No me hagas Perder el Tiempo

La Escala Evolutiva de la Organización del Tiempo

Si tuviera que elegir el síntoma por el que alguien pasa de ser sólo-un-tipo-organizado a un Dueño de Su Tiempo es el desarrollo de la empatía, la generosidad y el respeto por el tiempo del prójimo. Es más o menos sencillo aprender a organizarse uno mismo con el método «Motivación, Valores y Objetivos«. Si lo piensas bien, es un método profundamente egoísta, al fin y al cabo parte de los objetivos personales. Eso no quita que en tus valores puedan aparecer la «solidaridad» y el «compañerismo», y entre tus objetivos erigirte en «Paladín de los Desfavorecidos» o «Lord Protector del Reino». Pero reconozco que hasta ahora esta línea de reflexión sobre la Organización Personal y la Gestión del Tiempo parte de uno mismo. Estamos hablando de personas que saben organizar su tiempo, no se habla del de los demás.

En la escala evolutiva de la gestión del Tiempo podríamos establecer los siguientes estratos sociales:

  • Aquellos a los que les da igual lo que hacen con su tiempo. Siguen en el limo primigenio del caos.
  • Personas que saben que necesitan organizarse, pero no saben cómo. Es el peor estado evolutivo: son conscientes de tener un problema, pero no saben arreglarlo.
  • Los que saben cómo organizarse, pero no lo saben llevar a la práctica. Aunque se saben la teoría, fallan en la implementación. Antes o después lo conseguirán.
  • Personas que saben organizar su tiempo. Genial.
  • Y como máximo exponente evolutivo, rozando el Transhumanismo, las personas que están tan organizadas y son tan coherentes de la importancia de la gestión del Tiempo, que no hacen que los demás lo pierdan.

Por desgracia, estos cinco eslabones evolutivos no lo tienen nada fácil: les acechan implacables depredadores ladrones de tiempo.

Tyemposaurio

El temible Tyemposaurio es un depredador insaciable (Imagen de alwarrete)

Los Ladrones de Tiempo

En el día a día somos literalmente ametrallados por actividades que devoran nuestro tiempo productivo. Sin entrar todavía en muchos detalles, cualquier cosa que hace que dediques tus medios productivos (atención, capacidad, pensamiento, etc.) a algo que no te ayuda a lograr tus objetivos; sino que te aleja de ellos, es un ladrón de tiempo.

Se puede perder el tiempo de muchas maneras, he intentado agruparlas en algunas categorías:

  • Aquellas cuyo origen es un modelo organizativo deficiente
  • Las que tienen su origen en una persona que te interrumpe
  • Las que dependen de ti, porque reconócelo, eres un desastre

Modelos organizativos deficientes

Una de las principales causas de pérdida de tiempo viene ligada a un modelo de trabajo deficiente. En este caso, tenemos la suerte de ser víctimas: la pérdida de tiempo se origina por un factor externo propiciado por la empresa, sobre el que posiblemente tengamos poca capacidad de influencia para producir un cambio. Esta categoría es la favorita de los amigos de las excusas.

Algunos ejemplos de pérdidas de tiempo que entran en esta categoría pueden ser:

  • reuniones en las que no se establecen objetivos o se posterga la toma de decisiones (y por tanto, son improductivas) Las reuniones son el mal. Sólo hay un método infalible para controlar una reunión, y es sacar el cronómetro y la calculadora: descubre lo que está costando esa reunión y piensa si merece la pena pagar por ello.
  • indefinición de objetivos por parte de un responsable jerárquico, lo que supone que podamos llegar a empezar un trabajo sin saber lo que se pretende de él o cómo determinar si se ha llevado a cabo correctamente. Estamos condenandos por tanto a dar vueltas, ir y venir, y perder el tiempo.
  • volatilidad de las decisiones tomadas, lo que supone abandonar una línea de trabajo y empezar de nuevo. Es una de las mayores sensaciones de pérdida de tiempo: un cambio de opinión hace que se tire buen trabajo por el retrete. Hace falta madurez para aprender a vivir con estas situaciones.
  • mecanismos de comunicación deficientes que conducen a malos entendidos, tanto de los objetivos, como de las prioridades, condicionamientos, etc
  • dependencias con terceras personas, que no reciben el mismo nivel de importancia en sus tareas, y por tanto, no participan en las nuestras al mismo nivel. Estas relaciones de importancia asimétrica son una de las formas habituales de sabotear (casual o intencionadamente) los proyectos de un tercero.
  • burocracia excesiva, que conlleva que dediquemos un tiempo a actividades que sentimos que no nos aportan valor, y cuya importancia posiblemente no lleguemos a comprender por un problema de comunicación deficiente. Bueno, suponiendo que tengan importancia, claro.
  • siendo la existencia de indefinición de procedimientos el caso contrario del anterior. Hay varias situaciones negativas que pueden darse cuando las personas no saben cómo deben comportarse, por ejemplo: parálisis por la inseguridad de toma de decisión; toma de decisiones inadecuadas que suponen un perjuicio; etc.
  • conflictos de prioridades, uno de los problemas más graves que pueden darse en una organización: supone que hay objetivos que no se han priorizado adecuadamente, falta de medios para llevarlos a cabo, incapacidad de toma de decisión, etc.
  • medios inadecuados para la realización de las tareas, lo que acaba convirtiéndose en desmotivación, hastío y pérdida de productivad.
  • compartimentalización de la información, con las consecuentes pérdidas de tiempo buscando quién es el dueño de la misma, rellenando el modelo 100A para solicitar formalmente que la compartan, etc
  • caos organizativo, modelos de relaciones laborales en los que nadie sabe quién es responsable de qué, ni dónde está nada.
Laberinto

«Estoy deseando ayudar, sólo tienes que entrar en el Laberinto, encontrar el documento de definición de proceso de petición de cambio de tóner, y presentar una instancia con la firma manuscrita de tu responsable» (Imagen de Sterin)

Una de las mejores maneras que conozco para solucionar los problemas de productividad debido a modelos organizativos deficientes es pasar de la poesía a las matemáticas: suma los minutos que pierdes al cabo del día en tareas no productivas, multiplica por lo que le cuesta a tu empresa tu tiempo, proyecta esa cifra a todo el año, muestra el dinero que se está perdiendo e voilà! Si quedan dudas, añade al cálculo a otras personas en tu misma situación.

Las put@$ Interrupciones

Trabajar rodeado de personas te expone a interrupciones constantes. Algunas son necesarias, otras son distracciones (que a veces son necesarias), y otras son pérdidas de tiempo. De cualqueir manera, cuando estás concentrado recuerda que retomar la concentración y volver al punto en el que estabas seguramente lleve más tiempo que la interrupción en sí. Ejemplos pueden ser:

  • las reuniones informales, que al no tener objetivo ni agenda pueden prolongarse inevitablemente, sólo por el interés del tema que se está tratando.
  • ser necesario para otros compañeros, que acuden a ti porque eres una parte implicada en sus propios objetivos y procesos. Algo normal, porque en general no trabajamos solos. Es importante en ese caso que ambas partes acuerden cómo organizarse adecuadamente, lo que podrás hacer básicamente incluyendo la necesidad de colaboración entre las actividades planificadas de todos los implicados. De esta manera, estarás transformando una interrupción en una tarea productiva. De todas maneras, este aspecto da para otra entrada en el post, en la que tengo previsto hablar sobre el carácter profundamente asimétrico de la urgencia.
  • las visitas de cortesía. Reuniones en las que participas por deferencia a tu interlocutor, pero a las que acudes con una sensación previa de pérdida de tiempo.
  • el carácter latino y nuestra tendencia a socializar. Admitamos que nos gusta hablar, tomar cafés, alargar las comidas. Y no quiero entrar en el tema coqueteo interdepartamental. Recordad-el-refranero.
  • el teléfono. Una llamada de teléfono es algo imprevisible: en la mayor parte de los casos no sabes cuándo va entrar, ni cuál es su motivo, ni cuánto va a durar.

La tecnología además nos ha regalado tres tipos diferentes de interrupciones, que también es necesario aprender a gestionar:

  • el correo electrónico. Hay una auténtica obsesión por convencer a las personas que deben tener su Inbox a 0.  Casualmente, las personas que van por ahí haciendo proselitismo del Inbox a 0 venden clientes o apps de correo electrónico, o acaban de publicar un libro. Chorradas. El email es asimétrico, eso quiere decir que la persona que te escribe no espera una respuesta inmediata. ¿Lo entiendes? No espera una respuesta inmediata. No tienes por qué leer tu correo en tiempo real, ni tienes que contestar en tiempo real. Nada que te llegue por email puede ser urgente, y cualquier cretino que te haga una petición urgente por email se merece esperar. (Disfruta imaginándole pulsando F5 en su navegador, o dándole a «Enviar y Recibir» en el Outlook)
  • la mensajería instantánea. Tus compañeros ya no tienen que levantarse para interrumpirte. Pueden hacerlo sin moverse de la silla. Por cierto, a nadie le importa que hayas puesto un estado de «No me molestes». Si la mensajería instantánea te interrumpe no lo dudes: apágala cuando necesites concentración.
  • las redes sociales. Cualquier persona en cualquier lugar del mundo puede interrumpirte. Genial.
Interrupción

Las Interrupciones y Distracciones durante el trabajo pueden ser letales (Imagen de M. Martin Vicente, visible en directo en la calle Milaneses 3)

Tú eres tu propio Ladrón de Tiempo

Admítelo, eres un desastre. Tú mismo eres el causante de tus pérdidas de tiempo. El primer paso para poder solucionarlo es reconocerte en alguna de estas situaciones:

  • no sabes planificarte. No tienes una idea clara de lo que vas a hacer cada día. En general, respondes a los acontecimientos según te llegan.
  • a lo mejor tienes un plan, pero careces de la disciplina que necesitas para llevarlo a cabo
  • al no tener un sistema de trabajo sobre el que saques conclusiones y aprendas, no sabes cuánto tiempo tardas en hacer las cosas, lo que da lugar a que te plantees hitos irrealistas o tan holgados que pierdes el interés en ellos.
  • puede que sepas planificarte, pero como no has realizado tu enunciado de Misión, Valores y Objetivos, no tienes claro el impacto de tus tareas, así que te dedicas a perder el tiempo, marear la perdiz, postergar trabajo y procrastinar en general.
  • o puede que sepas planificarte, has enunciado tu Misión, Valores y Objetivos, y resulta que nada de lo que haces contribuye a que los consigas. Conclusión: desmotivación. Solución: vuelve a empezar.
  • o quizá sepas planificar actividades alineadas con tu Misión, Valores y Objetivos, pero lo que pasa es no sabes decir que No. Esto da para post.
Old Sparky

Culpable (Esta imagen de Old Sparky es de dominio público)

No me hagas Perder el Tiempo

Puede que lo que te voy a decir te parezca una chorrada, pero sólo es una pérdida de tiempo algo que te deja con sensación de pérdida de tiempo. Relacionarte con tus compañeros o ayudarles nunca es una pérdida de tiempo en sí mismo, jamás me oiréis decir eso. Por ejemplo, si tu trabajo consiste en definir procesos organizativos, necesitas hablar con tus compañeros. Si te has planteado como objetivo conocer a tus colaboradores, sus motivaciones y demás, necesitas hablar con ellos. Si quieres construir una reputación online, necesitas las redes sociales. Si quieres crecer profesionalmente, tienes que quitarles problemas a los de arriba.

Lo importante es aprender a saber qué te hace o no te hace perder el tiempo, y eso sólo lo sabes tú. No dejes que nadie te diga que chatear con tus compañeros es una pérdida de tiempo: decídelo tú mismo si por hacerlo no terminas tu trabajo a tiempo, o no con el nivel de calidad esperado. Resumiría el tema de la gestión de las pérdidas de tiempo en algunas reglas clave:

  1. Determina qué es o no una pérdida de tiempo sabiendo si te acerca o aleja de alguno de tus objetivos.
  2. Ojo, que algo te acerque a tus objetivos personales no quiere decir que lo tengas que hacer en ese momento. Ten claras tus prioridades. ¿Qué es mejor, ir a un evento de networking para emprendedores o ver la función escolar de tu hijo? ¿Quién si no tú puede decidirlo?
  3. Cuando alguien requiera de tu tiempo, reconce y valora su necesidad; y luego determina si la debes o no atender en ese momento. Quizá tengas que buscar el momento adecuado para tratarla.
  4. No te dejes engañar: aprende que la urgencia es asimétrica.
  5. Aprende a medir el tiempo que concedes a distracciones e interrupciones, y el impacto que tienen en tu planificación. Si no te has planificado, no sabes el impacto que tienen.
  6. En general, haz saber a otras personas que tienes que hacer otras cosas. No pasa nada, lo entenderán. A ellos también les molesta que les interrumpan. Se llama empatía.

Y sobre todo, recuerda la escala evolutiva de la gestión de Tiempo: no dejes que otros lo pierdan por tu culpa. Espero que este post no te haya parecido una pérdida de Tiempo; si es así, utiliza el formulario para decirme por qué. Gracias 🙂

El Traje Nuevo del Emperador

El Emperador Está Desnudo

Supongo que todos conocemos el famoso cuento de «El Traje Nuevo del Emperador«, escrito por Hans Christian Andersen y publicado en 1837. Lo que a lo mejor no todo el mundo sabe es que se trata de una adaptación del Ejemplo XXXII de el «Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio» escrito en el siglo XIV por el Infante Don Juan Manuel. Y lo que mucha menos gente sabe es que según la homologación de cuentos que A. Arne y S. Thompson publicaron en 1910 y 1928 respectivamente, la historia de «El Traje Nuevo del Emperador» es el patrón folclórico número 1.620, con versiones en India, Sri Lanka, Turquía, Reino Unido, Escocia, Islandia, etc.

Eso quiere decir que existe un patrón ancestral (casi mítico) de comportamiento común a diferentes culturas, según el cual hay situaciones en las que una mayoría de personas, de manera espontánea, decide aceptar una situación ilógica. El patrón incluye también que siempre sale un ser puro e inocente que rompe el engaño. En el caso de Andersen es un niño, que se da cuenta que el Emperador anda desfilando por la calle como Dios le trajo al mundo, y lo dice en voz alta. A partir de ese momento el resto de ciudadanos empiezan a comentar abiertamente que el Emperador está desnudo, lo que supone su humillación y escarnio público. 

Este cuento se usa habitualmente en coaching para demostrar que a veces es necesario que alguien diga la verdad obvia que el resto de gente se niega a reconocer. Muy bonito todo.

Lo que pasa es que a veces evitamos decir cómo acaba la historia.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

Keiserens nye Klæder, H.C. Andersen, 1837

Exacto. «Aguantar hasta el fin» (o lo que es lo mismo, Mantenella y no Enmendalla) y «(El Emperador) siguió más altivo que antes».

Os podéis imagainar lo que pasó después, ¿verdad? Recordemos, que esto se escribió en el siglo XIX. En aquella época la frase «poner su cabeza en una pica» no tenía precisamente sentido metafórico. Si yo fuera el padre de ese niño, cogería a mi mujer y al chaval, robaría un par de caballos y huiría con lo puesto antes de que acabase el desfile. Nada de ir a casa a recoger las cosas. Nada de despedirse de los amigos. Ya habrá tiempo de regañar al niño cuando hayamos cruzado la frontera. Sinceramente, rezo por que aquella pobre gente lo lograse.

El Traje Nuevo del Emperador

Sí, pero el niño acabó sus días en las mazmorras

La Obsesión por dar Feedback

Necesitamos una nueva versión de «El Traje Nuevo del Emperador». Una que nos enseñe cómo se le dice a un Emperador que va en pelotas, sin que al día siguiente suban los impuestos, se llenen las mazmorras de inocentes, monten una horca en la Plaza de la Villa y se reinstaure el derecho de pernada. Una que nos enseñe las consecuencias del exceso de feedback, de la sinceridad mal entendida, o de la importancia de la empatía.

Todos sabemos que el Emperador está desnudo. El pueblo llano lo sabe. Los chambelanes lo saben. La Guardia Real lo sabe. El Ministro y los funcionarios de la corte saben que el Emperador está desnudo. El Emperador sabe que está desnudo. Y lo que es peor, sabe que los demás lo saben.

Y aún así, ha salido bajo palio a recorrer las calles de su ciudad. Recordemos que por lo que dice Andersen, el Emperador en el fondo no era un mal tipo. Se dedicaba a sus modas, no se interesaba por los asuntos de la guerra ni de la corte. Su ciudad era muy alegre y bulliciosa. ¿Qué necesidad había de decirle delante de todo el mundo que le asomaban los huevecillos? ¿Hubiera pasado algo si le hubieran dicho, «Su Majestad, póngase este chal, que parece que refresca»? O mejor aún, «Alteza, este abrigo de marta cibelina era el favorito de su difunta madre, y va a juego con el oro y la seda de sus nuevos ropajes».

Pues no, había que hacer mofa y escarnio público. De un Emperador. Vamos, que todos a estas alturas de la vida hemos visto o leído La Canción de Hielo y Fuego. Sabemos lo que les pasa en el Juego de Tronos a los que van por ahí diciendo verdades sin pensar.

Eddar Stark

Mira que decirle al Rey en el Trono de Hierro que su padre es su tío (Imagen de gameofthrones.wikia.com subida por MrMichiVoss)

Hay una clase de personas que han creído no sólo que tienen que decir abiertamente lo que piensan, sino que lo pueden decir de cualquier manera, y que además la gente debería estar encantada de escucharlo. Quizá no sean del todo conscientes del impacto que sus palabras pueden tener en la persona que las recibe, ni de  las consecuencias que pueden derivarse.

Pues sí, yo creo que al Teorema de la Comunicación de Shannon hay que añadirle dos nuevas cajas: impacto y consecuencia.

Impacto y Consecuencia

El feedback es ese proceso por el cual damos información a una persona para que pueda corregir su comportamiento. Has leído bien, el receptor de tu feedback es una persona. Una persona que posiblemente haya cometido un error, y lo sepa. Al Emperador, por ejemplo, no sólo le han sacado la pasta, sino que además se ha paseado en pelotas por la calle. ¿No deberíamos intentar entender primero qué ha pasado? De manera objetiva, simplemente conocer los hechos.

Conocer los hechos y el contexto nos permite ponernos en la piel de la otra persona, desarrollar nuestra empatía. Al buscar hechos objetivos, se evita la subjetividad, que suele acabar en la justificación del comportamiento erróneo. Una persona que se está justificando crea un contexto de comunicación en el que alguien juzga y alguien es juzgado. Y eso es algo que queremos evitar, especialmente en casos de relaciones asimétricas, como por ejemplo, un niño del vulgo proletario haciendo observaciones sobre el Emperador.

Ante un error, el objetivo del feedback debe ir encaminado a evitar que se repita, sin embargo, en el caso del Emperador claramente no se consigue. Es un ejemplo de error al proporcionar feedback. El Emperador no sólo no reconoce su error, sino que se muestra más altivo todavía. No quiero parecer pesado, pero sabéis lo que hacen los emperadores altivos; ya lo hemos comentado y en general tiene que ver con represión, castigos físicos e impuestos.

Siempre que sientas la necesidad de comentarle a alguien que la ha cagado, piensa por un momento si estás seguro de querer ayudar. Es fácil saberlo. ¿Qué pasa por tu mente? ¿Reconoces alguna de estas expresiones?

  1. «Éste se va a enterar»
  2. «Le voy a poner las pilas»
  3. «Menudo gilipollas, le está bien empleado»
  4. «Ya verás»
  5. «Se merece un escarmiento»

Si es así, entonces no lo hagas: no estás intentando ayudar a una persona, estás intentando humillarla, darle una lección, avergonzarla (posiblemente incluso en público), etc. Eso no es feedback, es una forma más de castigo. Desde que la Marina Real Inglesa abolió en 1860 el uso del látigo de nueve colas como herramienta de corrección de conducta, el ser humano ha desarrollado multitud de formas de castigo psicológico (que por desgracia no son objeto de este post)

Cat o'nine

«Ven un momentito, que te tengo que comentar una cosilla» (Imagen del blog Pauline’s Pirates and Privateers bajo licencia CC By-NC-ND)

El Emperador va a Coger Frío

Bien, ya estamos convencidos de querer ayudar, lo que pasa es que todavía no sabemos cómo. Así es como yo lo haría:

  • El primer paso siempre siempre siempre debe ser encontrar el momento propicio para tener la conversación. Por lo general, si hay otras personas delante no es un buen momento. A nadie le apetece que le corrijan en público, se genera una situación violenta en todos los aspectos. Cuando se producen situaciones violentas indudablemente se genera tensión, y las personas adoptan actitudes defensivas, agresivas e incluso puedan llegar a perder los papeles.
  • El segundo paso es establecer un marco de comunicación positivo que favorezca el diálogo sincero. Suele ser recomendable empezar por reconocer aquellos aspectos positivos («Qué desfile más bien organizado, hay que ver qué lustrosos los caballos») e incluso aplicar las conocidas técnicas de captatio benevolentiae que ya usaban en su día los juglares. Y que básicamente consisten en mostrar o exagerar tus propios defectos para que otros sean comprensivos contigo (como tú lo vas a ser con ellos).
  • El tercer paso para conseguir que un error no se repita es precisamente el reconocimiento mutuo de que ha ocurrido un error. Ya que si no, el diálogo no está centrado en la búsqueda de soluciones sino en convencer a otra persona de que ha actuado de forma equivocada. Por eso la importancia de los datos objetivos. Los datos objetivos por su propia naturaleza no están sujetos a discusión.
  • El cuarto paso es encontrar (incluso «ofrecer», o «insinuar»…) una explicación coherente que permita a la persona poner a salvo su prestigio y profesionalidad. «Claro, su Majestad, cómo no iban a haberle engañado esos dos estadadores, si han dejado pufos por media Europa.»
  • Si has abierto la puerta a esta salida honrosa, es factible no sólo identificar las acciones correctivas («Tápese, su Majestad») sino un plan o proceso de cambio con el que la otra persona pueda sentirse satisfecha.
  • Definir un plan es lo que permite establecer hitos de control sobre los que comprobar si hay un progreso o un cambio en el comportamiento, que precisamente es lo que se persigue a la hora de dar feedback.
Napoleon Bonaparte Emperador

No, si hay que reconocer que el Emperador cuando se pone… («Napoleón en su trono», por Jean Auguste Dominique Ingres)

Pues ahora que hemos hecho esta pequeña revisión del cuento, otros Emperadores que se pasean desnudos delante tuyo pueden ser:

  • Ese compi que cree que está haciendo un buen trabajo, al que tienes que decirle que su desempeño está por debajo del esperado. Si no eres capaz de entender en primer lugar los motivos por los que cree que está haciendo un buen trabajo, ni transmitirle de manera objetiva por qué realmente no lo es, no vas a conseguir que cambie su actitud. Posiblemente consigas el efecto contrario; que se encabrone, o en el mejor de los casos, que se desmotive. Por otra parte, ¿estás seguro de que alguien le ha transmitido a esa persona qué se esperaba que hiciera? La mayor parte de las veces, este es el verdadero problema de raíz: un error a la hora de plantear objetivos, formas de validarlos y medición del grado de avance.
  • Decirle a un cliente que sus problemas organizativos son el principal riesgo para la consecución de un proyecto. ¿Estás de coña, no? Esa persona trabaja ahí. Sabe de sobra que vive en una organización monolítica que no hay forma de que eche a andar. Recuerda que es él el que pasa 8 horas al día ahí metido. Él lo sabe, tú lo sabes; si no buscas formas creativas de solucionar los problemas, sino que te limitas a exponerlos posiblemente tengas los días contados como proveedor. Te pagan por solucionar problemas, no por exponerlos.
  • Comentarle a un emprendedor cuyo proyecto estás valorando que no te crees el modelo de negocio. Una aventura de emprendimiento suele estar ligada al sueño de una persona, a su ilusión. A una creencia personal de haber encontrado una solución viable a un problema. Es algo en lo que ha metido horas (pensando, estudiando, protitpando, incluso puede que tenga una demo). Si tú no te lo crees, ¿qué necesidad tienes de tirarle al barro?. Al fin y al cabo, no es tu problema, es el suyo. Propón honestamente aspectos de mejora que quizá no haya tenido en cuenta y ofrece una salida honrosa de tu despacho. Por ejemplo, quizá el problema es tuyo que no ves dónde está el negocio.
  • «Esa blusa te queda un poco currita, cariño». NI LO SUEÑES

La próxima vez que pase un Emperador desnudo, ¿qué vas a decirle?

El Ritual de Purificación

El Ritual de Purificación

Empecé 2013 haciendo un ritual de purificación que había leído en Internet: tirando a la basura 50 «cosas» que tenía en casa. De todo tipo, camisas de vestir, de sport, camisetas, zapatos, libros… Incluso tiré mi colección de cintas de Pink Floyd (tranquilos, las tengo en digital)

La coach que promovía este método decía que si lograbas la disciplina de deshacerte de tantos «objetos» (muchos de los cuales llevaban tiempo contigo) interiorizabas una dinámica de dejar atrás tus ataduras materiales y empezabas el año en un estado mental que favorecía el cambio.

Recicla

Hay un lugar para cada cosa (Imagen de Dave Goodman)

Visto con perspectiva, os diré que aunque me cuesta reconocerlo, fue algo positivo: tiré un montón de mierda a la basura y me pasé semanas entretenido comprando mierda nueva. Pero al menos, tuve la oportunidad de elegir qué nueva mierda consumía, y parte de ella me ayudó a ser diferente.

Nueva música, nuevos libros, nueva ropa… En definitiva, nuevas formas de manifestar tu personalidad, tu carácter, tus objetivos, tus ambiciones, tus miedos, o por qué no, nuevas formas de inspiración.

La moraleja es que cualquier momento es bueno para dejar atrás aquello que éramos para hacer sitio a lo que vamos a ser, sobre todo si no coinciden. Pero hazlo.

Tengo 3 bolsas de basura de comunidad esperando a que llegue mañana. He puesto en la lista negra unas deportivas que ya no me pongo. Me gustan, son de Onitsuka Tiger, y están como nuevas. Pero llevan un año en el zapatero. Tengo corbatas que ya no se ven por el mundo, muchas todavía me recuerdan a reuniones donde las he usado, y he llegado a creer que esas corbatas me ayudan a recordar qué hice bien y qué hice mal. Chorradas. Detrás de mi colección de DVDs hay dos filas de películas en VHS que no voy a volver a ver en mi vida, no por nada, es que el combi DVD+VHS tiene los días contados. La XBOX 360 está encima del armario. Seguramente haga algún experimento con ella tipo «cadena de favores»

Osea. Que tengo todo listo para hacer mi Ritual de Purificación.

Feliz 2014

Los X Mandamientos del Teletrabajo

Yo Teletrabajo, tú teletrabajas, ellos vaguean

La madurez consiste en sospechar cuando firmas un contrato y lo primero que te dan es un ordenador portátil y un teléfono móvil de empresa. Significa que a partir de ese momento tú eres en ti mismo un puesto de trabajo. Yo hace años que lo soy, tengo la suerte de poder trabajar en un cafetería mientras espero entre dos reuniones, o en el asiento de atrás de un Taxi mientras voy camino a un cliente, o en la zona de embarque de un aeropuerto, o incluso en un tren. He llegado a trabajar mientras esperaba en el pediatra. No hay nada como coger el AVE de las 7 de la mañana y ponerse a trabajar mientras el resto del pasaje ronca plácidamente a tu alrededor. Sí amigos, soy una de esas personas que han sido Bendecidas con la posibilidad de trabajar en cualquier lugar y en cualquier momento.

Teletrabajo

Don’t ask, don’t tell (Imagen de moqub)

No es porque escriba este post en mis vacaciones de Navidad, pero lo cierto es que para muchas personas la posibilidad de teletrabar es una lotería. Es algo que se tiene o no se tiene sin saber muy bien por qué; sin que quede del todo claro qué hace que en sus empresas algunas personas puedan teletrabajar, y otras no.

Lo ideal sería que hubiera un Manual de procedimientos, un documento compartido por toda la organización donde se defina claramente el modelo de Teletrabajo, las condiciones y los requisitos; de manera que quede con claridad meridiana lo que se puede hacer, cómo se puede hacer y quién lo puede hacer. Sin embargo, en muchas empresas esto es una quimera. La mayor parte de las veces queda por tanto un sentimiento de arbitrariedad y una sombra de sospecha: si no te dejan teletrabajar es porque eres un vagazo.

De todas maneras, una cosa está clara: Teletrabajar es una de las máximas expresiones de la organización personal del tiempo. Y para hacerlo bien es necesario conocer…

Los X Mandamientos del Teletrabajo

Moses

Hola amigos, soy Charlton Heston y os traigo los X Mandamientos del Teletrabajo (Imagen de Superfloop)

¿Qué es teletrabajar? Para muchas personas, teletrabajar es básicamente, trabajar en chándal desde casa. (He dicho chándal por no decir pijama) Pues eso es un ERROR. Es un error la definición y es un error trabajar en pijama (siempre he dicho que uno de los riesgos del teletrabajo es la decadencia de las personas)

Teletrabajar es mucho más. Es desligar el desempeño de un profesional del lugar físico donde realiza su actividad. Este es en muchos casos el quid de la cuestión, por tanto, merece la pena que lo convirtamos en el Primer Mandamiento del Teletrabajo.

I Mandamiento del Teletrabajo: Si tu trabajo está ligado a la ubicación física desde donde se realiza, es incompatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.

Una vez solventado este pequeño detalle, podemos seguir. Teletrabajar es además permitir a las personas que organicen su tiempo, de forma que determinen cómo y cuándo acometen sus tareas, lo que de alguna manera refuerza su responsabilidad y su capacidad de gestión. Pero eso no significa que todo sean maravillas, también tiene sus inconvenientes. Partiendo de la base de que no eres autónomo o freelance, vamos a repasar exactamente los beneficios e inconvenientes que tiene teletrabajar.

1. Autonomía y Responsabilidad

Las personas que teletrabajan ejercitan su autonomía, ya que son ellos mismos los que se organizan su propio tiempo. Dado que no tienes que desplazarte a la oficina, eliminas esa sensación de pérdida de tiempo que supone el transporte público, los atascos, y las esperas innecesarias. Poder organizar tu propio tiempo es uno de los mayores placeres de la vida.

Sin embargo, para poder ejercitar esta autonomía, tienes que haber dado muestras de que sabes cómo planificarte para cumplir tus objetivos, de manera que no sólo seas capaz de definir cuándo vas a finalizar tus tareas, sino que además puedas anticipar las posibles dependencias u obstáculos que lo impidan. También es necesario que hayas demostrado que sabes «levantar la mano» con la suficiente antelación como para que los problemas se puedan gestionar.

II Mandamiento del Teletrabajo: Si no has demostrado que eres una persona responsable, nadie te va a dar la oportunidad de que organices tu propio tiempo. Y menos todavía si saben que vas por el nivel 700 en el Candy Crush, te acabas de comprar una PS4 o acaban de empezar las rebajas

Esto es importante. Si eres una persona que requiere constante supervisión por parte de tus responsables no te molestes en apuntarte al programa de teletrabajo, ni en solicitar que se monte uno si es que no lo hay. Si lo piensas por un momento verás que tiene sentido: si necesitas que haya alguien pendiente de ti para que puedas trabajar, eres tú el que tiene que estar disponible para que te supervisen. Esto es así. Si teletrabajases, estarías aumentando la carga de gestión de tu supervisión, y por definición, nadie quiere que aumente su carga de gestión a costa de perseguirte.

2. Comunicación formal e informal

Es siglo XXI es (de momento) el siglo de las Redes Sociales. De las personas conectadas. De las personas que colaboran desde cualquier parte del mundo. De la globalización. De las empresas que prestan servicios en múltiples países. De las factorías de software en la India, Latinoamérica o en Provincias. De los equipos de trabajo deslocalizados. Cada vez hay más herramientas que nos permiten comunicarnos en tiempo real. Es una realidad la masificación del ADSL, que permite que las videoconferencias con Skype o Google Hangout desde tu casa vayan como un tiro. Y no nos engañemos, todo el mundo tiene tarifa plana de voz en el móvil. Los que somos «trabajadores del conocimiento» hace años que disponemos de entornos de gestión documental, de colaboración, de gestión de proyectos… Hay entornos de trabajo colaborativos en la nube que permiten que varias personas editen en tiempo real un mismo documento o una hoja de cálculo a la vez. Cada vez es más fácil que un equipo de trabajo esté formado por personas que no necesitan estar juntas para producir resultados.

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NI LO SUEÑES (Imagen de jfilip)

Porque no trabajar en una oficina no quiere decir trabajar solo. Si formas parte de un equipo tienes que estar disponible para el equipo. La mayoría de las empresas han llegado a la conclusión de que las personas tienen que estar disponibles de 9 a 18h, así que si dentro de esa franja  alguien necesita contactar contigo y no lo consigue, posiblemente se vaya a sentir frustrado y decepcionado. Si casualmente es tu jefe date por jodido (Nota: esta relación no es transitiva)

III Mandamiento del Teletrabajo: Trabajar desde casa no quiere decir trabajar solo. Si formas parte de un equipo, tienes que estar disponible para tu equipo. Para eso se inventaron los horarios.

Pero que se pueda no quiere decir que se deba. Muchas veces el contacto directo favorece la productivad de los equipos o la calidad de su trabajo. ¿Cuántas veces has oído a compañeros tener una discusión sobre el alcance de un requisito y te has tenido que dar la vuelta para aclararlo? ¿O sobre cómo implementar una funcionalidad? Exacto: hay una comunicación informal que ocurre de manera fortuita, sin que nadie tenga que programar una call o abrir un hangout, una comunicación que es inherente al ser humano y que no ocurre cuando trabajamos en casa.

IV Mandamiento del Teletrabajo: Cuando la presencia física y el contacto humano favorecen la productivad del equipo o la calidad de su trabajo, las probabilidades de que puedas teletrabajar se reducen drásticamente.

Lo que nos lleva a la importancia de la cohesión del equipo. Formar un equipo significa compartir, y por muchas herramientas que se pongan a disposición de las personas, nada puede sustituir al contacto directo y personal. Por tanto, en aquellos casos en los que este contacto personal es un catalizador, lo más normal es que el responsable del equipo prefiera que la gente esté junta. Eso no quita que puedas teletrabajar de manera puntual (algo es algo)

3. Concentración y Aislamiento

Una de las grandes ventajas del teletrabajo es que reduce drásticamente las interrupciones. No se vosotros, pero yo tengo comprobado que cuando estoy en casa recibo aproximadamente la cuarta parte de interrupciones que cuando estoy en la oficina. Trabajar sin interrupciones es un lujo: permite maximizar nuestra productividad, la consecución de nuestros objetivos y nuestra sensación de utilidad. Todos sabemos lo difícil que se nos hace manejar las interrupciones en el día a día, y más todavía cuando alguien físicamente viene y se sienta a nuestro lado.

V Mandamiento del Teletrabajo: Si el hecho de que alguien te vea o no te vea es determinante para que te interrumpa o no te interrumpa, el hecho de desaparecer de vez en cuando favorecerá tu capacidad de concentración. Vende tu teletrabajo como una necesidad para lograr tus objetivos si son los de tu empresa.

Yo personalmente teletrabajo cuando necesito aislarme del mundo, porque se que en la oficina no hay manera. Sin embargo, este aislamiento puede ser pernicioso en sí mismo. Trabajar sólo favorece la concentración, pero impide la participación en el día a día de la empresa. Y sinceramente, hay que estar. Una empresa es un lugar vivo, donde no dejan de ocurrir cosas y donde a todas horas se toman decisiones (salvo en las Empresas Z, por supuesto) Si tienes interés por crecer profesionalmente, te interesa estar en el meollo del asunto, en el día a día. Te interesa estar delante cuando haya problemas que solucionar, decisiones que tomar; cuando haya que decir «no os preocupéis, que ya me encargo yo». ¿Por qué? Pues porque en eso consiste crecer profesionalmente: en aumentar tu capacidad para resolver problemas. Y si no estás tú, tranquilo, seguro que estará otro.

VI Mandamiento del Teletrabajo: Si teletrabajar te aleja de los centros de toma de decisión, valora si te interesa estar lejos de los centros de toma de decisión.

4. Separación personal / profesional

Muchas personas consideran que el teletrabajo favorece la conciliación de la vida familiar. Hace mucho que se acabó aquello de trabajar 40 años en la misma empresa; los nuevos modelos de relaciones laborales hacen que una persona pase por varias empresas a lo largo de su vida. Los que trabajamos en el sector TIC cambiamos incluso de cliente varias veces al año. Eso significa que uno nunca sabe dónde va a tener que ir a trabajar el mes siguiente. A veces, empezar a trabajar desde casa te permite dejar al niño en la guarde, aprovechar un par de horas desde casa y aparecer por la oficina a las 10:30, después de recorrer la ciudad sin a penas tráfico. Una hora a la que muchos todavía no han vuelto del «desayuno».

Aquellos que no tienen que dejar a los niños en el cole y mantienen su rutina de madrugar son sin duda personas mucho más productivas. Empezar a trabajar en casa a las 8 de la mañana, y no tener que pasarse una agotadora hora repartiendo codazos y empujones en el transporte público, o perdiendo la paciencia en un atasco, supone de media una hora y media de ventaja sobre el resto.

VII Mandamiento del Teletrabajo: Date una ducha por la mañana. Afeitate. No hace falta que te pongas corbata o taconazos, pero no trabajes en pijama. No seas un ejemplo para todas aquellos que dicen que el trabajar desde casa degrada a las personas.

Sin embargo, aunque a priori trabajar desde casa te hace más productivo al evitar todos esos tiempos muertos y te da tiempo para otras cosas (por ejemplo, ir a correr), es importante que tengas un espacio de trabajo, separado del espacio en el que vives. Es importante la disciplina, saber separar física y psicológicamente cuándo estás trabajando y dónde lo haces. Tu salón es tu salón, no es tu despacho. Y sobre todo, no te levantes cada media hora a mirar qué hay en la nevera.

VIII Mandamiento del Teletrabajo: Psicológicamente es recomendable separar tu faceta personal de tu faceta profesional. No trabajes en el salón de tu casa, hazte un despacho. Y recuerda que no es bueno que el hombre esté solo.

Lo cierto es que el hecho de trabajar en casa puede además tener efectos psicológicos, puesto que el ser humano necesita relacionarse con otras personas  para evadirse. En las oficinas, quieras que no, hay momentos de relajación en los que las personas se evaden del trabajo para hablar del fútbol, de lo que han hecho el fin de semana, o del programa de anoche. En algunas oficinas, incluso la gente practica el sexo de manera furtiva. Cuando teletrabajes tienes que buscar estos momentos de evasión personal (me refiero a interactuar con otras personas, no al sexo furtivo, que os conozco) Por eso cada vez están más de moda los espacios de co-working. Los anglosajones inventaron hace un siglo el denominado síndrome de cabin fever, que consiste en la sensación de claustrofobia que padecen las personas que se quedan aisladas en un espacio pequeño durante largos periodos de tiempo haciendo siempre lo mismo.

Cabin Fever

Es mejor no tener hachas a mano cuando teletrabajes (Imagen de tellmewhat2)

El exponente más significativo de cabin fever es el que sufrió la familia Torrance durante su estancia en el Hotel Overlook en el invierno de 1977, que dio lugar a los hechos narrados por Stephen King en su novela The Shining.

5. Conocer tus objetivos

Por último, pero no por ello menos importante. Para poder Teletrabajar, tienes que saber organizarte. Es decir, tienes que conocer:

  • Cuáles son tus objetivos. ¿Qué es exactamente lo que tienes que hacer? ¿Lo tienes claro? Si está sujeto a interpretación y subjetividad, ¿has aclarado las dudas? ¿Tienes un deadline? ¿Estás de acuerdo con él?
  • Cómo reportar el avance. Eso no quiere decir que tengas que estar diciendo cada hora lo que has hecho. Sólo quiere decir que cuando te pregunten debes ser capaz de responder de forma clara y objetiva el avance en tus tareas, y lo que te queda para terminar.
  • Cómo anticipar las dependencias externas. Si hay factores externos que impiden que tu trabajo avance debes comunicarlos lo antes posible. Si ya es malo ver a gente perder el tiempo en la oficina, piensa en la imagen mental que tendrán de ti tus responsables si saben que no puedes avanzar y además no pueden verte. The Horror.
  • Como saber que has terminado. Debes tener claros los criterios (a ser posible, concretos y objetivos) que usarán tus responsables para validar que has acabado con éxito la tarea que te han encomendado.

No es de extrañar que ese sea precisamente el siguiente Mandamiento.

IX Mandamiento del Teletrabajo: Ten claros tus objetivos, cómo vas a reportar su avance y la forma en que vas a demostrar que los has conseguido.

Exacto. Se lo que estás pensando. Que hemos llegado al verdadero problema: como habrás podido comprobar, la mayoría de las empresas no pueden asumir que sus empleados teletrabajen por su incapacidad organizativa de definirles objetivos concretos, mecanismos de seguimiento y criterios de aceptación.

X Mandamiento del Teletrabajo: Si tu organización no es capaz de definirte objetivos, medir su avance y validar su cumplimiento, es una organización incomplatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.

Fight for your rights (to party)

Espero que ahora que conoces los X Mandamientos del Teletrabajo puedas ser consciente de si eres o no un candidato a realizarlo. ¿Lo eres? El primer paso es saber si eres una persona que ha acreditado ser responsable en el desempeño de tu trabajo. Si no lo eres, no pierdas el tiempo. Yo soy de los que por defecto piensa que las personas son honradas y responsables, salvo que se demuestre lo contrario; pero no todo el mundo es así.

Si en tu empresa no hay un plan de teletrabajo, enhorabuena: creo que en este post tienes los argumentos que necesitas para proponerlo y defenderlo con bastante coherencia. Sin que tu responsable piense que en realidad lo que quieres es quedarte en casa en pijama viendo pornografía (VALE, YA LO HE DICHO)

Sin embargo, no pierdas el tiempo. Ten presente que los X Mandamientos del Teletrabajo se resumen en dos:

  • Si tu trabajo está ligado a la ubicación física desde donde se realiza, es incompatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.
  • Si tu organización no es capaz de definirte objetivos, medir su avance y validar su cumplimiento, es una organización incomplatible con Teletrabajar. Punto. No le des más vueltas.

Ya me contarás.

El Hospicio y la Charcutería

Es una lata el trabajar

Ya lo decía Luis Aguilé, el hombre de las corbatas imposibles: trabajar es una lata. Lo más seguro es que todos hayamos pasado en algún momento por tener esa percepción de nuestro trabajo. Sin querer ser exhaustivo, hay muchos motivos por los que se te puede hacer insoportable tu curro. Por ejemplo:

  • que tu trabajo esté por debajo de tu cualificación, de manera que no te resulte interesante lo que haces. Tus días son una sucesión interminable y aburrida, deseando que algo cambie para tener algún mínimo reto que saque esa faceta del ser humano que nos diferencia de los animales. Que nos gustan los desafíos, vamos.
  • o podría ocurrir lo contrario, que tu trabajo esté por encima de tus posibilidades, y te sientas permanentemente sobrepasado por las circustancias, siendo consciente de que la estás cagando una y otra vez y sepas que antes o después, van a empezar a hacerte preguntas para las que no tienes respuestas.
  • también puede que no recibas a cambio de tu trabajo lo que esperas, porque te pagan menos que a las personas a las que resuelves la papeleta, o porque otros se apuntan tus éxitos, o porque no tienes la certeza de que mañana vaya a funcionar la tarjeta de control de acceso.
  • o quizá tu trabajo te está obligando a renunciar a otras facetas de tu vida, como tu familia, tus amigos o tus aficiones. (En realidad deberías saber que la mayoría de las veces no es tu trabajo, es tu incapacidad para organizar tu tiempo aunque si eres de Huelva y aceptas un trabajo en San Sebastián es normal que veas menos a los amigos del barrio)

Entre todos los motivos sin duda aparece, no sabría muy bien en qué nivel de importancia, el ambiente. Al fin y al cabo, el ambiente determina tu entorno y sus reglas. Te guste o no, lo creas o lo dudes, un trabajo es más que dedicarle ocho horas al día a algo a cambio de un sueldo a fin de mes. No es sólo el qué haces, sino dónde lo haces, cómo lo haces y con quién. La mala noticia es que en el hipotético caso de que no reviente el tema de las pensiones, vas a tener que trabajar 37 años para poder jubilarte. Tenemos tiempo más que de sobra por tanto para aprender a dar importancia a aspectos como la capacidad de desarrollarnos profesional y personalmente, los compañeros, o los valores de la empresa.

Hooters

Trabajar en las cocinas es muy duro, pero no sabemos por qué en Hooter’s siempre hay lista de espera (Imagen de Bristol Motors Speedway & Dragway)

Hace un tiempo publiqué «De Cárceles y Guarderías«, un artículo donde exploraba un par de ambientes laborales, y gracias a vuestros comentarios y opiniones en el blog y las redes sociales, hoy vamos a acercarnos a dos nuevos ambientes: El Hospicio y la Charcutería.

El Hospicio

Muchos me habéis descubierto el auténtico Horror Dickensiano que es El Hospicio. No en vano, se trata de la combinación de la Cárcel y la Guardería. Aunque muchas personas me habían apuntado la existencia de este ambiente, el que le ha puesto nombre ha sido Julián Rodríguez González en LinkedIn

Creo que hay un tipo más de ambiente de trabajo que mezcla lo peor de la cárcel (Nadie quiere estar, Cada día es igual que el anterior, hay guardianes) y de la guardería (llorar, patalear, cagarse encima y montar el número para que le atiendan) ¿sería un hospicio? El caso es que si a la presión y agobio de la cárcel le unes el tratar a las personas como niños que no se enteran ni saben lo que quieren hasta que lloran, obtienes una bomba que cuando se detona (mejora de perspectivas de trabajo) estalla como una fuga de personas, no solo de talento, llevándose por delante a la empresa.

Recordemos que en una guardería los niños se lo pasan teta. Allí tienen sus amigos con los que juegan o se atizan (según el día), les dan de comer, se echan sus siestitas y todavía les da tiempo a aprender las formas, los colores, los números y las letras. Incluso palabras sueltas en inglés.

Hospicio

Sólo Stephen King pondría un orfanato en una isla

No hay mucho más que añadir, amigos. Que yo sepa, sólo hay dos tipos de novelas ambientadas en orfanatos:

  • Historias de superación personal, en las que el niño, salvando toda clase de pruebas y aventuras, consigue una familia que le adopta y le proporciona una vida llena de afecto, atenciones y por qué no decirlo, bienes materiales. Con el paso del tiempo, olvida su triste pasado y se convierte en un respetable miembro de la sociedad que ayuda a otros huerfanitos.
  • Historias de survival horror o terror gótico, donde el niño tiene que salvar su vida a costa de ver cómo sus mejores amigos acaban descuartizados; sólo para poder acallar sus pesadillas en una vida de alcoholismo. Suele haber varias secuelas, porque los malvados siempre pertenecen a Sociedades Secretas perfectamente organizadas.

Sea cual sea tu estilo favorito, el mensaje es claro: tienes que salir del Hospicio.

La Charcutería

No pensaba escribir sobre la Charcutería, ya que al fin y al cabo, no es un ambiente en sí mismo. La Charcutería es un modelo de negocio que incluso puede ser rentable. Por sorprendente que parezca, una Charcutería puede resultar atractiva no sólo para el charcutero sino también para el salami.

Consultoria

«Sí, esos consultores tienen buena pinta, pero hoy me llevaré panceta» (Imagen de Daquella manera)

Aunque «Body Shopping» es un anglicismo que suena a teletienda, hay otros nombres más castizos como «Cárnicas», «Charcuteras» o «Consultoras», con los que se conoce a las empresas cuyo modelo de negocio consiste en mover profesionales de un sitio a otro, poniéndoles a disposición de un responsable de proyecto o de área, sin tener ninguna clase de responsabilidad o interés sobre los objetivos de su trabajo. Las personas se reducen a un catálogo de habilidades más o menos demostrables, y sus correspondientes tarifas, exactamente igual que ocurre en una agencia de novias rusas.

Es difícil definir el ambiente en una Charcutería, porque muchas veces ni siquiera existe:

  • La visión del ambiente que tienen dos trabajadores de una Charcutería rara vez coincide, ya que depende del cliente en el que hayan caído. A veces el cliente sólo es alguien a quién no le dejan contratar su propio equipo por motivos que sea, así que tiene que trabajar con personal externo. Otras veces, el cliente es un tirano esclavista que trata a las personas como si fueran basura. Pero esto no es algo exclusivo de las Charcuterías, pasa hasta en las mejores familias.
  • Las condiciones económicas tampoco necesariamente coinciden; todo el mundo sabe cómo funciona el modelo de la consultoría así que muchas veces el salario de las personas depende de lo que un cliente esté dispuesto a pagar por ellas (esto no ocurre por ejemplo con las novias rusas, enamorar a Sasha le va a salir igual de caro a un inglés que a un alemán)
  • Dado que los proyectos nunca se hacen en responsabilidad por parte de la empresa, no es necesaria una vinculación con la misma. Al fin y al cabo, si no hay compañeros, ni hay responsables, ni hay subalternos; si no conozco la oficina; y si el correo electrónico me lo pone el cliente, la empresa no deja de ser simplemente un encabezado en la nómina.
  • Al estar ligado el trabajo a la posición en un cliente, cuando esta desaparece, lo más probable es que el trabajo desaparezca. Como el modelo no es aportar soluciones, sino aportar personas, cuando éstas dejan de ser necesarias, adiós muy buenas. Aunque puede darse el caso contrario, estancamiento profesional por no cambiar de cliente. Ahora mismo no sabría decir qué es peor.

En fin. Éste no es el momento para alabar ni para criticar el modelo de la Charcutería, sólo estamos hablando del ambiente laboral. Como todo en esta vida, cada cual habla de la fiesta según le ha ido. Por cada persona que se lamenta del precio al que compró su casa durante la burbuja, hay otra que sigue brindando recordando sus beneficios. Conozco personas que se han labrado un sueldo a base de saltar de empresa cada dos años al mejor postor, ¿quién soy yo para criticarlo?

Enter Darwin

Hay dos clases de personas: aquellas que dejan que alguien les cuente las reglas del juego, y las que se toman la molestia de leerlas. Conocer las reglas, y sus lagunas, suele ser la clave para ganar; y en lo que a carrera profesional se refiere, no conozco a nadie que quiera «perder» o «empatar».

Darwin

Darwin & sons (Imagen de The PIX-JOCKEY)

Todos sabemos que la selección natural nos cuenta que las condiciones del ambiente favorecen o dificultan el éxito en la reproducción de los organismos vivos según su capacidad de adaptación al mismo.

No es la especie más fuerte la que sobrevive, tampoco es la más inteligente la que sobrevive. Es aquella más adaptable al cambio (Charles Darwin)

Si Darwin levantase cabeza, seguro que te daría unos cuantos consejos:

  • En la Guardería, asegúrate de ser el cabronazo que más llora y patalea.
  • En la Cárcel, hazte los tatuajes de la banda dominante y una vez dentro, neutraliza a su jefe para ocupar su puesto.
  • En el Hospicio, tendrás que ser el adorable pillastre más listo que chulee a los demás.
  • Y en la Charcutería, el filete más jugoso del expositor.

Aunque yo personalmente te diría que aproveches la primera ocasión que tengas para largarte. Pero esa es sólo mi opinión. ¿Estás aplicando el Darwinismo? ¿O estás actualizando tu curri?

Delegar es Hacer Más Cosas

El infierno son los otros

Hace días vimos que el principal motivo por el que nos cuesta lograr nuestros Objetivos es una gestión ineficaz del tiempo, sobre todo porque nos dedicamos a hacer cosas que son Urgentes para otra persona pero No Importantes para mí. Hay muchos términos técnicos que definen este tipo de tareas: «movida», «fuego» y «marrón» (la más habitual). Dejar que esas situaciones dirijan nuestra actividad profesional acaba suponiendo que las tareas que nos hemos fijado para conseguir Nuestros Objetivos no avancen. Si nuestros objetivos no avanzan pero estamos todo el día haciendo cosas, tendemos a sentir  frustración personal y sensación de pérdida de tiempo.

Bien, admitamos que salvo las setas, todos tenemos Objetivos en la vida y lo más normal además es que estemos tratando de conseguirlos. Siento si lo que os voy a decir suena crudo, pero todos somos herramientas para que otros consigan sus objetivos en el ámbito laboral (en el personal también, pero esto no es un consultorio sentimental)

En una empresa hay tres tipos de relaciones: la del de arriba con el de abajo, la del de abajo con el de arriba, y las de los que están a los lados. Todos tienen sus objetivos. Todos tienen muchas cosas que hacer. Todos tienen poco tiempo. Exacto: una oficina es un lugar lleno de gente dispuesta a encalomarte sus marrones como te descuides.

Boba Fett

«Me levanté un momento a la máquina del café y ¡BANG! me enmarronaron» (Imagen de Stéfan)

La buena noticia es que si nosotros, con nuestro trabajo, hacemos que otras personas consigan sus objetivos, ¿será posible a su vez que otras personas con el suyo nos ayuden a conseguir los nuestros? Supongo que sabéis que la respuesta es , lo que pasa es que a lo mejor no sabéis cómo lograrlo.

Delegar es Hacer Más Cosas

Si tuviera que hacer un ránking sobre las palabras más gastadas, pisoteadas, manoseadas y prostituídas del ámbito laboral, supongo que tendría que echar a cara o cruz si la número uno es «DELEGAR» o «TALENTO». Delegar es traspasar a otra persona la realización de una tarea para conseguir unos objetivos.

A través de la delegación, conseguimos centrar nuestro tiempo en actividades que consideramos Urgentes e Importantes, o No Urgentes pero Importantes; siendo la palabra «Importantes» el factor común. No podemos Delegar aquello que es Importante para nosotros. Tengamos en cuenta que DELEGAR no es COMPARTIR, ni AYUDAR ni COLABORAR.

  • Las actividades que son Importantes para nosotros, tenemos que hacerlas nosotros. No necesariamente tenemos que hacerlas solos, lo mismo tenemos que buscar a alguien que Colabore o nos Ayude.
  • Las actividades Urgentes que no son Importantes, las tienen que hacer otros. Otros en los que delegamos. A los que podremos Ayudar, etc.

Si ejercemos una delegación efectiva, compartimos parte de nuestro ámbito de trabajo con otras personas, por lo general, debajo de nosotros en el escalafón de la organización. Así que Delegar es hacer más cosas, porque te permite dedicar tu tiempo a aquello que es Importante para ti, a estar más cerca de tus objetivos personales. Pero ademas, Delegar hace que otras personas crezcan profesionalmente.

Robin

«Caracolas, ¿qué no me dijo Batman que podría aparcar el Batmóvil?» (Imagen de bounce)

Efectivamente, cuando delegamos, no sólo conseguimos invertir mejor nuestro tiempo; además desarrollamos y formamos a nuestros colaboradores en aspectos en los que quizá no se sientan cómodos, o no sean su labor habitual. Les obligamos a resolver problemas nuevos, problemas diferentes. Les hacemos pensar. Habrá excépticos que se rían de esto, pero Delegar aumenta la motivación de los profesionales porque les permite asumir nuevos retos y tomar nuevas decisiones (imagino que habrá personas que no quieren asumir nuevos retos ni crecer profesionalmente, pero ese es su problema)

Qué coño, en todas las empresas debería haber alguien asegurándose que todo el mundo delegase algo cada cierto tiempo. Menos los becarios, claro. Los becarios deberían ser auténticos yonkis de la delegación, deberían ir por los pasillos buscando gente a la que quitar marrones de encima para hacerlos ellos. Y así, de abajo a arriba. Yo siempre he pensado mi trabajo consistía en resolver los problemas de mi jefe.

En fin, personalmente creo que Delegar es una de las mejores prácticas de gestión de todos los tiempos, algo que se debería enseñar en las Universidades y en las Escuelas de Negocio. Delegar es uno de los principios de la gestión del tiempo. Pero para que funcione, hay que saber cómo.

Los principios de la Delegación

Si Delegar fuese fácil, no habría necesidad de pasarse un domingo por la tarde escribiendo sobre ello. Hay algo esencial para Delegar, tanto, que merece ser enunciado como una Ley Natural.

Primera Ley Natural de la Delegación: Se Delega la AUTORIDAD, pero nunca la RESPONSABILIDAD

Esto es importante. La Responsabilidad sobre la tarea y sus resultado siempre es nuestra. Lo que delegamos es la autoridad para que otra persona la haga en nuestro nombre. Por eso, cuando delegamos, es fundamental que junto con la autoridad para realizar una tarea, nos aseguremos de haber transmitido los Objetivos de la misma. Es decir, la persona tiene que tener claro qué debe lograr y cómo saber si lo ha logrado. Pero qué va a hacer para conseguirlo es asunto suyo, debe tener la capacidad de decidir la forma en que va a asumir ese trabajo, de elegir los medios que va a emplear y la forma de emplearlos.

Segunda Ley Natural de la Delegación: Define claramente el OBJETIVO y la forma de medir su CUMPLIMIENTO

Cuando delegamos, estamos cediendo a otra persona la capacidad de toma de decisión según sus propios principios. Por otra parte, al Delegar también es importante que establezcamos las reglas de la delegación, la forma en que vamos a medir los resultados y los puntos de control que vamos a fijar para comprobar el avance. Esto es muy importante, porque al Delegar no nos estamos deshaciendo de una tarea. Hemos dicho que Delegar supone entregar la Autoridad para hacer un trabajo, pero la Responsabilidad de que se lleve a cabo con éxito sigue siendo nuestra.

Tercera Ley Natural de la Delegación: Cuando delegamos, no perdemos el control de la tarea; porque DELEGAR no es lo mismo que ABDICAR

Por último, recuerda que para que la delegación sea efectiva y permita que las personas se desarrollen, tienes que dejarles que tomen decisiones. La persona en la que le delegues tiene que hacer las cosas a su manera, como considere que es correcto; y tú tienes que marcarte puntos de control para ver si lo está haciendo bien. O para ayudarle si te lo pide. Pero no caigas en la trampa de decirle a la persona cómo tiene que hacer su trabajo.

Cuarta Ley Natural de la Delegación: No existe la Delegación sin Autoridad

Si le dices a la gente cómo tiene que hacerlo le estás quitando autoridad, te estás cargando todos los efectos beneficiosos de su crecimiento porque estás convirtiendo a alguien en el Chico de los Recados, y nadie quiere ser el Chico de los Recados.

Al Capone

Al Capone empezó siendo el chico de los recados de Johnny Torrio (Imagen de The-Lane-Team)

Tres motivos por los que no delegamos

Si Delegar es tan bueno para ti, y tan positivo para tus colaboradores, ¿por qué no lo haces? Principalmente, por tres motivos, todos ellos relacionados con tu inseguridad personal.

  1. No delegas porque las personas que trabajan contigo no están capacitados para hacer el trabajo. Esto es lo mismo que pensar que las personas que te rodean son básicamente un hatajo de inútiles. Al fin y al cabo, el único que sabe cómo se hacen bien las cosas eres tú, los demás no tienen ni puta idea. Y no tienes tiempo de explicarles cómo lo tienen que hacer, estás muy liado. La van a cagar y luego te va a tocar a ti arreglarlo. Y ya sabes lo que dice el refrán, «si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo». El primer motivo para no Delegar es que no confías en la gente con la trabajas. Debe ser bastante triste trabajar con gente en la que no confías. ¿Por qué lo haces? Deberías buscar gente nueva. Aunque claro, a lo mejor es más fácil que seas tú el que cambies de empresa.
  2. No delegas porque tienes miedo a ceder Autoridad. Crees que Delegar es perder poder. En ese caso, deberías reflexionar sobre el capítulo anterior. Cuando delegas no pierdes la responsabilidad sobre la tarea; mantienes el control de la misma, eres el que dice lo que hay que hacer, el que determina si se ha conseguido, y al que reportan cada cierto tiempo. Además, ¿qué necesidad tienes de tener poder sobre cosas que No Son Importantes?
  3. No delegas porque no sabes organizar el trabajo de otras personas. No sabes explicarles qué tienen que hacer, ni sabes determinar cómo van a conseguir su trabajo, ni eres capaz de organizarte para medir el seguimiento. Tienes miedo de que al Delegar no vas a saber conseguir que otras personas alcancen los objetivos que les planteas, o que lo hagan de otra manera diferente a la tuya. De otra manera mejor. Tienes miedo de que te dejen en entredicho. No quieres dar oportunidades a otras personas no sea que brillen más que tú. Cuando en realidad, si lo piensas bien, cuando delegas refuerzas tu liderazgo, porque precisamente cuando las personas crecen y desarrollan sacan lo mejor de sí mismas. Y eso ocurre gracias a ti.
Von Karajan

Herbert Von Karajan no lo hubiera logrado sin la Orquesta Filarmónica de Berlín (Imagen de music2020)

Por si acaso te queda alguna duda, recuerda que el motivo subyacente de la delegación es puramente egoísta: vas a Delegar las tareas Urgentes pero No Importantes, aquellas que hacerlas no te aportan valor y que te alejan de tus Objetivos. La próxima vez que tengas la oportunidad de hacerlo, delega. Aunque sea, hazlo por ti.

Empresas Z

Empresas Z

Derribaré las Puertas del Inframundo,
destrozaré los postigos de las puertas, y las derribaré,
y dejaré que los muertos suban para comer a los vivos
¡Y los muertos superarán en número a los vivos!

Poema de Gilgamesh, Tabla VI, Siglo XVIII Antes de Cristo

¿Habías llegado a imaginar que hace como 4.000 años que el ser humano conoce el concepto Zombie? O al menos que hay constancia escrita de ello. Eso me hace pensar que es algo inherente a nuestra naturaleza, forma parte de nuestra carga genética. Está codificado en nuestro ADN, posiblemente cuando nacemos tengamos que aprender cuatro cosas básicas: a obtener alimento, a dormir de noche, a hacer nuestras necesidades y a temer a los no-muertos.

Yo, porque soy un romántico, me siento más cómodo con la imagen clásica del Zombie. La de un cadáver animado, devorador de cerebros, que se mueve lenta pero inexorablemente. Sin prisa. Pero sin pausa. Un Zombie no tiene otra cosa mejor que hacer que perseguir a los vivos para alimentarse de ellos. Hay dos conceptos clave para entender la problemática Z: uno es el concepto del hambre. Los Zombies están permanentemente hambrientos, nunca quedan saciados. Todas las acciones de un Zombie están motivados por el ansia de devorar cerebros. El otro concepto clave es el contagio, que hace que sea estadísticamente imposible la supervivencia: es sólo una cuestión de tiempo.

De hecho, uno de los momentos clave en cualquier serie-película-novela-relato Z es aquél en el que los supervivientes se plantean si merece la pena seguir luchando o es mejor rendirse.

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Bueno vale, pero mordedme flojito, chicas (Imagen de stinkiepinkie_infinity)

Origen

La primera vez que oí hablar de Empleados Z fue en el año 2009. Parece mentira que hayan pasado 4 años, pero por aquella época estábamos empezando a sufrir los efectos de La Crisis. Muchas empresas comenzaban a asumir la necesidad de hacer ajustes, de hacer sacrificios, de recortar gastos, de concienciear que había que remar en la misma dirección, etc. Sin embargo, había empleados que preferían pasar del tema como si la cosa no fuera con ellos. Se conformaban con ir a la oficina a calentar el sitio, mientras sacaban la calculadora y hacían las cuentas de cuánto les iba a tocar en concepto de indemnización por despido. O en enterarse de si se podrían acoger a un ERE. En definitiva, se dedicaban a esperar a ver si les tocaba un pellizco y se podían pasar un par de años sabáticos.

Surgía así un perfil de empleado al que le daba igual su carrera profesional o su empleabilidad, acudía al trabajo con el piloto automático, por costumbre, perdía el compromiso y el interés por su ámbito de responsabilidad, y entraba en una espiral de apatía que podía llegar a ser contagiosa.

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Up or Out or Zombie (Imagen de bionicteaching)

Sin embargo, el problema de la zombificación no es exclusivo de las personas. También ocurre con las empresas.

El primer síntoma es que la responsabilidad se diluye en burocracias, Comités y tomas de decisión en modo asamblea. Cuando un manager deja de tomar decisiones, la empresa empieza a dejarse llevar por la incercia; para bien o para mal, liderar es tomar decisiones y sobre todo, hacerse responsable de las mismas. Sin embargo, en un Comité nadie es reponsable de nada; la responsabilidad es de un ente abstracto en el que las personas que lo forman desaparecen porque las decisiones se toman por acuerdo de la mayoría.

El proceso de zombificación de una empresa es lento. Comienza generalmente cuando un Responsable decide que está fatigado o quizá harto de tomar decisiones, y de explicarlas. Así que decide compartir esta carga creando un Comité. A priori parece una buena decisión: implicar a más personas en el proceso de toma de decisión, compartir la visión de la organización, dar visibilidad global…No os dejéis engañar, el comité es la Anti-Delegación.

  • Delegar es hacer más cosas. Y dar espacio a otras personas para que se desarrollen.
  • No Delegar significa centralizar la toma de decisión y la realización de tareas, en la creencia de que sólo uno mismo está capacitado para hacerlo (porque admitámoslo, los que me rodean son unos incompetentes que no se enteran y siempre me toca hacerlo todo a mí)
  • Pero un Comité es Anti-Delegar. No sólo se impide que las personas tomen decisiones en el ámbito de su responsabilidad, sino que se les imponen las decisiones que han tomado de manera mancomunada un equipo de personas. Personas que luego no van a estar necesariamente implicadas en la ejecución.

Es fácil rastrear el origen de la zombificación de una empresa: basta con buscar el primer mail corporativo comunicando que se ha creado un Comité del Cambio.

Contagio

Como no puede ser de otra forma, el contagio comienza desde el mismo momento en que se acepta que dentro de una empresa hay un entorno en el que nadie es responsable de la toma de decisión, ni de las consecuencias positivas o negativas de las mismas.

A partir de ahí se crea rápidamente una cultura de desapego en los managers y su función principal, que no es ni más ni menos, que el ejercicio de su responsabilidad. Obviamente, todo empleado tiene una responsabilidad sobre su trabajo por la mera existencia de su contrato; pero lo cierto es que la principal razón de ser de la gerencia y los mandos intermedios es precisamente la toma de decisiones y el ejercicio de la responsabilidad.

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Da igual el modelo matemático que utilices, al final la población humana tiende a cero (Imagen de Thierry Ehrmann)

En una Empresa Z, los managers poco a poco dejan de sentirse afectados por la toma de decisiones. La velocidad en la que este contagio se produce puede variar según el tirón que tengan las tres formas más habituales de contagio:

  • El contagio directo. Es decir, el de aquellas personas que son incluídas en un Comité. Un Comité puede ser formal o informal. Es formal cuando tiene sus propias siglas, una cuenta de correo corporativa y una frecuencia predefinida con la que se reúne. Pero también existen los Comités informales, llamados también Asambleas. Las Asambleas surgen de manera espontánea y su existencia está por lo general limitada a la toma de una decisión concreta; una vez que se produce, la Asamblea se disuelve.
  • El contagio derivado. El de aquellas personas cuyas acciones empiezan a estar regidas por un Comité del que no participan. Cuando un manager se ve privado de su responsabilidad, se convierte en un mero intermediario: puede llegar a transmitir los mensajes de la Gerencia y avisar de los riesgos del día a día (en proyectos y demás). Pero en el primer caso, se distancia del mensaje porque es lo más cómodo; y en el segundo se distancia de la solución porque la decisión la tomará otro, por tanto, él no es responsable de la misma.
  • El contagio inferido. Aquellas personas que ven que las acciones a su alrededor empiezan a estar regidas por un Comité o una Asamblea, y entonces deciden que las suyas también porque les resulta más cómodo. Es una forma malévola de contagio derivado.

Cuando comienza el Contagio, sólo la amputación de los miembros infectados puede impedir el Apocalipsis.

Apocalipsis Z

No lo olvidemos, de la misma manera que un Zombie es un no-muerto, una Empresa Z no está viva, ni ha cerrado. Está en un estado intermedio. Una Empresa Z puede seguir andando, quizá dando tumbos renqueantes. Como en toda obra Z que se precie, la fase de Contagio y el titubeo que le sigue, es la antesala de la fase de Apocalipsis. En un Apocalipsis Z el mundo se viene abajo cuando todo lo que dábamos por cierto deja de existir, y las personas se ven abocadas a luchar por la supervivencia.

Lo peor de una Empresa Z es que acaba con sus empleados. En primer lugar, les condena irremediablemente a la mediocridad. No deja de ser una espiral autodestructiva. Como todo el mundo sabe, las personas con Talento son las primeras en salir de una Empresa Z. Por tanto, el Talento global de la organización disminuye. Al crecimiento de la mediocridad global se suma el aumento de la burocracia, de forma que la Empresa se colapsa de personas que ni tienen capacidad ni ganas de tomar decisiones, que empiezan a formar parte de Comités en los que se perpetúa precisamente la falta de decisión.

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Pon a salvo tu Cerebro (Imagen de Harrattan Parhar)

Pero no es sólo que se condene a la mediocridad a los Empleados. Es que se devora a aquellas personas que consideran que hay otra manera de hacer las cosas. Una Empresa Z es profundamente cainita. Cuando reina la apatía, la mediocridad y el desapego, lo fácil es anular a las personas que destacan. Las Empresas Z se alimentan de cerebros a los que impide crecer y desarrollarse, generando una cultura gris que destruye la innovación. No sólo la destruye, a veces incluso la persigue, la acorrala y la castiga.

¿Qué hacer para sobrevivir al Apocalipsis Z? ¿Hay una cura? ¿Merece la pena luchar por ella? ¿Hay que huir a la primera ocasión que se presente? Todas esas preguntas tendrán su contestación en la Guía de Supervivencia en la Empresa Z

De Cárceles y Guarderías

Los ladrones van a la Oficina

40 horas a la semana. 160 horas al mes. 1760 horas al año. Una persona que tenga la suerte de trabajar desde los 25 hasta los 65 años pasará más de 70.000 horas de su vida en una oficina. Míralo de otra manera: si el día tiene 24 horas y trabajas de 9 a 18:30, estás la tercera parte del día en una oficina. No se a vosotros, pero lo que es a mí, si voy a pasar la tercera parte del día en un sitio espero que sea un lugar agradable donde me lo pase bien. Porque si no, sinceramente, vaya asco.

The Office

Nos pensamos que lo de llamar a un bar «La Oficina» se lo inventaron Mortadelo y Filemón (Imagen de SteveInLeighton)

El otro día describí que el ambiente de trabajo en MediaNet era un «entorno joven y dinámico«, y un compañero comentó que con el paso del tiempo «cada vez te hace menos gracia leer entorno de trabajo joven». Así que he adelantado una entrada que tenía pendiente sobre los entornos de trabajo carcelarios para comentar por qué a mí me gusta trabajar en un ambiente «joven y dinámico».

El entorno carcelario

No se de nadie que haya estado en el talego, pero he leído algunos libros y he visto suficientes películas como hacerme una idea de cómo es la vida en una cárcel. Y la verdad es que una cárcel puede tener muchos paralelismos con una oficina. Más de los que imaginas. Y no me refiero a lo de las duchas, que yo respeto todo lo que hacen dos o más adultos de forma consentida.

Jailhouse Rock

«Number 47 said to number 3: You’re the cutest jailbird I ever did see» <- EXACTO (Imagen de erjkprunczyk)

Muchas personas trabajan en una cárcel y no lo saben. Echa un vistazo a tu alrededor, sabrás que estás trabajando en un ambiente carcelario gracias a los siguientes síntomas:

  • Nadie quiere estar en una cárcel por su propia voluntad, la gente está allí porque no les queda más remedio.
  • En una cárcel no puedes hacer lo que quieres. Tienes que hacer lo que te toca.
  • Cada día es igual que el anterior. Tu vida es absolutamente rutinaria. Salvo que hagas el túnel por debajo de la enfermería y consigas salir.
  • Existen grupos y castas donde no es fácil entrar y de los que no se puede salir. Grupos cerrados, como «Nuestra Familia», «La Hermandad Aria», «Los de Sistemas» o «Los de Redes». La rivalidad entre estos grupos puede desembocar en apuñalamientos en el patio, o cosas peores, como el boicoteo sistemático de proyectos e iniciativas.
  • Hay guardianes que supervisan el trabajo de los reclusos, y ejercen de árbitros inmisericordes, auténticos dueños de la razón, del bien y del mal.

Pero si hay una característica definitiva de los ambientes de trabajo carcelarios es el concepto de «favores«. Efectivamente, en el talego tu vida es más sencilla si le haces un favor a alguien. Por ejemplo, puedes conseguir un trabajo en la biblioteca si le das a alguien cigarrillos; o puedes conseguir un retrete con tapa si le haces a alguien un pincho con la patilla de tus gafas; o puedes conseguir una ampliación de memoria o que te cambien el PC si eres amigo del que hace los pedidos.

Yo personalmente odio las organizaciones en la que los procesos funcionan o dejan de funcionar según lo bien que le caigas a la persona que los realiza. No sólo porque no sea efectivo, eficaz o sea injusto; es que dotar a las personas de esa capacidad me parece un síntoma inequívoco de que la empresa no está pensando en grande.

El entorno de la guardería

Cada vez que oigo a alguien en un ambiente teóricamente profesional decir la frase «el que no llora no mama» me subo por las paredes. Os juro que me dan taquicardias. Se me hincha la vena del cuello. Supongo que si la sigo oyendo de aquí a un par de años me pondré verde y me arrancaré la ropa, como Hulk.

Llorones

Ahí les tenéis, tranquilitos esperando a su revisión anual (Imagen de Herkie)

Si para que un profesional arregle un problema, el que sea: un cambio de proyecto; que le mejoren el equipo; que le suban el sueldo; que le den más responsabilidad; me da lo mismo, si alguien tiene que llorar, patalear, cagarse encima y montar el número para que le atiendan, entonces estás trabajando en una guardería. No se cómo decirte que si tienes más de 3 años no deberías estar en una guardería.

Como profesional, no te interesa, la verdad. Tienes que exponer tus necesidades, obviamente. Tienes que usar los canales que tengas a tu disposición para trasladar el mensaje de que tienes una demanda que necesita ser atentida. Exponerla de manera racional, clara y concisa. A ser posible, atendiendo a factores objetivos, contrastables y medibles. Y una vez expuesta, tienes que esperar la respuesta de la empresa y actuar en consecuencia. Creo que esa es la forma en la que los adultos tratan estas cosas.

No confío en las empresas en las que para que solucionen tus problemas tienes que presentar una carta de baja. Es un modelo de gestión reactivo, en el que si no te quejas no existes, en el que sólo arreglo tu problema si pone en peligro los intereses de la empresa. Porque casualmente hay personas adultas que hace muchos años salieron de la guardería. Y no quieren tener que llorar y patalear para que les escuchen: directamente se van a otro sitio. Efectivamente, el ambiente de trabajo de la guardería, donde «el que no llora no mama» favorece los desequilibrios, las injusticias, y sobre todo, favorece la fuga de talento.

El Ambiente Joven y Dinámico

¿Qué es para mí un ambiente de trabajo Joven y Dinámico? Desde luego no tiene que ver con que las personas tengan de media 28 años, lleven la camisa por fuera y salgan de cañas los jueves. Menuda chorrada. Sobre todo porque con la edad, uno acaba por meterse la camisa por dentro y querer irse corriendo a casa a estar con la familia.

Cool Office

No es sólo una cuestión de imagen, es una cuestión de confort (Imagen de chrisjagers)

Para mí un ambiente de trabajo Joven y Dinámico es aquél en el que:

  • Las personas están allí porque quieren. Porque han elegido hacerlo. Y por eso hay un compromiso, tanto de los trabajadores con sus tareas, como de la empresa con sus trabajadores.
  • Existe la iniciativa, se pueden exponer abiertamente las ideas y sobre todo, te puede tocar tirar de ellas porque resulta que son positivas y alguien tiene que hacerlas.
  • Se favorece el aprendizaje, nadie ha tocado su techo de conocimiento. Hay un espíritu constante de probar nuevas posibilidades, nuevas tecnologías, nuevas formas de trabajar o de resolver problemas. Las cosas son así porque nadie ha encontrado todavía una forma mejor de hacerlo.
  • Hay camaradería, cualquier persona deja lo que está haciendo por ayudar a un compañero que tienen un problema.
  • Existe el crecimiento personal/profesional. Personalmente creo que el ser humano se diferencia de los animales principalmente porque tiene una necesidad intrínseca de resolver desafíos que ponen a prueba su capacidad.

Por otra parte, es sencillo definir un ambiente Joven y Dinámico por contraposición a un ambiente Gris. En un ambiente Gris la burocracia mata la iniciativa y la innovación, las personas se centran exclusivamente en sus propios problemas, las cosas son así porque siempre lo han sido, no hay oportunidad para el desarrollo personal / profesional, etc.

Total. Que yo no se a vosotros, pero a mí me gusta trabajar en un ambiente Joven y Dinámico. Por su puesto, cada persona tiene su propia percepción del ambiente en el que trabaja. ¿Estás en el talego? Pues entonces más te vale que intentes escapar. ¿Trabajas en una guardería? Asegúrate de llevar dodotis y polvos de talco. ¿Cuál es tu ambiente de trabajo?

La Tiranía de lo Urgente

Lo Urgente es enemigo de lo Bueno

Teníamos un poco abandonado esto de la gestión del tiempo. Hemos estado dándole muchas vueltas a un tema recurrente, que es aprender a definir lo que es Importante. Por si te lo has perdido, lo puedes leer aquí, aunque el resumen básicamente es:

  1. tener claros nuestros objetivos. «Qué queremos hacer.»
  2. tener claras nuestras tareas. «Cómo vamos a conseguirlo.»
  3. tener claras nuestras prioridades. «Cómo saber si tengo o no que hacer algo.»

Bueno, todo esto nos sigue adentrando en la reflexión de cómo aprovechar mejor el tiempo. Mejor ¿desde qué punto de vista? Desde el tuyo, obviamente. Aprovechar mejor el tiempo no se trata de una cuestión de trabajar más o trabajar menos horas, o de centrarse en la familia, o en los amigos. Una cosa está clara, y es que si dedicamos nuestro tiempo a las cosas que son importantes para nosotros (sean las que sean, que yo ahí no me meto) entonces estaremos contentos porque veremos cómo avanzamos hacia nuestros objetivos. Mientras que si las dedicamos a otras cuestiones que no son importantes para nosotros, nos sentiremos frustrados precisamente por lo contrario. Solamente por haber compartido estas reflexiones y haberos hecho pensar ya podría poner en mi tarjeta que soy un coach (aunque no lo voy a hacer hasta que escriba un libro)

Esperando

Vaya asco de cartas. Si no entra nada urgente en 5 minutos me voy al Club de Oficiales (Imagen de josemite23)

Bien, hemos pensado, hemos definido nuestros Objetivos, tenemos una idea de cómo lograrlos, hemos entrado en un proceso de priorización de nuestras tareas y nos hemos organizado la vida para ser aquello que queremos ser. Y entonces todo se va a la mierda porque sin saber cómo, nos hemos convertido en bomberos.

La Tiranía de lo Urgente

Estoy seguro que quién más quién menos se ha visto sometido por la cruel tiranía de lo Urgente. Tenemos nuestra planificación tareas y prioridades, y de repente algo Urgente (es decir, algo que requiere mi atención) se cuela y desplaza a algo Importante (necesario para que yo cumpla mis objetivos).

Atender cosas Urgentes nos genera una falsa sensación de utilidad. Sentimos que hacemos cosas, que solucionamos problemas, que hacemos que las cosas avancen. Pero ¿qué cosas? ¿qué problemas? ¿Los nuestros? ¿O los de otros? Sí amigos, si vivimos solucionando problemas Urgentes a lo mejor sólo somos máquinas en el engranaje de los objetivos de otra persona. La sensación de frustración y de sentirse utilizado existe por algo. Ser un hamster en una rueda existe por algo. Recuerda: apagar fuegos es lo que tienes que hacer si eres un bombero.

Bombero

Yo aquí apagando fuegos y la compra sin hacer (Imagen de Trico741)

Hay una herramienta muy sencilla para aprender a dar a cada problema la atención que merece. Se llama «Matriz de Eisenhower». Sí, sí, ese Eisenhower. Uno que fue el Comandante en Jefe del SHAEF (Mando Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada), donde sirvieron 8 Ejércitos. No es que fuese un emprendedor ni un gurú, pero reconozco que el tio era un genio planificando, y llegó a Presidente de USA, así que a mí como referencia me vale. La Matriz de Eisenhower es un cuadrado de 2 x 2 en el que se etiquetan las filas y columnas con los rótulos «Importante», «No Importante», «Urgente» y «No Urgente». No sólo nos permite clasificar actividades según el criterio de Importancia y Urgencia, sino que además nos propone cómo encarganos de ellas.

cuadrante

La Operación Overlord era Importante pero no Urgente, por eso tardaron casi 2 años en llevarla a cabo

La idea es básicamente ser capaz cada uno de colocar sus cosas que hacer en una de estas cuatro categorías. Recordemos que «Importante» es aquello que desde tu punto de vista debes hacer para conseguir tus objetivos, y «Urgente» es aquello que requiere tu atención.

  1. Cosas «Importantes» y «Urgentes» pues hay que ponerse a hacerlas. Sobre este punto no hay discusión. La tiranía de lo urgente es un poco más llevadera cuando las cosas son importantes; al menos uno siente que está acercándose a sus objetivos…
  2. Cosas «Importantes» pero no «Urgentes» son aquellas que nos acercan a nuestros objetivos en el medio y largo plazo.  En estas actividades son las que tenemos que trabajar nuestra gestión del tiempo y planificación. Aquí corremos el riesgo de perder de vista las cosas porque no son urgentes, por eso viene bien usar herramientas que te las recuerden, para no dejar que el día a día las entierre. De esta forma, irá pasando el tiempo, y si hemos ido dejando nuestra tarea de lado por otras (o porque hemos estado procrastinando perroneramente) llegará un día en que la veremos amenazadora en el horizonte y o bien nos ponemos a ello, o acabará siendo «Urgente» y se moverá de cuadrante. Siempre y cuando esté recogida en la herramienta de gestión que nos funcione (se llame Evernote, se llame Calendar o se llame Moleskine, pero por favor, que no se llame Post-it) no se nos olvidará y la acabaremos haciendo.
  3. Cosas «Urgentes» pero «No Importantes». Si requieren nuestra atención, pero no son importantes para nosotros, es que lo son para otra persona. Por ejemplo, llamadas telefónicas, mírame esto, oye vente que hay una reunión, etc. Hace falta mucha disciplina para gestionar las tareas que hay en este cuadrante. Supone uno de los grandes temores, que es el miedo a decir «No» (en sus múltiples variantes) Es uno de los «quid de la cuestión» de la gestión del tiempo, desde mi punto de vista: romper la barrera psicológica de decir «No». Obviamente, todo el mundo tiene alguien a quién no se siente cómodo diciendole «No». Un jefe, un cliente, tu pareja, tu madre… Asumo que al cabo del día o de la semana, se me colarán muchas cosas «Urgentes» pero «No Importantes»; pero al final el ser humano es un animal de costumbres. Nosotros nos podemos acostumbrar a decir «Ahora no puedo, estoy terminando (lo que sea)», de la misma forma que los demás se acostumbrarán a que no tenemos ningún problema en ayudar, pero no a cualquier precio. Otra disciplina a ejercitar es la delegación, que consiste en asumir que no es bueno que nos echemos todo a la espalda, pensando que los demás son unos inútiles que no van a saber hacerlo bien. Otro día hablaremos sobre la delegación.
  4. Cosas «No Importantes» y «No Urgentes». También llamadas «ladrones de tiempo». Esas cosas que nos distraen y nos hacen «perder» el tiempo. Una de las premisas de la necesidad de gestionar el tiempo de cada cual es que es limitado, que no tenemos suficiente tiempo para hacer lo que queremos/tenemos. Los ladrones de tiempo son precisamente estas actividades que consumen nuestro tiempo productivo, y nos alejan de nuestros objetivos, produciéndonos además una sensación negativa. Al menos, cuando nos dedicamos a actividades del cuadrante 3 podemos dejarnos llevar por la sensación de que estamos «contribuyendo», no a nuestros objetivos pero sí a otros (los de mi jefe, los de mi cliente, los de mi mujer…) Ejemplos de ladrones de tiempo puede ser: el exceso de socialización (el cafecito, el whatsapp), el exceso de burocracia, creerse que hay que tener el Inbox a 0, etc. Ojo, si te has marcado como objetivo en la vida tener 1 millón de amigos, entonces el tiempo que pasas en Facebook se considera cuadrante 2.

Cambia de Cuadrante

¿Cuanto tiempo pasas en los cuadrantes 3 y 4? Son los responsables de que te metas en la cama y pienses «me he pasado el día ocupado, pero no he hecho nada». O que te quedes currando en la oficina hasta las mil, suponiendo claro que en tu empresa no te obliguen a hacer el trabajo de dos personas, que eso también pasa, jeje. Siempre he pensado que el problema de que obliguen a hacer el trabajo de dos personas suele ser que te paguen sólo el sueldo de una.

Salir de ellos requiere disciplina y fuerza de voluntad. Disciplina porque si no has hecho el ejercicio de saber tus objetivos y cómo vas a conseguirlos, y qué es «importante» para tí, nunca vas a poder salir de las cosas que son importantes para otros… para otros que sí tienen claros sus objetivos y piensan que tú puedes ser un aliado, un facilitador, un peón… Y fuerza de voluntad, para no ceder al chantage emocional, a las ganas de postergar tus actividades, a la pereza, a la falta de interés, y sobre todo, al miedo a que los demás te pongan una cruz cuando vean que no pierdes el culo cada vez que te piden algo.

Disciplina

Parece que alguien necesita un poco de Disciplina (Imagen de Chuckumentary)

Una reflexión sobre este último punto. La vida es una cuestión de equilibrio. A veces tú serás necesario para que otra persona consiga sus objetivos (por ejemplo, que tu jefe tenga material para contar a un nuevo cliente) y otras veces será otra persona la necesaria para que tú consigas los tuyos (por ejemplo, que tu jefe te de un ascenso). Es necesario por tanto buscar ese equilibrio, o al menos tener claro que hay que hacerlo. Como suele decirse sobre los problemas, el primer paso para solucionarlos es reconocerlos.

Una eficaz gestión del tiempo supone trabajar principalmente en el cuadrante 2. Desde mi punto de vista, las personas que se pasan el día en el cuadrante 1, cuando todo es «importante» y «urgente» bien… es porque llevan un uniforme azul, cascos con visera, conducen camiones rojos y en Navidad posan desnudos en un calendario (hay que ver cómo les gusta a los bomberos salir con el culo al aire), o porque no ha hecho una adecuada planificación del tiempo.

¿En qué cuadrante pasas tú la mayor parte de tu tiempo?

Aprende a adquirir nuevos Hábitos

El Hábito no hace al Monje

Todos tenemos nuestros hábitos. Nuestras rutinas. Forman parte de nuestra vida, son conductas que hemos incorporado a nuestro comportamiento, cosas que hacemos sin pensar. Como ponernos el reloj en la muñeca derecha (o la izquierda, según nos guste a cada uno). Nadie se para a pensar en qué muñeca se pone el reloj; la decisión en todo caso es qué reloj concreto ponerse según el día, o la ropa. Sin embargo, nuestros hábitos y nuestras rutinas no son necesariamente positivos. Por eso es importante que podamos elegirlos.

De vez en cuando llegan esas épocas del año en que nos paramos a pensar. Los que tenemos objetivos, hacemos repaso y comprobamos si los estamos alcanzando o no, y nos proponemos acciones de mejora. Los que no los tienen, empiezan a plantearse tener alguno. Y en ambos casos, surge la necesidad de incorporar nuevas conductas a nuestro comportamiento.

Por eso en Septiembre salen las colecciones por fascículos, que nos introducen el hábito de gastarnos 10€ o 20€ todos los domingos durante 6 o 7 meses.

Santísima Trinidad

El Santísima Trinidad, 4 puentes, 140 cañones y 375 fascículos semanales (Imagen de Rafael Gómez http://micamara.es)

Sin embargo, adquirir un nuevo hábito no es sencillo. Requiere:

  • Reflexión personal para identificar aquellos hábitos que deseamos cambiar
  • Interiorizar una declaración del beneficio que esperamos conseguir con el hábito
  • Disciplina para mantener la constancia y no abanadonar durante el periodo de incorporación del hábito

Recuerda: Cuando adquieres un nuevo hábito es posible que necesites saber cómo gestionar tu tiempo. Lo más seguro es que tengas que renunciar a hacer otras cosas que son Menos Importantes. Así que necesitas saber Qué Es Importante.

El proceso del Cambio

Si los gimnasios, academias de inglés y demás tienen un modelo de negocio basado en «pagas 6 meses por menos de lo que te cuestan 2» es por algo. Es porque saben que en realidad vas a dejarlo en 2 semanas. Porque saben que hay un proceso de cambio para la adquisición del nuevo hábito que muy pocas personas llegan a completar. Porque saben que la gente abandona.

Gimnasio

En mi gimnasio hay lista de espera para la matrícula (Imagen de Camping Marjal Costa Blanca)

El proceso de adquisición de un hábito pasa por 4 fases:

  • Duda. Durante la fase de Duda, nos planteamos la necesidad de cambiar alguna de nuestras actitudes, o de incorporar otras nuevas. Es importante que determinemos claramente que el hábito que vamos a adquirir supone una ventaja objetiva y medible en nuestra vida, para no perderlo de vista.
  • Buenas Intenciones. La fase de Buenas Intenciones puede llegar a ser efímera. Hemos decidido empezar a correr y nos hemos comprado unas zapas de 180€, unos pantalones molones, una camisa de esas de no sudar y hemos puesto música motivacional en el iPhone. Además de gastar invertir, en esta fase es muy importante planificar qué espacio va a tener el nuevo hábito en nuestra vida. Por ejemplo, si lo que queremos es salir al monte todos los domingos es importante que reorganizamos nuestra semana y agendas personales para que el domingo por la mañana sólo tenga una cosa que hacer, que sea ir al monte. Si tengo que poner lavadoras o recuperarme de resacas, posiblemente nunca pase de la fase de Buenas Intenciones.

Ley Natural: Ya lo hemos hablado muchas veces: cuando tengas objetivos personales para los que necesites hacer tareas, añádelas a tus calendario, lista TODO, o lo que sea que uses para organizarte, o nunca encontrarás tiempo para hacerlas.

  • Flaqueza. En la Fase de Flaqueza, las viejas rutinas, que permanecían latentes, vuelven con fuerza para decirnos que las echamos de menos. Sabes que antes o después vas a tener una fase de Flaqueza. Puede que no te apetezca salir a correr porque hace mal tiempo, o unos amigos te han llamado para salir. Los factores clave para lograr superar esta fase son: disciplina (tener presente el beneficio esperado), capacidad de planificación (reorganizar tu agenda para buscar tiempo para tu hábito si por lo que sea tienes imponderables) y saber buscar refuerzos positivos. Pueden venir de la mano de desafíos que te planteas, de premios que te das o de la ayuda de personas de tu entorno. Todo muy rollito gamificación.

Ley Natural: No esperes a la vuelta de vacaciones para empezar a adquirir nuevos hábitos. Empieza en vacaciones, precisamente cuando ya de por sí has roto tu rutina, estás en un estado mental positivo y puedes superar más fácilmente la Fase de Flaqueza.

  • Consolidación. Nadie sabe cuánto dura la Fase de Flaqueza. Simplemente un día ya no tienes que hacer un esfuerzo organizativo, mental o de disciplina para lograr repetir esa tarea. ¡Enhorabuena! Has adquirido un nuevo hábito.

Cambia de Hábitos cambiando el reloj de muñeca

Si quieres aprender a cambiar de hábitos, haz el experimento de cambiarte el reloj de muñeca. Es uno de los hábitos más difíciles de cambiar. Alguno me diréis, «nada de eso, dejar de fumar es más difícil». A lo que yo digo, toma claro, y dejar la heroína más difícil todavía. Lo que pasa es que dejar de fumar tiene un beneficio directo para la salud y supone un ahorro para el bolsillo; son dos beneficios objetivos innegables. Sin embargo, cambiar el reloj de muñeca es una gilipollez, por eso es más fácil dejarlo.

Breitling TopTime

Se empieza llevando el reloj en la derecha, y se acaba en una lancha con Martine Beswick (Imagen de DVDBeaver)

Cambiar el reloj de muñeca requiere auténtica disciplina:

  • Cuando te pones el reloj por las mañanas, no piensas en qué mano lo haces: es algo instintivo
  • Si te quitas el reloj para lavarte las manos, cosa que recomiendo para que no se te estropee la correa si es de piel, verás como instintivamente te lo llevas a la mano que no es
  • Tu muñeca se ha acostumbrado al peso del reloj. Cuando te lo pongas en la otra mano, te molestará
  • Escribir, conducir, teclear… son cosas que haces con las manos. Tener el reloj en la otra mano va a hacer que te sientas raro
  • También instintivamente giras la cabeza siempre al mismo sitio para mirar la hora
  • Si como yo, eres un tío elegante, es posible que te hayas hecho camisas a medida con puño francés cayendo en el error de hacer más ancho el puño del brazo del reloj. Si no sabes lo que es el puño francés, ya va siendo hora de que lo sepas.

Son todo problemas que no te aportan ninguna ventaja objetiva. Bueno, sí, te aporta una: demostrarte que puedes cambiar los hábitos que te de la gana.

No estás solo

Por último, recuerda: no estás solo. Las Redes Sociales son un importante catalizador del cambio de hábito. Compartir tus progresos y tus intenciones servirá para recibir refuerzo positivo durante tus momentos de flaqueza. ¿Con quién te interesa compartir tus hábitos? Claramente, con personas que ya los han adquirido, y o bien han pasado por el mismo proceso que tú, pueden inspirarte o pueden reforzarte en la declaración de beneficio objetivo. Por supuesto, habrá  gente a la que no le importe, e incluso les moleste saber que estás adquiriendo nuevos hábitos mientras ellos siguen apoltronados en los suyos. Mejor, un poco de trolling nunca viene mal.

Hay una segunda técnica interesante, la del calendario. Consiste en imprimir un calendario a dos meses vista, y tachar en él los días en los que has conseguido hacer el hábito. Es una técnica basada en la recompensa personal, una especie de gamificación incipiente. A tu cerebro le sienta bien tachar un día del calendario porque has logrado hacer lo que te proponías. Te da satisfacción. Y ver el calendario te ayuda durante la Fase de Flaqueza, es un refuerzo positivo. A través del hábito MacGuffin de tachar días en el calendario, interiorizas el hábito que te habías propuesto.

La tercera técnica que recomiendo es implicar a otra persona interesada en tu proceso de cambio. Es una interesante estrategia, porque da lugar a una dinámica en la que ninguno quiere ser el primero en darse por vencido.

Los Sacamantecas

El listo de los Sacamantecas pagó un año de cuota en The Holyday Gym y ya no supieron cómo parar (Imagen del blog de Jeff Vrabel)

Yo he empezado Septiembre con 3 nuevos hábitos:

  • salir a correr un día e ir a nadar dos todas las semanas, para lo que busco el refuerzo positivo compartiendo mis progresos con personas que ya han incorporado ese hábito.
  • dar clases de inglés a la hora de comer un par de días a la semana. Para desoxidar un poco y tal. En este hábito, he usado la Técnica de los Sacamantecas y he enrolado nada más y nada menos que a mi jefe 😉
  • y tercero, llevar el reloj en la izquierda. Para lo que además tengo pendiente hacerme un regalo de cumpleaños atrasado.

¿Cuántos has adquirido tú? Hábitos, no relojes.