Definiendo la Innovisación

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Pues resulta que en verano de 2019 me apunté a un taller de Improvisación, me divertí como un enano, y además salí de allí con la cabeza a punto de explotar. ¿Por qué? ¿Por la ola de calor? Pues no. Porque me dije que eso de la impro lo tenía que incorporar al modelo de Innovación de Sngular.

No sólo eso, sino que incluso se me ocurrió cómo incorporarlo. Es más, hasta me salió un nombre, Innovisación. Que por cierto, cuando lo miré en Google tenía 0 resultados. Sí, amigos, puede que esta sea mi oportunidad de patentar mi propio método, escribir un libro mesiánico, dedicarme a dar conferencias por el mundo, e irme a la playa a vivir de las rentas; el sueño de mi vida al alcance de la mano (por fin).

Bien entiendo que muchos estaréis pensando cosas como:

  • que innovar en un contexto empresarial no tiene nada que ver con improvisar y hacer cosas sobre la marcha, sino que sigue un proceso. Y que hay cierto consenso en cómo ese proceso está definido. Es algo incremental e iterativo, con unas etapas en las que se espera que pasen determinadas cosas, y se obtengan determinados resultados, antes de pasar a la siguiente.
  • que para invertir dinero en innovación hay que buscar una oportunidad que responda al research mercado y no al capricho abritrario. Y de nuevo, para hacer investigación hay muchos métodos, y hay que hacerla con rigor para que no se contamine la observación con la proyección o el sesgo del investigador.
  • que la innovación y la validación de ideas tienen que estar sustentadas por datos objetivos y no por el sentimiento o la percepción subjetiva del Gurú o del Chamán, y que para tener datos, hay que saber dónde mirar. No vale cualquier dato, ni tampoco podemos coger los datos que nos apetecen, o corremos el riesgo de engañarnos.
  • que la innovación debe ir dirigida a validar hipótesis de manera más práctica y sencilla, y por tanto, con inversiones controladas. Lo que lleva a planificar y pensar cuidadosamente cuál es esa manera sencilla.
  • y que debe tener como objetivo logros realizables de manera sostenible para una organización, como crear nuevas líneas de ingresos (productos o servicios), llegar a nuevos públicos o mercados, construir una propuesta de valor diferencial, etc. Algo que requiere cierto guión, porque no se hace sobre la marcha de cualquier manera.
MacGyver

Toda una generación aprendimos que para improvisar sólo hacía falta una navaja suiza

Sí, sí, todo eso está claro, que ya me lo sé. Hacedme caso, que llevo ya unos años currando en esto. Parece que hemos asumido que improvisar es tener chispa e ingenio y hacer cosas de manera espontánea. Sin embargo, hay mucho más en el transfondo. Supongo que para poder seguir adelante tendréis que aceptar mi idea 😉

¿Qué es la Improvisación?

Los orígenes del teatro de la Improvisación se remontan a las Farsas Atelanas, estamos hablando queridos amigos del siglo IV antes de Cristo. Salvo lo de internet y alguna cosa más, todo lo que hacemos ya lo hacían los romanos (si lo piensas, es bastante triste) Esto de las Farsas Atelanas eran representaciones satíricas, a veces en prosa, a veces en verso, donde no había un guión, sino que lo que había eran unos personajes predefinidos identificados por su máscara. Los actores bajo la máscara salían a escena a burlarse de lo que se le fuera pasando por la cabeza, con su identidad protegida por lo que pudiera pasar. Estos personajes eran Maccus (el patán), Dossenus (un jorobado astuto), Pappus (un viejo verde), Bucco (el bocazas), Centunculus (un esclavo) y Manducus (un soldado bravucón). Así que antes de la función, los actores decidían qué personajes iban a usar, y una vez elegidos los personajes, improvisaban las escenas.

Hay recogidas evidencias del resultado de más de estas 100 obras improvisadas, y aunque las Farsas Atelanas fueron prohibidas por Tiberio (por lo visto lo de las sátiras sobre la marcha se les estaba yendo de las manos) la idea de las piezas improvisadas fue retomada en el siglo XX, aplicada al mundo de la educación infantil. No fue hasta mediados del siglo XX cuando Viola Spolin se tomó un poco más en serio el tema de la improvisación y lo llevó al ámbito teatral. Llegó a publicar en los años 60 un libro al respecto, donde se recogían ciertas técnicas y dinámicas.

Máscaras de teatro

Las máscaras de teatro en las Termas Dacianas

Después de todo este tiempo, como en cualquier disciplina, parece normal pensar que haya cuento menos ciertas reglas o guías para las personas que quieran aprender las técnicas. Recordemos que en una obra de Impro hay un público al que hay que entretener o interesar, que suele haber pagado por ello. Vamos, que es el cliente. Todos los compendios de reglas o consejos que he visto, parten del hecho de que la improvisación es un ejercicio de construcción colaborativa en tiempo real. En general, resumiría en 3 reglas básicas:

  1. Aceptar. Dado que la escena se construye sobre la marcha, una regla básica es aceptar lo que el compañero nos propone. Lo contrario, negar, interrumpe la escena y lo que es peor, el hilo de pensamiento que ha iniciado una persona. Es la regla del “Sí”.
  2. Aportar. Una vez que aceptamos la propuesta del compañero, el siguiente paso es hacer nuestra aportación, porque como hemos dicho, improvisar es un trabajo en equipo, a diferencia del monólogo (por razones obvias). Es la regla del “Además”.
  3. Avanzar. Cuando se acepta y se aporta, el resto de los actores están listos para seguir construyendo, haciendo que la escena, y por tanto la historia, avance en su desarrollo; y esta es la experiencia que se ofrece al público.

Hay otras reglas para hacer improvisación, pero a mí me interesan esas tres, porque son las que me parecen más relevantes dentro del contexto de la innovación empresarial.

Innovación + Improvisación = Innovisación

Efectivamente, aunque sólo soy un improvisador amateur principante, he visto 5 elementos del proceso de la Improvisación que me parecen fundamentales y necesarios en el contexto de un proyecto de innovación; porque creo que pueden disparar (exponencialmente, claro) la efectividad.

1. No se sabe el resultado de la Improvisación. Precisamente se trata de eso. Cuando los actores empiezan a improvisar pueden llegar a tener algunas certezas del punto de partida, pero no conocen el resultado. El resultado se descubre al final de un proceso creativo, en el que se usan ciertas técnicas y dinámicas, aplicadas desde la experiencia, y reforzadas por la complicidad. Exactamente igual que ocurre en un proyecto de innovación. Se parten de ciertas premisas, hay una metodología que propone técnicas y dinámicas, y al final del proceso se llega a un resultado.

2. Se Improvisa en Equipo. La improvisación es esencialmente un trabajo en equipo. Los actores están juntos en la escena, y el éxito o el fracaso de la misma depende exclusivamente de las relaciones que se hayan tejido previamente, y también de las que se construyen sobre el escenario. De hecho, las personas que están improvisando no es que necesiten tener química (que también), es que han asumido que están juntos, y que juntos están creando (co-creando, vaya) y que el éxito (o el fracaso) es colectivo. Por eso no hay lugar para los Egos ni los Llaneros Solitarios; cuanto más unidos estén los actores, mejor será su proceso de impro. Esta unidad se traduce en que todos se apoyan entre sí, de manera que cuando uno flaquea, la solución no es dejarle a un lado; sino que el resto trabaja y le ayuda a levantarse. Bien, creo que está claro por qué esto es fundamental para el proceso creativo de la Innovación.

3. Las Escenas no se pueden Parar. No se si es lo primero que se aprende, entonces será lo segundo, el caso que una de las claves de la impro es aceptar como verdadero y válido lo que dice el compañero. Aceptarlo significa creerlo, aunque no lo creamos. Verlo, aunque no lo veamos. Oh, Dios mío: “aceptar” es justo lo contrario de decir “eso yo no lo veo”. Básicamente, eso se consigue confiando en la persona; confiamos porque entendemos que hay un buen motivo para lo que está haciendo, y que esa línea que ha disparado para él tiene sentido y ha pensado que es el camino que hay que seguir.

En cambio, cuando se dice “No”, o “eso yo No lo veo”, se está cortando el proceso de la improvisación, se está invalidando la propuesta del compañero, lo que significa que se está parando la escena… ¡en mitad del espectáculo! Con los efectos catastróficos que eso puede tener (sobre todo si el público tiene tomates o instrumentos afilados) ¿Cuántas veces hemos visto que un proceso de Innovación se convierte en un ejercicio de personas negándose unos a otros, en los que cada persona está buscando los motivos para decir su “No”? Creo que esta es una de las peores etapas en las que puede entrar un proceso de Innovación, ya he escrito anteriormente sobre ello cuando hablaba de los Asesinos de la Innovación. Por eso me ha parecido tan interesante la aproximación de la impro; y al fin y al cabo, como cantaba Queen, The Show Must Go On.

4. Para Improvisar primero hay que Escuchar la propuesta del otro. Exacto; para que durante una impro alguien pueda “Aceptar” la propuesta de otra persona, primero hay que escucharla. Meterse en la escena significa estar pendiente de lo que está pasando, de qué hacen el resto de actores, cuál es su emoción, cómo se comportan, de dónde vienen y hacia dónde van, porque no hay un guión que hayamos aprendido antes. Si el guión se está construyendo sobre la marcha, hay que estar pendientes de cómo se construye.

Escuchar significa en parte renunciar a lo que queremos expresar, y atender primero a lo que expresa nuestro compañero en escena. Cuando un actor está improvisando no puede salirse de la escena, si lo hace, cuando vuelve se habrá perdido. Eso significa que al improvisar nos olvidamos del correo, de los comités, de los marrones, del Facebook, del whatsapp y hasta del Tinder. Hay que estar metido en la escena, o no va a funcionar.

5. Improvisar es Construir sobre las propuestas. Llegados a este punto, sólo nos queda entonces repasar cuál es el papel de aquellos que han Escuchado y Aceptado la propuesta que viene de un compañero. Lo que tienen que hacer es aportar sobre ella y Avanzar, y eso es construir y mejorar. Es el clásico “sí, y además” que intentamos inculcar en cualquier dinámica de creación en grupo, sólo que en el mundo de la impro no es algo “opcional” o “deseable”. Es que es algo “necesario”. El mapa mental de un actor de improvisación debe estar entrenado para construir, mejorar, añadir, elevar, hacer crecer… la propuesta de otro, y devolverla. Para que a su vez, otro la tome, la acepte, y siga construyendo. Obviamente, cuanto más preparado esté un actor, mayor capacidad tendrá de hacer que la escena avance de manera satisfactoria con sus aportaciones. Encontrar obstáculos o poner barreras no es una forma de construir.

Yes and

“Sí, y además” Arte urbano de Brooklyn, imagen de @jontyson en Unsplash

 

Los beneficios de la Innovisación

Hace unas semanas estuve releyendo a los clásicos; en concreto a Peter Drucker. No se vosotros, pero yo tengo la sensación de que en estas nuevas escuelas de negocios digitales la gente ya no aprende de Drucker, o de Porter, o de Kotler, sino de youtubers o instagrammers. La verdad es que es una lástima, porque releyendo a Drucker me he dado cuenta de que yo reflexiono y hago mi proceso de aprendizaje primero leyendo, luego haciendo y después escribiendo (y por último compartiendo).

Así que aprovecho este artículo para reflexionar sobre por qué me gusta la idea de organizar una sesión de impro antes de empezar un proyecto de innovación. En general, porque fomenta una serie de comportamientos que me parecen relevantes en la cultura de cualquier organización:

  1. Simetría y reciprocidad. Si escuchamos a los compañeros, los compañeros nos escucharán. Y si cuidamos de ellos en la escena y nos aseguramos de que se encuentran bien, ellos a su vez nos cuidarán. Y si no juzgamos las ideas de los demás, ellos no juzgarán las nuestras.
  2. Confianza y humildad. En efecto, para no juzgar a los demás, hay que empezar por no juzgarnos a nosotros mismos. En general, yo diría que juzgamos o cuestionamos a los compañeros cuando no creemos en su criterio o en su capacidad, cuando no confiamos en ellos. Y al no confiar en ellos, activamos los mecanismos de defensa, o incluso de ataque (porque no hay mejor defensa que un buen ataque) Diría que en un entorno profesional, hay que confiar en las personas por defecto, partiendo de la base que si están ahí es por algo, por un motivo. Otra cosa es que haya personas que manifiesten incompetencia o mediocridad de manera reiterada, en cuyo caso, en lo que hay que confiar es en su intención de aprender y mejorar.
  3. Generosidad. En la impro las personas se empujan unas a otras a seguir adelante, y para conseguirlo, cada actor busca que el compañero se encuentre bien y pueda seguir avanzando. No se ejerce un liderazgo impositivo ni exclusivo, ni se abandona a las personas que están por debajo de su nivel. En general, no se puede abandonar a un compañero en mitad de la escena, sin embargo, ¿en cuántos proyectos se abandona a los compañeros a los que se da por perdidos? Eso es porque hay situaciones empresariales en las que para conseguir el objetivo se acepta dar por perdidos a los compañeros. Sin embargo en la improvisación lo que se fomenta es justo lo contrario, aprender a no dar por perdidos a los demás.
  4. Seguridad. Cuando sabemos que los compañeros confían en nosotros y no nos van a dar por perdidos, nos sentimos seguros. Y cuando estamos seguros no tenemos miedo, y confiamos en nosotros mismos. Y si confiamos en nosotros mismos, podremos confiar en los demás. Parece por tanto que es un círculo virtuoso.
  5. Creatividad. No por obvio resulta menos importante. Improvisar consiste básicamente en crear. Lo mismo que innovar. Una de las cosas que siempre digo cuando hablo de innovación es que el ser humano es por definición creativo, lo que pasa es que no todas las personas confían en su creatividad, o han aprendido a expresarla. De hecho, muchos consideran que no la tienen. A eso se suma que los Gurús y los Chamanes se encargan de perpeturar la visión de que sólo los Gurús y los Chamanes son creativos. Es cierto que muchas personas diréis que qué tiene que ver crear una historia improvisada en un escenario, con crear un nuevo modelo de negocio digital. Pues tiene que ver todo. Crear es poner la imaginación a trabajar, y dejarla recorrer caminos de posibilidades para formar algo nuevo que antes no existía. Como cualquier proceso mental, la creatividad se puede ejercitar (incluso parece ser que sin usar sustancias psicotrópicas). Cuanto más se ejercite el pensamiento creativo, más fácil resultará crear.

Diría que estos cinco comportamientos unidos dan lugar a las dos principales características que creo esenciales para el éxito de un proceso de innovación empresarial:

  • Antifragilidad. Me gusta la idea de la antifragilidad como la propone Taleb. Si la fragilidad es la cualidad que tienen las cosas que sufren o se rompen con la volatilidad, lo contrario de la fragilidad no es “permanecer inalterado”, puesto que conservarse no es lo contrario de romperse. Lo contrario de “romper” en todo caso es “hacer”, por tanto la cualidad contraria de la fragilidad será la cualidad de mejorar o crecer con la volatilidad o la incertidumbre. No quiero extenderme demasiado en la idea si no estás familiarizado con ella. Creo que coincidiremos que tanto los entornos de improvisación como los de innovación están gobernados por la incertidumbre, y por eso es necesario que las personas, en medio de la incertidumbre, sean capaces de encontrar y aprovechar oportunidades para mejorar. Bueno, pues la innovación va precisamente de eso, de construir y mejorar con lo que recibes / encuentras / creas.
  • y Cohesión. Me parece una gran estrategia empresarial formar equipos de personas que compartan y practiquen estas habilidades y por tanto, ejerciten estos comportamientos. Me gusta pensar que en equipos donde hay simetría, confianza, generosidad y seguridad se crea cohesión. Y me parece razonable pensar que un grupo de personas que trabajan alineadas y unidas conseguirán sus objetivos con mayor facilidad que los otros tipos de grupos de personas.
Pánico Creativo

Hora de superar el pánico a la hoja en blanco

Ahora imagínate entrar a un proceso de Innovación con un equipo multidisciplinar, formado por personas con diferentes experiencias y visiones: del negocio, del mercado, del cliente, del delivery, de la tecnología… Especialistas de tu empresa y de la mía, y todos ellos entrando a una dinámica de co-creación con una mentalidad, comportamientos y características como los que acabo de describir.

Pues sí. Ciencia ficción, amigos míos.

Así que nada, si una tarde antes de empezar un proyecto de Innovación te invito junto al resto del equipo a ir al teatro a hacer un taller de Innovisación (y después a tomar unas cañas), ya sabes lo que hay que hacer: escuchar, aceptar, mejorar y dejar que el espectáculo continúe 😉

Y luego todos a Innovar.

Crime Scene Innovation

Tiempo de lectura: 8 minutos

Nunca he estado en un congreso, charla o debate sobre Innovación en el que no se haya hablado sobre Homicidas, Magnicidas, Parricidas y Asesinos en Serie. Y eso que son ya muchos años; imagino que vosotros tampoco.

No se si os habéis dado cuenta, pero en muchos aspectos relacionados con el fracaso de las organizaciones, la culpa se traslada rápidamente a “los procesos”, esos entes abstractos que cobran vida con el crecimiento de las organizaciones que los alimentan, y que terminan por estrangular a los empleados. Otras veces, los malos son “los comités”, una plaga de arácnidos de todo tipo y tamaño, que envenenan a la organización, paralizando y envolviendo en sus redes a sus miembros, que no pueden reaccionar ni moverse en ninguna dirección.

Sin embargo, el caso de la Innovación es diferente: cuando hablamos de los Criminales de la Innovación, los detectives no tardan en resolver el caso, poniendo nombres y apellidos que identifican a personas concretas;personas que a veces por descuido, otras con intención, bien de manera esporádica o recurrente, se encargan de matar nuevas iniciativas.

La Cena Anual del comité de Innovación

Dice Alfonso Alcántara que cuando hablamos de personas “tóxicas”, siempre nos referimos a otros; que ninguno nos reconocemos a nosotros mismos como “tóxicos”. Pues yo os digo que lo mismo pasa con los Innovacidas: los Asesinos de la Innovación siempre son otros. Y además da igual lo mucho que yo lea a Jim Thompson o a James Ellroy, o me vuelva a ver The Wire: admito que nunca he conseguido arrancar de nadie una confesión.

“Guardiola, todo ha terminado. Mi caso nunca ha sido la búsqueda de la innovación. Ni siquiera quiero innovar. Sinceramente, lo que quiero es morir. Sabía que era un enfermo, o un diablo. O ambos.”

No conozco a nadie que admita ser un Asesino de la Innovación, aunque en mis casos, he podido interrogar a víctimas y testigos que no han dudado en reconocer a auténticos Serial Killers, psicópatas implacables, asesinos de sus iniciativas. Los más despiadados despachan las ideas sin importar su estado de madurez, a veces las matan antes incluso de nacer.

El otro día participé en un Congreso de Innovación Humanista en el ámbito de la Sanidad, promovido por la OEHSS, la Organización Española de Hospitales y Servicios de Salud. Me habían invitado a una mesa de debate con Miguel Angel García y José Manuel Ventura, y aunque tenía pensado decir otras cosas, me vi en la obligación de adaptar un poco mi mensaje sobre la marcha, con la excusa de tratar de arrojar algunas reflexiones al debate general.

Pero en realidad, lo que yo quería secretamente era resolver un caso, ofrecer reparación al daño de una víctima, sabiendo que su agresor iba a pasar una temporada en la sombra. Sí amigos, tenía la vana esperanza de conseguir que alguien se derrumbase, y terminase por cantar. El congreso había entrado en el momento“el Asesino es Otro” y me dije “¡Cáspita!” (sabéis que en realidad me dije “¡H*stias!”) “Pero si toda la gente que ha venido aquí son Consejeros, Gerentes, Directores, Jefes…¿quién estará matando su Innovación?”.

Fracasé, claro, se me había vuelto a olvidar que no soy Sam Spade; Sam Spade es Humphrey Bogart.

Siempre he querido ser el Poli Malo, pero no paso de Patrullero Mancuso

Ya desde el siglo XIX sabemos que hay personas que pueden tener una disociación de su identidad, nos lo contaba Stevenson en su “Strange case of Dr Jeckyll and Mr Hyde”. En el caso del Dr Jeckyll, se demuestra una intención y un trabajo científico, primero por “conocer”, y después por “liberar” su faceta malvada. Todos sabemos que el experimento se le fue de las manos, hasta tal punto que Hyde se convirtió en la identidad predominante, que afloraba sin necesidad del compuesto químico. ¿No sería bueno convertirnos por un momento en Auguste Dupin? ¿Asomarnos a descubrir al Asesino de la Innovación que llevamos dentro?¿Detectar si nosotros mismos tenemos comportamientos que están matando la innovación del resto?

Mucha gente va por ahí citando los desayunos de Peter Drucker, y yo tengo la sensación de que quizá se hace demasiado a la ligera. ¿A qué nos referimos cuando decimos que “la Cultura se desayuna a la Estrategia”? Yo siempre he dicho que “Estrategia” es lo que dices, pero “Cultura” es lo que haces. Y lo que haces siempre se impone sobre lo que dices que haces. La forma en que las personas reaccionan, deciden y se comportan en su día a día, es lo que define la “Cultura” de una empresa. Y al final, son los comportamientos de las personas de una organización, los que hacen que la “Estrategia” aparezca una mañana muerta en el maletero de un coche carbonizado. Podemos cambiar “Estrategia” por “Innovación”, pero el maletero en llamas es el mismo.

La Cultura desayuna con diamantes

3.5 Preguntas para descubrir al Asesino

EdExley demostró en “L.A Confidential” que un investigador, armado únicamente de su astucia, podía interrogar de manera simultánea a tres sospechosos (a los que por motivos de oportunismo, su jefe quería encalomar los crímenes del Nite Owl) Los tres pandilleros eran inocentes del asesinato de los trabajadores y clientes del dinner, pero terminan confesando que tenían secuestrada a una joven. Simplemente a base de preguntas y psicología. Aunque claro, era una película. En la que el ortodoxo Ed recibe al final un poco de ayuda del brutal Bud White, podríamos decir que el último “empujoncito”, para descubrir dónde la retenían.

De cualquier manera, parece ser que en aquella época, las confesiones también se podían conseguir a base de puñetazos (o con un listín telefónico). Pero estamos en un Estado de Derecho, así que os propongo un sencillo interrogatorio, sólo 3.5 preguntas, para hacer hablar al sospechoso. Después, basta confrontar su respuesta, con el comportamiento y las evidencias que hayáis reconocido, para que se venga abajo y confiese.

1- ¿Conviertes la Innovación en una carrera de obstáculos?

Convertir la Innovación en una carrera de obstáculos significa obligar a las personas a superar una gymkana para que sus proyectos vean la luz. Cuanto más difíciles sean las pruebas, y más larga la carrera, mayor probabilidad de que las personas abandonen, cansadas de luchar contra el orden establecido. Algunos podrían llegar a superar las pruebas una vez, pero la estadística juega en su contra: antes o después terminan por rendirse. Eso no significa que no sea necesario establecer un proceso, nadie quiere montar la Loca Academia de la Innovación; ni tener la oficina llena de comadrejassaltándose los procesos y colándose por las rendijas del sistema para salirse con la suya.

Lo contrario de una carrera de obstáculos no es el campo abierto; es un proceso formal dirigido a que las personas sepan cómo deben avanzar, encuentren las herramientas que necesiten para dar los siguientes pasos, y tengan ayuda y facilidades para canalizar sus iniciativas.

2- ¿Aceptas o rechazas ideas según quién te las propone?

Esto es genial. Muchas veces, la viabilidad o idoneidad de una iniciativa no se analiza en términos objetivos y medibles; sino en términos completamente subjetivos. En lo que “yo creo” que es diferente de lo que “tú crees”, sólo que la mayor parte de la veces la palabra no es “yo creo”, sino “yo veo”. Y aún así, a veces el “esto yo no lo veo” depende de lo que sentimos / opinamos / le debíamos al que nos lo propone. Rechazar o Aceptar una idea porque alguien nos cae mal, o nos hace mucha gracia, no deja de ser una muestra de mediocridad.

Lo correcto es manejar research, evidencias, hipótesis, indicadores, datos… cuestiones objetivas que no dependen de quién las dice ni de cómo las dice, y usar esa objetividad para tomar las decisiones.

3- ¿Machacas al que lo intenta pero no lo consigue?

No hay nada peor que intentar lo que otros no se atreven a hacer, y demostrar con tu fracaso que tenían razón. Entonces te conviertes en el saco de boxeo que usarán para desahogar sus frustraciones, y en general, para castigarte por haber intentado lo que ellos no pudieron. Castigar públicamente al que fracasa traslada un mensaje claro y conciso para toda la organización. El linchamiento colectivo es un aprendizaje para el que fracasó, que volverá al redil del conformismo, pero también para el resto: esto es lo que os pasará a vosotros.

Uno de los indicadores de madurez de una organización es la capacidad de sistematizar el aprendizaje, es decir, de saber por qué fallan las cosas, e incorporar las respuestas para evitar que se repitan. Y sobre todo, de que las personas que fracasan se atrevan a volverlo a intentar. Este ratio. Medidme este ratio.

Una última palabra: quiero distinguir entre las personas que lo intentan, fracasan y aprenden; de aquellos que son expertos en cagarla una y otra vez, que les de lo mismo, y además eludan su responsabilidad de forma indolente. Este tipo de comportamientos son igualmente nefastos, porque enseñan al resto de compañeros que la incompetencia está tolerada.

3.5- ¿Rindes culto al Gurú?

La negación de la personalidad del individuo a través del culto al Líder, Gurú, Chamán, Sumo Sacerdote, llamémoslo como queramos, convierte a las personas en Asesinos de la Innovación. A veces, porque Charles Manson nos induce a cometer el Innovacidio. Otras veces es Jim Jones el que nos empuja al suicidio colectivo. Creer y fomentar que sólo los Gurús están revestidos del derecho a decidir lo que es innovación o lo que no, lo que puede funcionar o lo que no, lo que es creativo o lo que no, dónde hay que apostar o dónde no, es negar el principio básico que distingue a las personas de los animales. Los seres humanos, por definición, piensan, y por tanto, tienen ideas. Un entorno en el que se separa a las personas que tienen ideas del resto, es un entorno que aniquila el pensamiento divergente.

Todas las personas, sin importar su origen, formación, rango en el escalafón, sexo, religión, etc, son creativas. Sólo tenéis que probar a hacerle una pregunta al primero que se os cruce.

Tengan cuidado ahí fuera

Ya tienen las armas. Salgan a la calle, acorralen a sus sospechosos, muéstrenles la evidencia de su comportamiento, confronten esa evidencia contra sus declaraciones, y lograrán que derrumben como temblorosos peleles. La realidad nos demuestra que los Asesinos en Serie de la Innovación también desean que les detengan, porque ellos por sí mismos no pueden parar.

“Guardiola, ¿y qué hacemos cuando atrapemos a nuestros Asesinos de la Innovación?”, me preguntarán. Lo mejor que pueden hacer con esos comportamientos es seguir el consejo de Terry Pratchett: dadles un juicio justo, y después ejecutadlos.