la más inteligente la que sobrevive. Es aquella más adaptable al cambio (Charles Darwin)

Si Darwin levantase cabeza, seguro que te daría unos cuantos consejos:

  • En la Guardería, asegúrate de ser el cabronazo que más llora y patalea.
  • En la Cárcel, hazte los tatuajes de la banda dominante y una vez dentro, neutraliza a su jefe para ocupar su puesto.
  • En el Hospicio, tendrás que ser el adorable pillastre más listo que chulee a los demás.
  • Y en la Charcutería, el filete más jugoso del expositor.

Aunque yo personalmente te diría que aproveches la primera ocasión que tengas para largarte. Pero esa es sólo mi opinión. ¿Estás aplicando el Darwinismo? ¿O estás actualizando tu curri?

Delegar es Hacer Más Cosas

El infierno son los otros

Hace días vimos que el principal motivo por el que nos cuesta lograr nuestros Objetivos es una gestión ineficaz del tiempo, sobre todo porque nos dedicamos a hacer cosas que son Urgentes para otra persona pero No Importantes para mí. Hay muchos términos técnicos que definen este tipo de tareas: «movida», «fuego» y «marrón» (la más habitual). Dejar que esas situaciones dirijan nuestra actividad profesional acaba suponiendo que las tareas que nos hemos fijado para conseguir Nuestros Objetivos no avancen. Si nuestros objetivos no avanzan pero estamos todo el día haciendo cosas, tendemos a sentir  frustración personal y sensación de pérdida de tiempo.

Bien, admitamos que salvo las setas, todos tenemos Objetivos en la vida y lo más normal además es que estemos tratando de conseguirlos. Siento si lo que os voy a decir suena crudo, pero todos somos herramientas para que otros consigan sus objetivos en el ámbito laboral (en el personal también, pero esto no es un consultorio sentimental)

En una empresa hay tres tipos de relaciones: la del de arriba con el de abajo, la del de abajo con el de arriba, y las de los que están a los lados. Todos tienen sus objetivos. Todos tienen muchas cosas que hacer. Todos tienen poco tiempo. Exacto: una oficina es un lugar lleno de gente dispuesta a encalomarte sus marrones como te descuides.

Boba Fett

«Me levanté un momento a la máquina del café y ¡BANG! me enmarronaron» (Imagen de Stéfan)

La buena noticia es que si nosotros, con nuestro trabajo, hacemos que otras personas consigan sus objetivos, ¿será posible a su vez que otras personas con el suyo nos ayuden a conseguir los nuestros? Supongo que sabéis que la respuesta es , lo que pasa es que a lo mejor no sabéis cómo lograrlo.

Delegar es Hacer Más Cosas

Si tuviera que hacer un ránking sobre las palabras más gastadas, pisoteadas, manoseadas y prostituídas del ámbito laboral, supongo que tendría que echar a cara o cruz si la número uno es «DELEGAR» o «TALENTO». Delegar es traspasar a otra persona la realización de una tarea para conseguir unos objetivos.

A través de la delegación, conseguimos centrar nuestro tiempo en actividades que consideramos Urgentes e Importantes, o No Urgentes pero Importantes; siendo la palabra «Importantes» el factor común. No podemos Delegar aquello que es Importante para nosotros. Tengamos en cuenta que DELEGAR no es COMPARTIR, ni AYUDAR ni COLABORAR.

  • Las actividades que son Importantes para nosotros, tenemos que hacerlas nosotros. No necesariamente tenemos que hacerlas solos, lo mismo tenemos que buscar a alguien que Colabore o nos Ayude.
  • Las actividades Urgentes que no son Importantes, las tienen que hacer otros. Otros en los que delegamos. A los que podremos Ayudar, etc.

Si ejercemos una delegación efectiva, compartimos parte de nuestro ámbito de trabajo con otras personas, por lo general, debajo de nosotros en el escalafón de la organización. Así que Delegar es hacer más cosas, porque te permite dedicar tu tiempo a aquello que es Importante para ti, a estar más cerca de tus objetivos personales. Pero ademas, Delegar hace que otras personas crezcan profesionalmente.

Robin

«Caracolas, ¿qué no me dijo Batman que podría aparcar el Batmóvil?» (Imagen de bounce)

Efectivamente, cuando delegamos, no sólo conseguimos invertir mejor nuestro tiempo; además desarrollamos y formamos a nuestros colaboradores en aspectos en los que quizá no se sientan cómodos, o no sean su labor habitual. Les obligamos a resolver problemas nuevos, problemas diferentes. Les hacemos pensar. Habrá excépticos que se rían de esto, pero Delegar aumenta la motivación de los profesionales porque les permite asumir nuevos retos y tomar nuevas decisiones (imagino que habrá personas que no quieren asumir nuevos retos ni crecer profesionalmente, pero ese es su problema)

Qué coño, en todas las empresas debería haber alguien asegurándose que todo el mundo delegase algo cada cierto tiempo. Menos los becarios, claro. Los becarios deberían ser auténticos yonkis de la delegación, deberían ir por los pasillos buscando gente a la que quitar marrones de encima para hacerlos ellos. Y así, de abajo a arriba. Yo siempre he pensado mi trabajo consistía en resolver los problemas de mi jefe.

En fin, personalmente creo que Delegar es una de las mejores prácticas de gestión de todos los tiempos, algo que se debería enseñar en las Universidades y en las Escuelas de Negocio. Delegar es uno de los principios de la gestión del tiempo. Pero para que funcione, hay que saber cómo.

Los principios de la Delegación

Si Delegar fuese fácil, no habría necesidad de pasarse un domingo por la tarde escribiendo sobre ello. Hay algo esencial para Delegar, tanto, que merece ser enunciado como una Ley Natural.

Primera Ley Natural de la Delegación: Se Delega la AUTORIDAD, pero nunca la RESPONSABILIDAD

Esto es importante. La Responsabilidad sobre la tarea y sus resultado siempre es nuestra. Lo que delegamos es la autoridad para que otra persona la haga en nuestro nombre. Por eso, cuando delegamos, es fundamental que junto con la autoridad para realizar una tarea, nos aseguremos de haber transmitido los Objetivos de la misma. Es decir, la persona tiene que tener claro qué debe lograr y cómo saber si lo ha logrado. Pero qué va a hacer para conseguirlo es asunto suyo, debe tener la capacidad de decidir la forma en que va a asumir ese trabajo, de elegir los medios que va a emplear y la forma de emplearlos.

Segunda Ley Natural de la Delegación: Define claramente el OBJETIVO y la forma de medir su CUMPLIMIENTO

Cuando delegamos, estamos cediendo a otra persona la capacidad de toma de decisión según sus propios principios. Por otra parte, al Delegar también es importante que establezcamos las reglas de la delegación, la forma en que vamos a medir los resultados y los puntos de control que vamos a fijar para comprobar el avance. Esto es muy importante, porque al Delegar no nos estamos deshaciendo de una tarea. Hemos dicho que Delegar supone entregar la Autoridad para hacer un trabajo, pero la Responsabilidad de que se lleve a cabo con éxito sigue siendo nuestra.

Tercera Ley Natural de la Delegación: Cuando delegamos, no perdemos el control de la tarea; porque DELEGAR no es lo mismo que ABDICAR

Por último, recuerda que para que la delegación sea efectiva y permita que las personas se desarrollen, tienes que dejarles que tomen decisiones. La persona en la que le delegues tiene que hacer las cosas a su manera, como considere que es correcto; y tú tienes que marcarte puntos de control para ver si lo está haciendo bien. O para ayudarle si te lo pide. Pero no caigas en la trampa de decirle a la persona cómo tiene que hacer su trabajo.

Cuarta Ley Natural de la Delegación: No existe la Delegación sin Autoridad

Si le dices a la gente cómo tiene que hacerlo le estás quitando autoridad, te estás cargando todos los efectos beneficiosos de su crecimiento porque estás convirtiendo a alguien en el Chico de los Recados, y nadie quiere ser el Chico de los Recados.

Al Capone

Al Capone empezó siendo el chico de los recados de Johnny Torrio (Imagen de The-Lane-Team)

Tres motivos por los que no delegamos

Si Delegar es tan bueno para ti, y tan positivo para tus colaboradores, ¿por qué no lo haces? Principalmente, por tres motivos, todos ellos relacionados con tu inseguridad personal.

  1. No delegas porque las personas que trabajan contigo no están capacitados para hacer el trabajo. Esto es lo mismo que pensar que las personas que te rodean son básicamente un hatajo de inútiles. Al fin y al cabo, el único que sabe cómo se hacen bien las cosas eres tú, los demás no tienen ni puta idea. Y no tienes tiempo de explicarles cómo lo tienen que hacer, estás muy liado. La van a cagar y luego te va a tocar a ti arreglarlo. Y ya sabes lo que dice el refrán, «si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo». El primer motivo para no Delegar es que no confías en la gente con la trabajas. Debe ser bastante triste trabajar con gente en la que no confías. ¿Por qué lo haces? Deberías buscar gente nueva. Aunque claro, a lo mejor es más fácil que seas tú el que cambies de empresa.
  2. No delegas porque tienes miedo a ceder Autoridad. Crees que Delegar es perder poder. En ese caso, deberías reflexionar sobre el capítulo anterior. Cuando delegas no pierdes la responsabilidad sobre la tarea; mantienes el control de la misma, eres el que dice lo que hay que hacer, el que determina si se ha conseguido, y al que reportan cada cierto tiempo. Además, ¿qué necesidad tienes de tener poder sobre cosas que No Son Importantes?
  3. No delegas porque no sabes organizar el trabajo de otras personas. No sabes explicarles qué tienen que hacer, ni sabes determinar cómo van a conseguir su trabajo, ni eres capaz de organizarte para medir el seguimiento. Tienes miedo de que al Delegar no vas a saber conseguir que otras personas alcancen los objetivos que les planteas, o que lo hagan de otra manera diferente a la tuya. De otra manera mejor. Tienes miedo de que te dejen en entredicho. No quieres dar oportunidades a otras personas no sea que brillen más que tú. Cuando en realidad, si lo piensas bien, cuando delegas refuerzas tu liderazgo, porque precisamente cuando las personas crecen y desarrollan sacan lo mejor de sí mismas. Y eso ocurre gracias a ti.
Von Karajan

Herbert Von Karajan no lo hubiera logrado sin la Orquesta Filarmónica de Berlín (Imagen de music2020)

Por si acaso te queda alguna duda, recuerda que el motivo subyacente de la delegación es puramente egoísta: vas a Delegar las tareas Urgentes pero No Importantes, aquellas que hacerlas no te aportan valor y que te alejan de tus Objetivos. La próxima vez que tengas la oportunidad de hacerlo, delega. Aunque sea, hazlo por ti.

Know your patterns

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Empresas Z

Empresas Z

Derribaré las Puertas del Inframundo,
destrozaré los postigos de las puertas, y las derribaré,
y dejaré que los muertos suban para comer a los vivos
¡Y los muertos superarán en número a los vivos!

Poema de Gilgamesh, Tabla VI, Siglo XVIII Antes de Cristo

¿Habías llegado a imaginar que hace como 4.000 años que el ser humano conoce el concepto Zombie? O al menos que hay constancia escrita de ello. Eso me hace pensar que es algo inherente a nuestra naturaleza, forma parte de nuestra carga genética. Está codificado en nuestro ADN, posiblemente cuando nacemos tengamos que aprender cuatro cosas básicas: a obtener alimento, a dormir de noche, a hacer nuestras necesidades y a temer a los no-muertos.

Yo, porque soy un romántico, me siento más cómodo con la imagen clásica del Zombie. La de un cadáver animado, devorador de cerebros, que se mueve lenta pero inexorablemente. Sin prisa. Pero sin pausa. Un Zombie no tiene otra cosa mejor que hacer que perseguir a los vivos para alimentarse de ellos. Hay dos conceptos clave para entender la problemática Z: uno es el concepto del hambre. Los Zombies están permanentemente hambrientos, nunca quedan saciados. Todas las acciones de un Zombie están motivados por el ansia de devorar cerebros. El otro concepto clave es el contagio, que hace que sea estadísticamente imposible la supervivencia: es sólo una cuestión de tiempo.

De hecho, uno de los momentos clave en cualquier serie-película-novela-relato Z es aquél en el que los supervivientes se plantean si merece la pena seguir luchando o es mejor rendirse.

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Bueno vale, pero mordedme flojito, chicas (Imagen de stinkiepinkie_infinity)

Origen

La primera vez que oí hablar de Empleados Z fue en el año 2009. Parece mentira que hayan pasado 4 años, pero por aquella época estábamos empezando a sufrir los efectos de La Crisis. Muchas empresas comenzaban a asumir la necesidad de hacer ajustes, de hacer sacrificios, de recortar gastos, de concienciear que había que remar en la misma dirección, etc. Sin embargo, había empleados que preferían pasar del tema como si la cosa no fuera con ellos. Se conformaban con ir a la oficina a calentar el sitio, mientras sacaban la calculadora y hacían las cuentas de cuánto les iba a tocar en concepto de indemnización por despido. O en enterarse de si se podrían acoger a un ERE. En definitiva, se dedicaban a esperar a ver si les tocaba un pellizco y se podían pasar un par de años sabáticos.

Surgía así un perfil de empleado al que le daba igual su carrera profesional o su empleabilidad, acudía al trabajo con el piloto automático, por costumbre, perdía el compromiso y el interés por su ámbito de responsabilidad, y entraba en una espiral de apatía que podía llegar a ser contagiosa.

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Up or Out or Zombie (Imagen de bionicteaching)

Sin embargo, el problema de la zombificación no es exclusivo de las personas. También ocurre con las empresas.

El primer síntoma es que la responsabilidad se diluye en burocracias, Comités y tomas de decisión en modo asamblea. Cuando un manager deja de tomar decisiones, la empresa empieza a dejarse llevar por la incercia; para bien o para mal, liderar es tomar decisiones y sobre todo, hacerse responsable de las mismas. Sin embargo, en un Comité nadie es reponsable de nada; la responsabilidad es de un ente abstracto en el que las personas que lo forman desaparecen porque las decisiones se toman por acuerdo de la mayoría.

El proceso de zombificación de una empresa es lento. Comienza generalmente cuando un Responsable decide que está fatigado o quizá harto de tomar decisiones, y de explicarlas. Así que decide compartir esta carga creando un Comité. A priori parece una buena decisión: implicar a más personas en el proceso de toma de decisión, compartir la visión de la organización, dar visibilidad global…No os dejéis engañar, el comité es la Anti-Delegación.

  • Delegar es hacer más cosas. Y dar espacio a otras personas para que se desarrollen.
  • No Delegar significa centralizar la toma de decisión y la realización de tareas, en la creencia de que sólo uno mismo está capacitado para hacerlo (porque admitámoslo, los que me rodean son unos incompetentes que no se enteran y siempre me toca hacerlo todo a mí)
  • Pero un Comité es Anti-Delegar. No sólo se impide que las personas tomen decisiones en el ámbito de su responsabilidad, sino que se les imponen las decisiones que han tomado de manera mancomunada un equipo de personas. Personas que luego no van a estar necesariamente implicadas en la ejecución.

Es fácil rastrear el origen de la zombificación de una empresa: basta con buscar el primer mail corporativo comunicando que se ha creado un Comité del Cambio.

Contagio

Como no puede ser de otra forma, el contagio comienza desde el mismo momento en que se acepta que dentro de una empresa hay un entorno en el que nadie es responsable de la toma de decisión, ni de las consecuencias positivas o negativas de las mismas.

A partir de ahí se crea rápidamente una cultura de desapego en los managers y su función principal, que no es ni más ni menos, que el ejercicio de su responsabilidad. Obviamente, todo empleado tiene una responsabilidad sobre su trabajo por la mera existencia de su contrato; pero lo cierto es que la principal razón de ser de la gerencia y los mandos intermedios es precisamente la toma de decisiones y el ejercicio de la responsabilidad.

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Da igual el modelo matemático que utilices, al final la población humana tiende a cero (Imagen de Thierry Ehrmann)

En una Empresa Z, los managers poco a poco dejan de sentirse afectados por la toma de decisiones. La velocidad en la que este contagio se produce puede variar según el tirón que tengan las tres formas más habituales de contagio:

  • El contagio directo. Es decir, el de aquellas personas que son incluídas en un Comité. Un Comité puede ser formal o informal. Es formal cuando tiene sus propias siglas, una cuenta de correo corporativa y una frecuencia predefinida con la que se reúne. Pero también existen los Comités informales, llamados también Asambleas. Las Asambleas surgen de manera espontánea y su existencia está por lo general limitada a la toma de una decisión concreta; una vez que se produce, la Asamblea se disuelve.
  • El contagio derivado. El de aquellas personas cuyas acciones empiezan a estar regidas por un Comité del que no participan. Cuando un manager se ve privado de su responsabilidad, se convierte en un mero intermediario: puede llegar a transmitir los mensajes de la Gerencia y avisar de los riesgos del día a día (en proyectos y demás). Pero en el primer caso, se distancia del mensaje porque es lo más cómodo; y en el segundo se distancia de la solución porque la decisión la tomará otro, por tanto, él no es responsable de la misma.
  • El contagio inferido. Aquellas personas que ven que las acciones a su alrededor empiezan a estar regidas por un Comité o una Asamblea, y entonces deciden que las suyas también porque les resulta más cómodo. Es una forma malévola de contagio derivado.

Cuando comienza el Contagio, sólo la amputación de los miembros infectados puede impedir el Apocalipsis.

Apocalipsis Z

No lo olvidemos, de la misma manera que un Zombie es un no-muerto, una Empresa Z no está viva, ni ha cerrado. Está en un estado intermedio. Una Empresa Z puede seguir andando, quizá dando tumbos renqueantes. Como en toda obra Z que se precie, la fase de Contagio y el titubeo que le sigue, es la antesala de la fase de Apocalipsis. En un Apocalipsis Z el mundo se viene abajo cuando todo lo que dábamos por cierto deja de existir, y las personas se ven abocadas a luchar por la supervivencia.

Lo peor de una Empresa Z es que acaba con sus empleados. En primer lugar, les condena irremediablemente a la mediocridad. No deja de ser una espiral autodestructiva. Como todo el mundo sabe, las personas con Talento son las primeras en salir de una Empresa Z. Por tanto, el Talento global de la organización disminuye. Al crecimiento de la mediocridad global se suma el aumento de la burocracia, de forma que la Empresa se colapsa de personas que ni tienen capacidad ni ganas de tomar decisiones, que empiezan a formar parte de Comités en los que se perpetúa precisamente la falta de decisión.

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Pon a salvo tu Cerebro (Imagen de Harrattan Parhar)

Pero no es sólo que se condene a la mediocridad a los Empleados. Es que se devora a aquellas personas que consideran que hay otra manera de hacer las cosas. Una Empresa Z es profundamente cainita. Cuando reina la apatía, la mediocridad y el desapego, lo fácil es anular a las personas que destacan. Las Empresas Z se alimentan de cerebros a los que impide crecer y desarrollarse, generando una cultura gris que destruye la innovación. No sólo la destruye, a veces incluso la persigue, la acorrala y la castiga.

¿Qué hacer para sobrevivir al Apocalipsis Z? ¿Hay una cura? ¿Merece la pena luchar por ella? ¿Hay que huir a la primera ocasión que se presente? Todas esas preguntas tendrán su contestación en la Guía de Supervivencia en la Empresa Z

El Síndrome de Diógenes Tecnológico

El Síndrome de Diógenes

Que se llame «Síndrome de Diógenes» al «Síndrome de Diógenes» no deja de ser una cruel broma del destino. Efectivamente, se ha llamado «Síndrome de Diógenes» a una enfermedad psiquiátrica que se manifiesta principalmente en personas mayores que terminan por aislarse socialmente, recluirse en su propio hogar, abandonar la higiene personal. En casos especialmente graves, se llega a acumular grandes cantidades de basura y vivir voluntariamente en condiciones de pobreza extrema. Por lo visto, el paciente interioriza tanto su condición (real o ficticia) de pobreza extrema que alimenta la espiral de almacenamiento de artículos inútiles con el convencimiento de que son necesarios por las razones que sea.

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Nunca sabes cuando vas a querer volver a ver aquél capítulo de Farmacia de Guardia en el que Kike se ponía un pendiente (Imagen de Joel Franusic)

Digo que es relativamente injusto que hayan elegido este nombre porque por su parte, Diógenes el Cínico fue un sabio griego que vivió en el siglo IV antes de Cristo y que desarrolló una filosofía de vida basada en la renuncia de los bienes materiales, como forma de poner en evidencia que el afán de fama y riqueza destruían la naturaleza humana. Es decir, su desapego era consciente y voluntario. Llegó a tal punto su humildad que dormía en la calle, resguardado en los portales, y sus únicas pertenencias eran una túnica y un bastón (renunció a su escudilla al ver a un niño bebiendo agua con las manos). La iconografía habitual lo representa viviendo en una tinaja y portando una linterna, que usaba para alumbrar a sus conciudadanos en la búsqueda de un hombre honesto. También se le representa rodeado de perros, ya que sus detractores solían compararle con ellos; por desgracia Diógenes era la clase de persona que hace de sus debilidades sus fortalezas, y solía enorgullecerse y hacer apología de sus similitudes con los simpáticos cánidos.

Diógenes 2.0

Bien, después de esta puesta en contexto os habréis dado cuenta de que algún genio del mal decidió en los felices 60 criminalizar el comportamiento de Diógenes el Cínico, usándolo como referencia de una terrible enfermedad que afecta a 2 de cada 1.000 ingresos hospitalarios en España. Lo peor es que esta enfermedad ha desarrollado dos terribles variantes:

  • El Síndrome de Diógenes Tecnologíco, que según la Fundación Telefónica, en 2012 en España afectaba a 24 millones de personas, tantas como internautas. Y me quedo corto. El Síndrome de Diógenes Tecnológico afecta a todas las personas que tienen un ordenador en su casa o en su puesto de trabajo. Yo personalmente lo padezco, amigos. Por ejemplo: gracias al almacenamiento ilimitado que me ofrece gMail tengo guardado todavía en mi Inbox el correo de bienvenida de cuando me hice la cuenta. ¿Para qué? Para nada. Pero borrarlo me requería dos clicks (seleccionar y borrar) y dejarlo ahí era gratis.
  • El Síndrome de Diógenes Tecnológico-Empresarial, que consiste en que las organizaciones llenan sus bases de datos de basura electrónica que no necesitan para nada. Los analistas internacionales, que son genios del márketing, lo han bautizado como #BigData

Algunos podréis pensar que se almacena información innecesaria básicamente porque guardarla sale gratis, pero no, amigos, recordad que estamos hablando del Síndrome de Diógenes. Se almacena información innecesaria, artículos inútiles, porque estamos convencidos de que son necesarios, por las razones que sea. Es decir, que corremos un riesgo si los borramos. Así que venga, a guardar chorradas por si acaso algún día las necesito para algo.

Mind The Drive

Ya podrían los precios de los CDs bajar en consonancia

Diógenes el Cínico ft. Alejando Magno

Seguro que todos los que os dedicáis al desarrollo de software a medida reconoceréis el clásico error de «dejar los informes para el final«. He visto muchas metodologías de desarrollo de software, pero no he visto ninguna que sea Report Driven Software. Y realmente, me parece fundamental. ¿Ninguno os habéis puesto a construir aplicaciones pensando que su objetivo es alimentar bases de datos, cuando lo que realmente importaba era analizar la información almacenada y ayudar a que se tomaran decisiones o se realizasen acciones con ella? Así que te tirabas meses haciendo modelos de datos que optimizaban la inserción y la consulta de los datos; pero que no estaban orientados al análisis. Así que luego te tirabas otros tantos meses tratando de optimizar consultas con vistas materializadas, tablas particionadas y toda clase de hints para que el Subdirector no se tirase 5 minutos esperando a ver el informe. En el mejor de los casos, incentivabas la compra de «un BI».

Y de ahí viene realmente mi problema con el BigData. Lo normal es que una persona en su sano juicio se pregunte qué clase de información necesita para su gestión, o su actividad comercial, y luego vea cómo puede obtenerla. Por ejemplo. Una persona que tiene una tienda on-line es lógico que quiera saber qué artículos visitan los clientes, cuáles no, si se meten en el carrito, si se visitan pero no se compran, si depende del país desde el que se accede, etc. ¿Cómo no va a ser necesario? Ahora bien, ¿de verdad tiene mantener esos datos de los últimos 5 años? Seguramente no. En cambio, un genio del mal te convence para que guardes toda la información que puedas, porque total, te sale gratis; y al cabo del tiempo te convence para que intentes sacar valor de ello, meriéndote por cierto en un proyectazo para analizar qué información es útil, cuál no, cómo se extrae y cómo se procesa.

Big Data

Esta instalación de MongoDB se nos ha ido de las manos (Imagen de United Nations Photo)

Se cuenta que el propio Alejandro Magno quiso conocer a Diógenes el Cínico. Quizá el que fuera el soberano más ambicioso de la historia clásica, Faraón de Egipto, vencedor de Darío Tercero, y conquistador de naciones desde Grecia hasta la India, quiso conocer a ese sabio que había decidido llevar la humildad hasta las últimas consecuencias. «Soy Alejandro, el hombre más poderoso del mundo», le dijo, «Dime, ¡oh sabio! ¿Qué puedo hacer por tí?». Diógenes, que al parecer estaba meditando sobre sus cosas, le contestó «¿Podrías echarte a un lado? Me estás tapando el sol.»

La lámpara de Diógenes

Creo que tenemos mucho que aprender de Diógenes. De Diógenes el Cínico. Creo que nos están tapando el Sol. Es más, estamos siendo una vez más seducidos por el Lado Oscuro. Osea, por la Venta de Humo. Veamos 3 ejemplos:

  • Según éste estudio, el 90% de los datos que se almacenan en el mundo se han generado en los dos últimos años. ¿Cómo hemos podido vivir hasta ahora? Tengo que hacer una infografía que represente la evolución de las toneladas de basura generadas por el hombre, los datos almacenados, y los grandes hits de la música techno (total, hablando de basura)
  • En esta nota de prensa, se avisa que España necesitará (atención) 60.000 mil profesionales del Big Data de aquí a 2015. Es decir, es el equivalente a todas las personas que hay matriculadas en informática en España según el INE. No se a vosotros, pero yo lo veo Ridículo.
  • Los analistas internacionales se han soltado la coleta y están que lo tiran. El negocio del Big Data va a crecer un 37% anual hasta 2016, donde se espera que sea de 23,8 Billones de US$. Y el del análisis de toda esa información será de 51 Billones de US$, también 2016. Sí amigos, 2016 va a ser la hostia
Tesoro

Sí, puedes encontrar un tesoro entre la basura, pero no dejemos que esto siga ocurriendo (Imagen de ratterrell)

En fin. Haz como Diógenes. Atrévete a renunciar a lo superflúo. Coge tu lámpara y alumbra tus sistemas de información. Quédate con aquello que necesitas. Y sobre todo, no aceptes como dogma de Fe que como el almacenamiento es gratis, puedes guardarlo todo: ese es el camino de la ineficiencia por la desidia. La desidia conduce al aburrimiento. Y el aburrimiento conduce al Lado Oscuro.

Es curioso. Una analista de Gartner acaba de publicar que el #BigData ha entrado en la curva de desilusión. No me extraña. A nadie le gusta escarbar entre la basura.