El Hospicio y la Charcutería

Es una lata el trabajar

Ya lo decía Luis Aguilé, el hombre de las corbatas imposibles: trabajar es una lata. Lo más seguro es que todos hayamos pasado en algún momento por tener esa percepción de nuestro trabajo. Sin querer ser exhaustivo, hay muchos motivos por los que se te puede hacer insoportable tu curro. Por ejemplo:

  • que tu trabajo esté por debajo de tu cualificación, de manera que no te resulte interesante lo que haces. Tus días son una sucesión interminable y aburrida, deseando que algo cambie para tener algún mínimo reto que saque esa faceta del ser humano que nos diferencia de los animales. Que nos gustan los desafíos, vamos.
  • o podría ocurrir lo contrario, que tu trabajo esté por encima de tus posibilidades, y te sientas permanentemente sobrepasado por las circustancias, siendo consciente de que la estás cagando una y otra vez y sepas que antes o después, van a empezar a hacerte preguntas para las que no tienes respuestas.
  • también puede que no recibas a cambio de tu trabajo lo que esperas, porque te pagan menos que a las personas a las que resuelves la papeleta, o porque otros se apuntan tus éxitos, o porque no tienes la certeza de que mañana vaya a funcionar la tarjeta de control de acceso.
  • o quizá tu trabajo te está obligando a renunciar a otras facetas de tu vida, como tu familia, tus amigos o tus aficiones. (En realidad deberías saber que la mayoría de las veces no es tu trabajo, es tu incapacidad para organizar tu tiempo aunque si eres de Huelva y aceptas un trabajo en San Sebastián es normal que veas menos a los amigos del barrio)

Entre todos los motivos sin duda aparece, no sabría muy bien en qué nivel de importancia, el ambiente. Al fin y al cabo, el ambiente determina tu entorno y sus reglas. Te guste o no, lo creas o lo dudes, un trabajo es más que dedicarle ocho horas al día a algo a cambio de un sueldo a fin de mes. No es sólo el qué haces, sino dónde lo haces, cómo lo haces y con quién. La mala noticia es que en el hipotético caso de que no reviente el tema de las pensiones, vas a tener que trabajar 37 años para poder jubilarte. Tenemos tiempo más que de sobra por tanto para aprender a dar importancia a aspectos como la capacidad de desarrollarnos profesional y personalmente, los compañeros, o los valores de la empresa.

Hooters

Trabajar en las cocinas es muy duro, pero no sabemos por qué en Hooter’s siempre hay lista de espera (Imagen de Bristol Motors Speedway & Dragway)

Hace un tiempo publiqué “De Cárceles y Guarderías“, un artículo donde exploraba un par de ambientes laborales, y gracias a vuestros comentarios y opiniones en el blog y las redes sociales, hoy vamos a acercarnos a dos nuevos ambientes: El Hospicio y la Charcutería.

El Hospicio

Muchos me habéis descubierto el auténtico Horror Dickensiano que es El Hospicio. No en vano, se trata de la combinación de la Cárcel y la Guardería. Aunque muchas personas me habían apuntado la existencia de este ambiente, el que le ha puesto nombre ha sido Julián Rodríguez González en LinkedIn

Creo que hay un tipo más de ambiente de trabajo que mezcla lo peor de la cárcel (Nadie quiere estar, Cada día es igual que el anterior, hay guardianes) y de la guardería (llorar, patalear, cagarse encima y montar el número para que le atiendan) ¿sería un hospicio? El caso es que si a la presión y agobio de la cárcel le unes el tratar a las personas como niños que no se enteran ni saben lo que quieren hasta que lloran, obtienes una bomba que cuando se detona (mejora de perspectivas de trabajo) estalla como una fuga de personas, no solo de talento, llevándose por delante a la empresa.

Recordemos que en una guardería los niños se lo pasan teta. Allí tienen sus amigos con los que juegan o se atizan (según el día), les dan de comer, se echan sus siestitas y todavía les da tiempo a aprender las formas, los colores, los números y las letras. Incluso palabras sueltas en inglés.

Hospicio

Sólo Stephen King pondría un orfanato en una isla

No hay mucho más que añadir, amigos. Que yo sepa, sólo hay dos tipos de novelas ambientadas en orfanatos:

  • Historias de superación personal, en las que el niño, salvando toda clase de pruebas y aventuras, consigue una familia que le adopta y le proporciona una vida llena de afecto, atenciones y por qué no decirlo, bienes materiales. Con el paso del tiempo, olvida su triste pasado y se convierte en un respetable miembro de la sociedad que ayuda a otros huerfanitos.
  • Historias de survival horror o terror gótico, donde el niño tiene que salvar su vida a costa de ver cómo sus mejores amigos acaban descuartizados; sólo para poder acallar sus pesadillas en una vida de alcoholismo. Suele haber varias secuelas, porque los malvados siempre pertenecen a Sociedades Secretas perfectamente organizadas.

Sea cual sea tu estilo favorito, el mensaje es claro: tienes que salir del Hospicio.

La Charcutería

No pensaba escribir sobre la Charcutería, ya que al fin y al cabo, no es un ambiente en sí mismo. La Charcutería es un modelo de negocio que incluso puede ser rentable. Por sorprendente que parezca, una Charcutería puede resultar atractiva no sólo para el charcutero sino también para el salami.

Consultoria

“Sí, esos consultores tienen buena pinta, pero hoy me llevaré panceta” (Imagen de Daquella manera)

Aunque “Body Shopping” es un anglicismo que suena a teletienda, hay otros nombres más castizos como “Cárnicas”, “Charcuteras” o “Consultoras”, con los que se conoce a las empresas cuyo modelo de negocio consiste en mover profesionales de un sitio a otro, poniéndoles a disposición de un responsable de proyecto o de área, sin tener ninguna clase de responsabilidad o interés sobre los objetivos de su trabajo. Las personas se reducen a un catálogo de habilidades más o menos demostrables, y sus correspondientes tarifas, exactamente igual que ocurre en una agencia de novias rusas.

Es difícil definir el ambiente en una Charcutería, porque muchas veces ni siquiera existe:

  • La visión del ambiente que tienen dos trabajadores de una Charcutería rara vez coincide, ya que depende del cliente en el que hayan caído. A veces el cliente sólo es alguien a quién no le dejan contratar su propio equipo por motivos que sea, así que tiene que trabajar con personal externo. Otras veces, el cliente es un tirano esclavista que trata a las personas como si fueran basura. Pero esto no es algo exclusivo de las Charcuterías, pasa hasta en las mejores familias.
  • Las condiciones económicas tampoco necesariamente coinciden; todo el mundo sabe cómo funciona el modelo de la consultoría así que muchas veces el salario de las personas depende de lo que un cliente esté dispuesto a pagar por ellas (esto no ocurre por ejemplo con las novias rusas, enamorar a Sasha le va a salir igual de caro a un inglés que a un alemán)
  • Dado que los proyectos nunca se hacen en responsabilidad por parte de la empresa, no es necesaria una vinculación con la misma. Al fin y al cabo, si no hay compañeros, ni hay responsables, ni hay subalternos; si no conozco la oficina; y si el correo electrónico me lo pone el cliente, la empresa no deja de ser simplemente un encabezado en la nómina.
  • Al estar ligado el trabajo a la posición en un cliente, cuando esta desaparece, lo más probable es que el trabajo desaparezca. Como el modelo no es aportar soluciones, sino aportar personas, cuando éstas dejan de ser necesarias, adiós muy buenas. Aunque puede darse el caso contrario, estancamiento profesional por no cambiar de cliente. Ahora mismo no sabría decir qué es peor.

En fin. Éste no es el momento para alabar ni para criticar el modelo de la Charcutería, sólo estamos hablando del ambiente laboral. Como todo en esta vida, cada cual habla de la fiesta según le ha ido. Por cada persona que se lamenta del precio al que compró su casa durante la burbuja, hay otra que sigue brindando recordando sus beneficios. Conozco personas que se han labrado un sueldo a base de saltar de empresa cada dos años al mejor postor, ¿quién soy yo para criticarlo?

Enter Darwin

Hay dos clases de personas: aquellas que dejan que alguien les cuente las reglas del juego, y las que se toman la molestia de leerlas. Conocer las reglas, y sus lagunas, suele ser la clave para ganar; y en lo que a carrera profesional se refiere, no conozco a nadie que quiera “perder” o “empatar”.

Darwin

Darwin & sons (Imagen de The PIX-JOCKEY)

Todos sabemos que la selección natural nos cuenta que las condiciones del ambiente favorecen o dificultan el éxito en la reproducción de los organismos vivos según su capacidad de adaptación al mismo.

No es la especie más fuerte la que sobrevive, tampoco es la más inteligente la que sobrevive. Es aquella más adaptable al cambio (Charles Darwin)

Si Darwin levantase cabeza, seguro que te daría unos cuantos consejos:

  • En la Guardería, asegúrate de ser el cabronazo que más llora y patalea.
  • En la Cárcel, hazte los tatuajes de la banda dominante y una vez dentro, neutraliza a su jefe para ocupar su puesto.
  • En el Hospicio, tendrás que ser el adorable pillastre más listo que chulee a los demás.
  • Y en la Charcutería, el filete más jugoso del expositor.

Aunque yo personalmente te diría que aproveches la primera ocasión que tengas para largarte. Pero esa es sólo mi opinión. ¿Estás aplicando el Darwinismo? ¿O estás actualizando tu curri?

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