El Síndrome de Diógenes Tecnológico

El Síndrome de Diógenes

Que se llame «Síndrome de Diógenes» al «Síndrome de Diógenes» no deja de ser una cruel broma del destino. Efectivamente, se ha llamado «Síndrome de Diógenes» a una enfermedad psiquiátrica que se manifiesta principalmente en personas mayores que terminan por aislarse socialmente, recluirse en su propio hogar, abandonar la higiene personal. En casos especialmente graves, se llega a acumular grandes cantidades de basura y vivir voluntariamente en condiciones de pobreza extrema. Por lo visto, el paciente interioriza tanto su condición (real o ficticia) de pobreza extrema que alimenta la espiral de almacenamiento de artículos inútiles con el convencimiento de que son necesarios por las razones que sea.

Diogenes Tecnológico 1

Nunca sabes cuando vas a querer volver a ver aquél capítulo de Farmacia de Guardia en el que Kike se ponía un pendiente (Imagen de Joel Franusic)

Digo que es relativamente injusto que hayan elegido este nombre porque por su parte, Diógenes el Cínico fue un sabio griego que vivió en el siglo IV antes de Cristo y que desarrolló una filosofía de vida basada en la renuncia de los bienes materiales, como forma de poner en evidencia que el afán de fama y riqueza destruían la naturaleza humana. Es decir, su desapego era consciente y voluntario. Llegó a tal punto su humildad que dormía en la calle, resguardado en los portales, y sus únicas pertenencias eran una túnica y un bastón (renunció a su escudilla al ver a un niño bebiendo agua con las manos). La iconografía habitual lo representa viviendo en una tinaja y portando una linterna, que usaba para alumbrar a sus conciudadanos en la búsqueda de un hombre honesto. También se le representa rodeado de perros, ya que sus detractores solían compararle con ellos; por desgracia Diógenes era la clase de persona que hace de sus debilidades sus fortalezas, y solía enorgullecerse y hacer apología de sus similitudes con los simpáticos cánidos.

Diógenes 2.0

Bien, después de esta puesta en contexto os habréis dado cuenta de que algún genio del mal decidió en los felices 60 criminalizar el comportamiento de Diógenes el Cínico, usándolo como referencia de una terrible enfermedad que afecta a 2 de cada 1.000 ingresos hospitalarios en España. Lo peor es que esta enfermedad ha desarrollado dos terribles variantes:

  • El Síndrome de Diógenes Tecnologíco, que según la Fundación Telefónica, en 2012 en España afectaba a 24 millones de personas, tantas como internautas. Y me quedo corto. El Síndrome de Diógenes Tecnológico afecta a todas las personas que tienen un ordenador en su casa o en su puesto de trabajo. Yo personalmente lo padezco, amigos. Por ejemplo: gracias al almacenamiento ilimitado que me ofrece gMail tengo guardado todavía en mi Inbox el correo de bienvenida de cuando me hice la cuenta. ¿Para qué? Para nada. Pero borrarlo me requería dos clicks (seleccionar y borrar) y dejarlo ahí era gratis.
  • El Síndrome de Diógenes Tecnológico-Empresarial, que consiste en que las organizaciones llenan sus bases de datos de basura electrónica que no necesitan para nada. Los analistas internacionales, que son genios del márketing, lo han bautizado como #BigData

Algunos podréis pensar que se almacena información innecesaria básicamente porque guardarla sale gratis, pero no, amigos, recordad que estamos hablando del Síndrome de Diógenes. Se almacena información innecesaria, artículos inútiles, porque estamos convencidos de que son necesarios, por las razones que sea. Es decir, que corremos un riesgo si los borramos. Así que venga, a guardar chorradas por si acaso algún día las necesito para algo.

Mind The Drive

Ya podrían los precios de los CDs bajar en consonancia

Diógenes el Cínico ft. Alejando Magno

Seguro que todos los que os dedicáis al desarrollo de software a medida reconoceréis el clásico error de «dejar los informes para el final«. He visto muchas metodologías de desarrollo de software, pero no he visto ninguna que sea Report Driven Software. Y realmente, me parece fundamental. ¿Ninguno os habéis puesto a construir aplicaciones pensando que su objetivo es alimentar bases de datos, cuando lo que realmente importaba era analizar la información almacenada y ayudar a que se tomaran decisiones o se realizasen acciones con ella? Así que te tirabas meses haciendo modelos de datos que optimizaban la inserción y la consulta de los datos; pero que no estaban orientados al análisis. Así que luego te tirabas otros tantos meses tratando de optimizar consultas con vistas materializadas, tablas particionadas y toda clase de hints para que el Subdirector no se tirase 5 minutos esperando a ver el informe. En el mejor de los casos, incentivabas la compra de «un BI».

Y de ahí viene realmente mi problema con el BigData. Lo normal es que una persona en su sano juicio se pregunte qué clase de información necesita para su gestión, o su actividad comercial, y luego vea cómo puede obtenerla. Por ejemplo. Una persona que tiene una tienda on-line es lógico que quiera saber qué artículos visitan los clientes, cuáles no, si se meten en el carrito, si se visitan pero no se compran, si depende del país desde el que se accede, etc. ¿Cómo no va a ser necesario? Ahora bien, ¿de verdad tiene mantener esos datos de los últimos 5 años? Seguramente no. En cambio, un genio del mal te convence para que guardes toda la información que puedas, porque total, te sale gratis; y al cabo del tiempo te convence para que intentes sacar valor de ello, meriéndote por cierto en un proyectazo para analizar qué información es útil, cuál no, cómo se extrae y cómo se procesa.

Big Data

Esta instalación de MongoDB se nos ha ido de las manos (Imagen de United Nations Photo)

Se cuenta que el propio Alejandro Magno quiso conocer a Diógenes el Cínico. Quizá el que fuera el soberano más ambicioso de la historia clásica, Faraón de Egipto, vencedor de Darío Tercero, y conquistador de naciones desde Grecia hasta la India, quiso conocer a ese sabio que había decidido llevar la humildad hasta las últimas consecuencias. «Soy Alejandro, el hombre más poderoso del mundo», le dijo, «Dime, ¡oh sabio! ¿Qué puedo hacer por tí?». Diógenes, que al parecer estaba meditando sobre sus cosas, le contestó «¿Podrías echarte a un lado? Me estás tapando el sol.»

La lámpara de Diógenes

Creo que tenemos mucho que aprender de Diógenes. De Diógenes el Cínico. Creo que nos están tapando el Sol. Es más, estamos siendo una vez más seducidos por el Lado Oscuro. Osea, por la Venta de Humo. Veamos 3 ejemplos:

  • Según éste estudio, el 90% de los datos que se almacenan en el mundo se han generado en los dos últimos años. ¿Cómo hemos podido vivir hasta ahora? Tengo que hacer una infografía que represente la evolución de las toneladas de basura generadas por el hombre, los datos almacenados, y los grandes hits de la música techno (total, hablando de basura)
  • En esta nota de prensa, se avisa que España necesitará (atención) 60.000 mil profesionales del Big Data de aquí a 2015. Es decir, es el equivalente a todas las personas que hay matriculadas en informática en España según el INE. No se a vosotros, pero yo lo veo Ridículo.
  • Los analistas internacionales se han soltado la coleta y están que lo tiran. El negocio del Big Data va a crecer un 37% anual hasta 2016, donde se espera que sea de 23,8 Billones de US$. Y el del análisis de toda esa información será de 51 Billones de US$, también 2016. Sí amigos, 2016 va a ser la hostia
Tesoro

Sí, puedes encontrar un tesoro entre la basura, pero no dejemos que esto siga ocurriendo (Imagen de ratterrell)

En fin. Haz como Diógenes. Atrévete a renunciar a lo superflúo. Coge tu lámpara y alumbra tus sistemas de información. Quédate con aquello que necesitas. Y sobre todo, no aceptes como dogma de Fe que como el almacenamiento es gratis, puedes guardarlo todo: ese es el camino de la ineficiencia por la desidia. La desidia conduce al aburrimiento. Y el aburrimiento conduce al Lado Oscuro.

Es curioso. Una analista de Gartner acaba de publicar que el #BigData ha entrado en la curva de desilusión. No me extraña. A nadie le gusta escarbar entre la basura.

De Cárceles y Guarderías

Los ladrones van a la Oficina

40 horas a la semana. 160 horas al mes. 1760 horas al año. Una persona que tenga la suerte de trabajar desde los 25 hasta los 65 años pasará más de 70.000 horas de su vida en una oficina. Míralo de otra manera: si el día tiene 24 horas y trabajas de 9 a 18:30, estás la tercera parte del día en una oficina. No se a vosotros, pero lo que es a mí, si voy a pasar la tercera parte del día en un sitio espero que sea un lugar agradable donde me lo pase bien. Porque si no, sinceramente, vaya asco.

The Office

Nos pensamos que lo de llamar a un bar «La Oficina» se lo inventaron Mortadelo y Filemón (Imagen de SteveInLeighton)

El otro día describí que el ambiente de trabajo en MediaNet era un «entorno joven y dinámico«, y un compañero comentó que con el paso del tiempo «cada vez te hace menos gracia leer entorno de trabajo joven». Así que he adelantado una entrada que tenía pendiente sobre los entornos de trabajo carcelarios para comentar por qué a mí me gusta trabajar en un ambiente «joven y dinámico».

El entorno carcelario

No se de nadie que haya estado en el talego, pero he leído algunos libros y he visto suficientes películas como hacerme una idea de cómo es la vida en una cárcel. Y la verdad es que una cárcel puede tener muchos paralelismos con una oficina. Más de los que imaginas. Y no me refiero a lo de las duchas, que yo respeto todo lo que hacen dos o más adultos de forma consentida.

Jailhouse Rock

«Number 47 said to number 3: You’re the cutest jailbird I ever did see» <- EXACTO (Imagen de erjkprunczyk)

Muchas personas trabajan en una cárcel y no lo saben. Echa un vistazo a tu alrededor, sabrás que estás trabajando en un ambiente carcelario gracias a los siguientes síntomas:

  • Nadie quiere estar en una cárcel por su propia voluntad, la gente está allí porque no les queda más remedio.
  • En una cárcel no puedes hacer lo que quieres. Tienes que hacer lo que te toca.
  • Cada día es igual que el anterior. Tu vida es absolutamente rutinaria. Salvo que hagas el túnel por debajo de la enfermería y consigas salir.
  • Existen grupos y castas donde no es fácil entrar y de los que no se puede salir. Grupos cerrados, como «Nuestra Familia», «La Hermandad Aria», «Los de Sistemas» o «Los de Redes». La rivalidad entre estos grupos puede desembocar en apuñalamientos en el patio, o cosas peores, como el boicoteo sistemático de proyectos e iniciativas.
  • Hay guardianes que supervisan el trabajo de los reclusos, y ejercen de árbitros inmisericordes, auténticos dueños de la razón, del bien y del mal.

Pero si hay una característica definitiva de los ambientes de trabajo carcelarios es el concepto de «favores«. Efectivamente, en el talego tu vida es más sencilla si le haces un favor a alguien. Por ejemplo, puedes conseguir un trabajo en la biblioteca si le das a alguien cigarrillos; o puedes conseguir un retrete con tapa si le haces a alguien un pincho con la patilla de tus gafas; o puedes conseguir una ampliación de memoria o que te cambien el PC si eres amigo del que hace los pedidos.

Yo personalmente odio las organizaciones en la que los procesos funcionan o dejan de funcionar según lo bien que le caigas a la persona que los realiza. No sólo porque no sea efectivo, eficaz o sea injusto; es que dotar a las personas de esa capacidad me parece un síntoma inequívoco de que la empresa no está pensando en grande.

El entorno de la guardería

Cada vez que oigo a alguien en un ambiente teóricamente profesional decir la frase «el que no llora no mama» me subo por las paredes. Os juro que me dan taquicardias. Se me hincha la vena del cuello. Supongo que si la sigo oyendo de aquí a un par de años me pondré verde y me arrancaré la ropa, como Hulk.

Llorones

Ahí les tenéis, tranquilitos esperando a su revisión anual (Imagen de Herkie)

Si para que un profesional arregle un problema, el que sea: un cambio de proyecto; que le mejoren el equipo; que le suban el sueldo; que le den más responsabilidad; me da lo mismo, si alguien tiene que llorar, patalear, cagarse encima y montar el número para que le atiendan, entonces estás trabajando en una guardería. No se cómo decirte que si tienes más de 3 años no deberías estar en una guardería.

Como profesional, no te interesa, la verdad. Tienes que exponer tus necesidades, obviamente. Tienes que usar los canales que tengas a tu disposición para trasladar el mensaje de que tienes una demanda que necesita ser atentida. Exponerla de manera racional, clara y concisa. A ser posible, atendiendo a factores objetivos, contrastables y medibles. Y una vez expuesta, tienes que esperar la respuesta de la empresa y actuar en consecuencia. Creo que esa es la forma en la que los adultos tratan estas cosas.

No confío en las empresas en las que para que solucionen tus problemas tienes que presentar una carta de baja. Es un modelo de gestión reactivo, en el que si no te quejas no existes, en el que sólo arreglo tu problema si pone en peligro los intereses de la empresa. Porque casualmente hay personas adultas que hace muchos años salieron de la guardería. Y no quieren tener que llorar y patalear para que les escuchen: directamente se van a otro sitio. Efectivamente, el ambiente de trabajo de la guardería, donde «el que no llora no mama» favorece los desequilibrios, las injusticias, y sobre todo, favorece la fuga de talento.

El Ambiente Joven y Dinámico

¿Qué es para mí un ambiente de trabajo Joven y Dinámico? Desde luego no tiene que ver con que las personas tengan de media 28 años, lleven la camisa por fuera y salgan de cañas los jueves. Menuda chorrada. Sobre todo porque con la edad, uno acaba por meterse la camisa por dentro y querer irse corriendo a casa a estar con la familia.

Cool Office

No es sólo una cuestión de imagen, es una cuestión de confort (Imagen de chrisjagers)

Para mí un ambiente de trabajo Joven y Dinámico es aquél en el que:

  • Las personas están allí porque quieren. Porque han elegido hacerlo. Y por eso hay un compromiso, tanto de los trabajadores con sus tareas, como de la empresa con sus trabajadores.
  • Existe la iniciativa, se pueden exponer abiertamente las ideas y sobre todo, te puede tocar tirar de ellas porque resulta que son positivas y alguien tiene que hacerlas.
  • Se favorece el aprendizaje, nadie ha tocado su techo de conocimiento. Hay un espíritu constante de probar nuevas posibilidades, nuevas tecnologías, nuevas formas de trabajar o de resolver problemas. Las cosas son así porque nadie ha encontrado todavía una forma mejor de hacerlo.
  • Hay camaradería, cualquier persona deja lo que está haciendo por ayudar a un compañero que tienen un problema.
  • Existe el crecimiento personal/profesional. Personalmente creo que el ser humano se diferencia de los animales principalmente porque tiene una necesidad intrínseca de resolver desafíos que ponen a prueba su capacidad.

Por otra parte, es sencillo definir un ambiente Joven y Dinámico por contraposición a un ambiente Gris. En un ambiente Gris la burocracia mata la iniciativa y la innovación, las personas se centran exclusivamente en sus propios problemas, las cosas son así porque siempre lo han sido, no hay oportunidad para el desarrollo personal / profesional, etc.

Total. Que yo no se a vosotros, pero a mí me gusta trabajar en un ambiente Joven y Dinámico. Por su puesto, cada persona tiene su propia percepción del ambiente en el que trabaja. ¿Estás en el talego? Pues entonces más te vale que intentes escapar. ¿Trabajas en una guardería? Asegúrate de llevar dodotis y polvos de talco. ¿Cuál es tu ambiente de trabajo?

La Tiranía de lo Urgente

Lo Urgente es enemigo de lo Bueno

Teníamos un poco abandonado esto de la gestión del tiempo. Hemos estado dándole muchas vueltas a un tema recurrente, que es aprender a definir lo que es Importante. Por si te lo has perdido, lo puedes leer aquí, aunque el resumen básicamente es:

  1. tener claros nuestros objetivos. «Qué queremos hacer.»
  2. tener claras nuestras tareas. «Cómo vamos a conseguirlo.»
  3. tener claras nuestras prioridades. «Cómo saber si tengo o no que hacer algo.»

Bueno, todo esto nos sigue adentrando en la reflexión de cómo aprovechar mejor el tiempo. Mejor ¿desde qué punto de vista? Desde el tuyo, obviamente. Aprovechar mejor el tiempo no se trata de una cuestión de trabajar más o trabajar menos horas, o de centrarse en la familia, o en los amigos. Una cosa está clara, y es que si dedicamos nuestro tiempo a las cosas que son importantes para nosotros (sean las que sean, que yo ahí no me meto) entonces estaremos contentos porque veremos cómo avanzamos hacia nuestros objetivos. Mientras que si las dedicamos a otras cuestiones que no son importantes para nosotros, nos sentiremos frustrados precisamente por lo contrario. Solamente por haber compartido estas reflexiones y haberos hecho pensar ya podría poner en mi tarjeta que soy un coach (aunque no lo voy a hacer hasta que escriba un libro)

Esperando

Vaya asco de cartas. Si no entra nada urgente en 5 minutos me voy al Club de Oficiales (Imagen de josemite23)

Bien, hemos pensado, hemos definido nuestros Objetivos, tenemos una idea de cómo lograrlos, hemos entrado en un proceso de priorización de nuestras tareas y nos hemos organizado la vida para ser aquello que queremos ser. Y entonces todo se va a la mierda porque sin saber cómo, nos hemos convertido en bomberos.

La Tiranía de lo Urgente

Estoy seguro que quién más quién menos se ha visto sometido por la cruel tiranía de lo Urgente. Tenemos nuestra planificación tareas y prioridades, y de repente algo Urgente (es decir, algo que requiere mi atención) se cuela y desplaza a algo Importante (necesario para que yo cumpla mis objetivos).

Atender cosas Urgentes nos genera una falsa sensación de utilidad. Sentimos que hacemos cosas, que solucionamos problemas, que hacemos que las cosas avancen. Pero ¿qué cosas? ¿qué problemas? ¿Los nuestros? ¿O los de otros? Sí amigos, si vivimos solucionando problemas Urgentes a lo mejor sólo somos máquinas en el engranaje de los objetivos de otra persona. La sensación de frustración y de sentirse utilizado existe por algo. Ser un hamster en una rueda existe por algo. Recuerda: apagar fuegos es lo que tienes que hacer si eres un bombero.

Bombero

Yo aquí apagando fuegos y la compra sin hacer (Imagen de Trico741)

Hay una herramienta muy sencilla para aprender a dar a cada problema la atención que merece. Se llama «Matriz de Eisenhower». Sí, sí, ese Eisenhower. Uno que fue el Comandante en Jefe del SHAEF (Mando Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada), donde sirvieron 8 Ejércitos. No es que fuese un emprendedor ni un gurú, pero reconozco que el tio era un genio planificando, y llegó a Presidente de USA, así que a mí como referencia me vale. La Matriz de Eisenhower es un cuadrado de 2 x 2 en el que se etiquetan las filas y columnas con los rótulos «Importante», «No Importante», «Urgente» y «No Urgente». No sólo nos permite clasificar actividades según el criterio de Importancia y Urgencia, sino que además nos propone cómo encarganos de ellas.

cuadrante

La Operación Overlord era Importante pero no Urgente, por eso tardaron casi 2 años en llevarla a cabo

La idea es básicamente ser capaz cada uno de colocar sus cosas que hacer en una de estas cuatro categorías. Recordemos que «Importante» es aquello que desde tu punto de vista debes hacer para conseguir tus objetivos, y «Urgente» es aquello que requiere tu atención.

  1. Cosas «Importantes» y «Urgentes» pues hay que ponerse a hacerlas. Sobre este punto no hay discusión. La tiranía de lo urgente es un poco más llevadera cuando las cosas son importantes; al menos uno siente que está acercándose a sus objetivos…
  2. Cosas «Importantes» pero no «Urgentes» son aquellas que nos acercan a nuestros objetivos en el medio y largo plazo.  En estas actividades son las que tenemos que trabajar nuestra gestión del tiempo y planificación. Aquí corremos el riesgo de perder de vista las cosas porque no son urgentes, por eso viene bien usar herramientas que te las recuerden, para no dejar que el día a día las entierre. De esta forma, irá pasando el tiempo, y si hemos ido dejando nuestra tarea de lado por otras (o porque hemos estado procrastinando perroneramente) llegará un día en que la veremos amenazadora en el horizonte y o bien nos ponemos a ello, o acabará siendo «Urgente» y se moverá de cuadrante. Siempre y cuando esté recogida en la herramienta de gestión que nos funcione (se llame Evernote, se llame Calendar o se llame Moleskine, pero por favor, que no se llame Post-it) no se nos olvidará y la acabaremos haciendo.
  3. Cosas «Urgentes» pero «No Importantes». Si requieren nuestra atención, pero no son importantes para nosotros, es que lo son para otra persona. Por ejemplo, llamadas telefónicas, mírame esto, oye vente que hay una reunión, etc. Hace falta mucha disciplina para gestionar las tareas que hay en este cuadrante. Supone uno de los grandes temores, que es el miedo a decir «No» (en sus múltiples variantes) Es uno de los «quid de la cuestión» de la gestión del tiempo, desde mi punto de vista: romper la barrera psicológica de decir «No». Obviamente, todo el mundo tiene alguien a quién no se siente cómodo diciendole «No». Un jefe, un cliente, tu pareja, tu madre… Asumo que al cabo del día o de la semana, se me colarán muchas cosas «Urgentes» pero «No Importantes»; pero al final el ser humano es un animal de costumbres. Nosotros nos podemos acostumbrar a decir «Ahora no puedo, estoy terminando (lo que sea)», de la misma forma que los demás se acostumbrarán a que no tenemos ningún problema en ayudar, pero no a cualquier precio. Otra disciplina a ejercitar es la delegación, que consiste en asumir que no es bueno que nos echemos todo a la espalda, pensando que los demás son unos inútiles que no van a saber hacerlo bien. Otro día hablaremos sobre la delegación.
  4. Cosas «No Importantes» y «No Urgentes». También llamadas «ladrones de tiempo». Esas cosas que nos distraen y nos hacen «perder» el tiempo. Una de las premisas de la necesidad de gestionar el tiempo de cada cual es que es limitado, que no tenemos suficiente tiempo para hacer lo que queremos/tenemos. Los ladrones de tiempo son precisamente estas actividades que consumen nuestro tiempo productivo, y nos alejan de nuestros objetivos, produciéndonos además una sensación negativa. Al menos, cuando nos dedicamos a actividades del cuadrante 3 podemos dejarnos llevar por la sensación de que estamos «contribuyendo», no a nuestros objetivos pero sí a otros (los de mi jefe, los de mi cliente, los de mi mujer…) Ejemplos de ladrones de tiempo puede ser: el exceso de socialización (el cafecito, el whatsapp), el exceso de burocracia, creerse que hay que tener el Inbox a 0, etc. Ojo, si te has marcado como objetivo en la vida tener 1 millón de amigos, entonces el tiempo que pasas en Facebook se considera cuadrante 2.

Cambia de Cuadrante

¿Cuanto tiempo pasas en los cuadrantes 3 y 4? Son los responsables de que te metas en la cama y pienses «me he pasado el día ocupado, pero no he hecho nada». O que te quedes currando en la oficina hasta las mil, suponiendo claro que en tu empresa no te obliguen a hacer el trabajo de dos personas, que eso también pasa, jeje. Siempre he pensado que el problema de que obliguen a hacer el trabajo de dos personas suele ser que te paguen sólo el sueldo de una.

Salir de ellos requiere disciplina y fuerza de voluntad. Disciplina porque si no has hecho el ejercicio de saber tus objetivos y cómo vas a conseguirlos, y qué es «importante» para tí, nunca vas a poder salir de las cosas que son importantes para otros… para otros que sí tienen claros sus objetivos y piensan que tú puedes ser un aliado, un facilitador, un peón… Y fuerza de voluntad, para no ceder al chantage emocional, a las ganas de postergar tus actividades, a la pereza, a la falta de interés, y sobre todo, al miedo a que los demás te pongan una cruz cuando vean que no pierdes el culo cada vez que te piden algo.

Disciplina

Parece que alguien necesita un poco de Disciplina (Imagen de Chuckumentary)

Una reflexión sobre este último punto. La vida es una cuestión de equilibrio. A veces tú serás necesario para que otra persona consiga sus objetivos (por ejemplo, que tu jefe tenga material para contar a un nuevo cliente) y otras veces será otra persona la necesaria para que tú consigas los tuyos (por ejemplo, que tu jefe te de un ascenso). Es necesario por tanto buscar ese equilibrio, o al menos tener claro que hay que hacerlo. Como suele decirse sobre los problemas, el primer paso para solucionarlos es reconocerlos.

Una eficaz gestión del tiempo supone trabajar principalmente en el cuadrante 2. Desde mi punto de vista, las personas que se pasan el día en el cuadrante 1, cuando todo es «importante» y «urgente» bien… es porque llevan un uniforme azul, cascos con visera, conducen camiones rojos y en Navidad posan desnudos en un calendario (hay que ver cómo les gusta a los bomberos salir con el culo al aire), o porque no ha hecho una adecuada planificación del tiempo.

¿En qué cuadrante pasas tú la mayor parte de tu tiempo?

Aprende a adquirir nuevos Hábitos

El Hábito no hace al Monje

Todos tenemos nuestros hábitos. Nuestras rutinas. Forman parte de nuestra vida, son conductas que hemos incorporado a nuestro comportamiento, cosas que hacemos sin pensar. Como ponernos el reloj en la muñeca derecha (o la izquierda, según nos guste a cada uno). Nadie se para a pensar en qué muñeca se pone el reloj; la decisión en todo caso es qué reloj concreto ponerse según el día, o la ropa. Sin embargo, nuestros hábitos y nuestras rutinas no son necesariamente positivos. Por eso es importante que podamos elegirlos.

De vez en cuando llegan esas épocas del año en que nos paramos a pensar. Los que tenemos objetivos, hacemos repaso y comprobamos si los estamos alcanzando o no, y nos proponemos acciones de mejora. Los que no los tienen, empiezan a plantearse tener alguno. Y en ambos casos, surge la necesidad de incorporar nuevas conductas a nuestro comportamiento.

Por eso en Septiembre salen las colecciones por fascículos, que nos introducen el hábito de gastarnos 10€ o 20€ todos los domingos durante 6 o 7 meses.

Santísima Trinidad

El Santísima Trinidad, 4 puentes, 140 cañones y 375 fascículos semanales (Imagen de Rafael Gómez http://micamara.es)

Sin embargo, adquirir un nuevo hábito no es sencillo. Requiere:

  • Reflexión personal para identificar aquellos hábitos que deseamos cambiar
  • Interiorizar una declaración del beneficio que esperamos conseguir con el hábito
  • Disciplina para mantener la constancia y no abanadonar durante el periodo de incorporación del hábito

Recuerda: Cuando adquieres un nuevo hábito es posible que necesites saber cómo gestionar tu tiempo. Lo más seguro es que tengas que renunciar a hacer otras cosas que son Menos Importantes. Así que necesitas saber Qué Es Importante.

El proceso del Cambio

Si los gimnasios, academias de inglés y demás tienen un modelo de negocio basado en «pagas 6 meses por menos de lo que te cuestan 2» es por algo. Es porque saben que en realidad vas a dejarlo en 2 semanas. Porque saben que hay un proceso de cambio para la adquisición del nuevo hábito que muy pocas personas llegan a completar. Porque saben que la gente abandona.

Gimnasio

En mi gimnasio hay lista de espera para la matrícula (Imagen de Camping Marjal Costa Blanca)

El proceso de adquisición de un hábito pasa por 4 fases:

  • Duda. Durante la fase de Duda, nos planteamos la necesidad de cambiar alguna de nuestras actitudes, o de incorporar otras nuevas. Es importante que determinemos claramente que el hábito que vamos a adquirir supone una ventaja objetiva y medible en nuestra vida, para no perderlo de vista.
  • Buenas Intenciones. La fase de Buenas Intenciones puede llegar a ser efímera. Hemos decidido empezar a correr y nos hemos comprado unas zapas de 180€, unos pantalones molones, una camisa de esas de no sudar y hemos puesto música motivacional en el iPhone. Además de gastar invertir, en esta fase es muy importante planificar qué espacio va a tener el nuevo hábito en nuestra vida. Por ejemplo, si lo que queremos es salir al monte todos los domingos es importante que reorganizamos nuestra semana y agendas personales para que el domingo por la mañana sólo tenga una cosa que hacer, que sea ir al monte. Si tengo que poner lavadoras o recuperarme de resacas, posiblemente nunca pase de la fase de Buenas Intenciones.

Ley Natural: Ya lo hemos hablado muchas veces: cuando tengas objetivos personales para los que necesites hacer tareas, añádelas a tus calendario, lista TODO, o lo que sea que uses para organizarte, o nunca encontrarás tiempo para hacerlas.

  • Flaqueza. En la Fase de Flaqueza, las viejas rutinas, que permanecían latentes, vuelven con fuerza para decirnos que las echamos de menos. Sabes que antes o después vas a tener una fase de Flaqueza. Puede que no te apetezca salir a correr porque hace mal tiempo, o unos amigos te han llamado para salir. Los factores clave para lograr superar esta fase son: disciplina (tener presente el beneficio esperado), capacidad de planificación (reorganizar tu agenda para buscar tiempo para tu hábito si por lo que sea tienes imponderables) y saber buscar refuerzos positivos. Pueden venir de la mano de desafíos que te planteas, de premios que te das o de la ayuda de personas de tu entorno. Todo muy rollito gamificación.

Ley Natural: No esperes a la vuelta de vacaciones para empezar a adquirir nuevos hábitos. Empieza en vacaciones, precisamente cuando ya de por sí has roto tu rutina, estás en un estado mental positivo y puedes superar más fácilmente la Fase de Flaqueza.

  • Consolidación. Nadie sabe cuánto dura la Fase de Flaqueza. Simplemente un día ya no tienes que hacer un esfuerzo organizativo, mental o de disciplina para lograr repetir esa tarea. ¡Enhorabuena! Has adquirido un nuevo hábito.

Cambia de Hábitos cambiando el reloj de muñeca

Si quieres aprender a cambiar de hábitos, haz el experimento de cambiarte el reloj de muñeca. Es uno de los hábitos más difíciles de cambiar. Alguno me diréis, «nada de eso, dejar de fumar es más difícil». A lo que yo digo, toma claro, y dejar la heroína más difícil todavía. Lo que pasa es que dejar de fumar tiene un beneficio directo para la salud y supone un ahorro para el bolsillo; son dos beneficios objetivos innegables. Sin embargo, cambiar el reloj de muñeca es una gilipollez, por eso es más fácil dejarlo.

Breitling TopTime

Se empieza llevando el reloj en la derecha, y se acaba en una lancha con Martine Beswick (Imagen de DVDBeaver)

Cambiar el reloj de muñeca requiere auténtica disciplina:

  • Cuando te pones el reloj por las mañanas, no piensas en qué mano lo haces: es algo instintivo
  • Si te quitas el reloj para lavarte las manos, cosa que recomiendo para que no se te estropee la correa si es de piel, verás como instintivamente te lo llevas a la mano que no es
  • Tu muñeca se ha acostumbrado al peso del reloj. Cuando te lo pongas en la otra mano, te molestará
  • Escribir, conducir, teclear… son cosas que haces con las manos. Tener el reloj en la otra mano va a hacer que te sientas raro
  • También instintivamente giras la cabeza siempre al mismo sitio para mirar la hora
  • Si como yo, eres un tío elegante, es posible que te hayas hecho camisas a medida con puño francés cayendo en el error de hacer más ancho el puño del brazo del reloj. Si no sabes lo que es el puño francés, ya va siendo hora de que lo sepas.

Son todo problemas que no te aportan ninguna ventaja objetiva. Bueno, sí, te aporta una: demostrarte que puedes cambiar los hábitos que te de la gana.

No estás solo

Por último, recuerda: no estás solo. Las Redes Sociales son un importante catalizador del cambio de hábito. Compartir tus progresos y tus intenciones servirá para recibir refuerzo positivo durante tus momentos de flaqueza. ¿Con quién te interesa compartir tus hábitos? Claramente, con personas que ya los han adquirido, y o bien han pasado por el mismo proceso que tú, pueden inspirarte o pueden reforzarte en la declaración de beneficio objetivo. Por supuesto, habrá  gente a la que no le importe, e incluso les moleste saber que estás adquiriendo nuevos hábitos mientras ellos siguen apoltronados en los suyos. Mejor, un poco de trolling nunca viene mal.

Hay una segunda técnica interesante, la del calendario. Consiste en imprimir un calendario a dos meses vista, y tachar en él los días en los que has conseguido hacer el hábito. Es una técnica basada en la recompensa personal, una especie de gamificación incipiente. A tu cerebro le sienta bien tachar un día del calendario porque has logrado hacer lo que te proponías. Te da satisfacción. Y ver el calendario te ayuda durante la Fase de Flaqueza, es un refuerzo positivo. A través del hábito MacGuffin de tachar días en el calendario, interiorizas el hábito que te habías propuesto.

La tercera técnica que recomiendo es implicar a otra persona interesada en tu proceso de cambio. Es una interesante estrategia, porque da lugar a una dinámica en la que ninguno quiere ser el primero en darse por vencido.

Los Sacamantecas

El listo de los Sacamantecas pagó un año de cuota en The Holyday Gym y ya no supieron cómo parar (Imagen del blog de Jeff Vrabel)

Yo he empezado Septiembre con 3 nuevos hábitos:

  • salir a correr un día e ir a nadar dos todas las semanas, para lo que busco el refuerzo positivo compartiendo mis progresos con personas que ya han incorporado ese hábito.
  • dar clases de inglés a la hora de comer un par de días a la semana. Para desoxidar un poco y tal. En este hábito, he usado la Técnica de los Sacamantecas y he enrolado nada más y nada menos que a mi jefe 😉
  • y tercero, llevar el reloj en la izquierda. Para lo que además tengo pendiente hacerme un regalo de cumpleaños atrasado.

¿Cuántos has adquirido tú? Hábitos, no relojes.

Ender no tiene Miedo al Cambio

– Ender Wiggin, si se tratara simplemente de elegir el futuro mejor y más feliz para ti, te aconsejaría que te quedaras en casa. Quédate aquí, crece, sé feliz. Hay cosas peores que ser un Tercero, hay cosas peores que tener un hermano mayor que no se decide entre ser un ser humano o un chacal. La Escuela de Batalla es una de esas cosas peores. Pero te necesitamos. (…) Necesitamos lo mejor, y lo necesitamos pronto. A lo mejor no nos sirves, o a lo mejor sí. A lo mejor te rompes ante tanta presión, a lo mejor ello arruina tu vida, a lo mejor me odias por haber venido a tu casa hoy. Pero si hay una sola posibilidad de que por estar tú con la Flota, la humanidad sobreviva y los insectores nos dejen en paz para siempre, entonces te voy a pedir que lo hagas. Que vengas conmigo.

Tengo miedo – dijo Ender en voz baja- , pero iré con usted.

Orson Scott Card, «El Juego de Ender», Ediciones Z

A veces nos resistimos al cambio, porque nos da miedo que nos lleve a un lugar peor. Pero el cambio puede llevarnos a un lugar mejor. ¿Y tú? ¿Qué podrías hacer? ¿Quién podrías ser si no tuvieras miedo?

Horror a las 14:59. El Desenlace

En anteriores episodios de «Horror a las 14:59″…

Previously, in The Horror at 14:59...

(Indistintic chatter)

Voy a ir recogiendo, he quedado para comer con mi chica, y llevo toda la semana apareciendo por casa a horas intempestivas

(Exterior: coches atascados en la eme30) (Suspenful Music) (Plano corto: bajando la tapa del MacBook)

Oye, ¿tienes un sengundillo?

(CHAN) (Plano corto: mirada nerviosa al reloj) (CHAN CHAN)

¿Le puedes echar un vistazo a los logs de este WebSphere?

(Flashback: en su casa, su pareja mira el móvil, lo guarda en un bolsillo y camina hacia la puerta) (Plano corto: mirada de pánico a la cámara)

Pánico

NOOOOOOOOOOOOO!!! (Imagen de Sarah G…)

(CHAN CHAN CHANNNN)

La Falacia de la Generosidad

Pensar que el «Horror de las 14.59» es simplemente una cuestión de generosidad es algo arbitrario, por no decir sofista. Muchos estáis pensando que ayudar a un compañero en apuros es algo que no hay que cuestionarse; algo que siempre hay que hacer. Que todos alguna vez nos hemos visto en necesidad de pedir ayuda, y que hemos agradecido recibirla. Y lo peor es que es cierto.

Pero entonces, ¿qué hay de la pareja? ¿Cuántos habéis pensado que quedarse a ayudar a un compañero que está en apuros es un acto de egoísmo hacia la pareja, a la que se está poniendo en segundo lugar y a la que se obliga a cambiar de planes a última hora? Ojalá me dieran un euro cada vez que oigo la frase «voy a llegar a las tantas, mi chica me va a matar«. ¿Y si en lugar de la pareja es la familia?

Anteponer al compañero a la pareja/familia es una cadena de generosidad, la del que antepone su cita con su pareja, pero también la de la pareja, que no manda a la mierda a la persona que la relega al segundo plano.

Equilibrio

Hace falta mucho arte para llevar una vida equilibrada. Que se puede llevar, por cierto (Imagen de Brain Toad)

La decisión de ser generoso o egoísta con un compañero, o la de ser generoso o egoísta con una pareja, se caracteriza principalmente porque:

  • Sólo puede tomarla el intersado, de manera libre y consciente. Si la toma otra persona en su nombre: #MUYMAL #FATAL
  • Hay que respetarla, porque es una decisión completamente personal.
  • Hay que asumirla, porque tiene consecuencias; que pueden ser múltiples y variadas, pero que haberlas, haylas.

#FF (Finales Felices)

Tomar decisiones cuando se tienen las cosas claras no es para tanto. Lo difícil puede ser explicarlas, hacer que otras personas las entiendan, las respeten, incluso hacer que las compartan. Eso sí es jodido, porque en un caso como el de esta historia del «Horror a las 14:59» se implican personas, cada una con sus objetivos y demás. Veamos algunas de las decisiones coherentes que se pueden tomar:

Puede que consideres que lo más importante es ayudar a resolver un problema. Considera esta alternativa cuando tu principal valor en la vida sea por ejemplo el Trabajo, los Camaradas, o el Sacrificio. En ese caso, hazlo bien, no lo hagas a medias. Hacerlo bien significa asumir que no vas a ir a comer con tu pareja. Avisa a tu pareja de que ha ocurrido un problema lo antes posible para que tenga tiempo de reaccionar, cambiar de planes, o incluso recoger sus cosas para no estar en casa cuando vuelvas. No intentes pensar que puedes hacer las dos cosas a la vez, porque entonces estás generando una triple situación de ansiedad:

  • En el compañero, que no sabe si te va a dar tiempo a resolver el problema.
  • En tu pareja, que no sabe si va a comer contigo, va a poder comer ella, o va a acabar comiéndose un sandwich tres cuartos de hora después.
  • En ti mismo, porque sabes que no vas a quedar bien con nadie, y la vas a volver a cagar.

Puede por el contrario que consideres que lo más importante sea llegar a tiempo a la cita con tu pareja. En ese caso, al igual que lo anterior, hazlo bien. Si tu principal valor en la vida es tu Pareja o tu Familia, entonces disfruta de ellos. Y deja que ellos disfruten de tí. Irte a comer pendiente del teléfono genera una triple situación de insatisfacción:

  • En tu compañero, que no obtiene de ti lo que necesita.
  • En tu pareja, que se está aburriendo en la comida como una mona.
  • En ti mismo, porque sabes que no vas a quedar bien con nadie, y la vas a volver a cagar.
The End

Fueron Felices y comieron perdices (Imagen de lucky mike)

Lo Importante y lo Urgente

En este proceso de toma de decisiones sobre cómo organizar nuestro Tiempo, hemos introducido una nueva variable. No es todo cuestión de Importancia, (de lo que es importante para tí), sino de la Urgencia, es decir, de aquello que requiere tu atención. La combinación de Importancia y Urgencia nos da 4 posibles acciones a realizar.

En el caso del Horror de las 14:59 hemos visto cómo actúar en caso de la combinación de Importancia y Urgencia, pero nos quedan 3 posibles alternativas:

  1. Ignorar el problema. Porque realmente no es Importante para nosotros, ni requiere nuestra atención. Cuando la alternativa es ignorar el problema, hay que saber explicarlo muy bien. No es fácil decirle a alguien que se se ocupe de sus propios asuntos. O sí.
  2. Mitigar la Urgencia. La Urgencia es asimétrica y subjetiva. Y sobre todo, no siempre es transitiva. Hay dos grandes retos a la hora de mitigar la Urgencia: explicarle a alguien que su incapacidad de planificarse no hace que un problema sea Urgente para ti; y aprender a convertir los problemas Urgentes en problemas no-tan-Urgentes. Sobre todo haciendo preguntas como «¿Van a morir niños de Hambre en el Tercer Mundo?» o «¿Alguien va a perder dinero?» si el problema se resuelve dentro de unas horas.
  3. Delegar. Delegar no sólo es hacer más cosas; también es una de las cosas más difíciles del mundo.

Con este pequeño ejercicio finaliza la serie de Posts sobre determinar qué es Importante. Conocer lo que es Importante para ti es el primer paso que tienes que dar para hacerte Dueño de Tu Tiempo. En posteriores artículos vamos a hablar sobre la Urgencia y la Delegación.

Mientras tanto, si quieres cuéntame cómo habrías salido del Horror de las 14:59

El Gen del Programador Egoísta: 2- El comercial reprimido

Este proyecto está mal vendido

Ojalá me dieran un euro cada vez que escucho que «el proyecto está mal vendido«. Junto con «en mi local funciona» es la segunda frase autocomplaciente más habitual del mundo, forma parte del acervo popular de descarga de responsabilidad. Es curioso, porque a las personas más brillantes que conozco nunca se lo oigo decir, pero bueno. Cosas mías.

A mí me encanta escuchar que un proyecto está mal vendido, y como los que me conocéis sabéis que no me callo, siempre respondo con un habitual «¿y tú cómo has ayudado para que estuviera bien vendido?«. ¡Un momento! Guardiola, ¿no estarás insinuando que los técnicos tienen que participar en el proceso de venta? ¡En absoluto! No lo insinúo, lo afirmo categóricamente.

JFK

No le preguntes a Kennedy qué puede hacer por tus proyectos, pregúntatelo a ti mismo

No me lo puedo creer. Técnicos involucrándose en el proceso de venta. ¿Pero no habíamos dicho que los técnicos son los que ejecutan y los comerciales los que venden? También habíamos dicho que los comerciales no tienen ni puta idea de lo que venden, y a lo que se dedican es ir a comer y tomar cafés con gente mientras los demás partimos teclados a base de programar. Tranquilos, en este post no voy a revindicar el trabajo del comercial (sólo faltaba)

No, este post vuelve a tratar sobre cosas que son necesarias para uno mismo, y que tengo que hacer aunque no me gusten, sea como sea, porque me acerca a mis objetivos.

¿Cómo se vende un proyecto?

En general un proyecto se vende de dos maneras: o porque alguien te llama y te lo da, o porque tienes que competir con otros para conseguirlo. En casos de proyectos TIC, la cosa va más allá. Estamos en un mundo en el que la calidad del software cada vez pesa menos como factor a la hora de la toma de decisión de compra. Especialmente en el Sector Público, donde se ven concursos en los que la oferta económica es el 60% de la puntuación. Casualmente, los responsables de esos organismos se lamentan de la baja calidad del software que reciben, de lo mal pagados que están los profesionales, de lo mal que está el sector TIC… En fin, todo muy coherente.

Camisa de Fuerza

Lo mejor es no hacer caso a las voces (Imagen de rocksss)

El caso es que acreditar la capacidad técnica parece que se ha convertido en condición necesaria, pero no suficiente; lo que significa que al final hay que hacer una oferta técnica: demostrar que se ha entendido el problema, plantear una solución que tiene sentido, identificar el equipo que lo va a lograr y poner un precio. Así que señores, si los comerciales no tienen ni puta idea de lo que venden, tendrán que ser los técnicos los que se pringuen y aporten la solución técnica. ¿Y por qué querría un técnico ayudar a conseguir un proyecto? Principalmente por dos motivos, a cual más egoísta que el anterior.

¿Quién es el dueño de mi carrera profesional?

Si no tienes claro que el dueño de tu carrera profesional eres tú mismo entonces necesitas urgentemente un choque con la realidad.

Siempre que he hecho entrevistas a candidatos me ha gustado decirles las cosas claras; y una de ellas es que no les puedo garantizar que los proyectos en los que vayan a participar vayan a ser interesantes. Obviamente, el primero siempre tiene que tener ese punto que haga que alguien deje su trabajo para empezar en un sitio nuevo. Pero una vez acabado… (porque sí amigos, los proyectos acaban) pues no se puede saber. En una empresa de software hay de todo, apuesto que hasta en la NASA tienen tanto proyectos virgueros de microprogramar vehículos de exploración en Marte como mantenimientos evolutivos del sistema de nóminas, y nadie quiere caer en el segundo.

Es sólo mío!

Aparta tus sucias zarpas de mi carrera profesional (Otra imagen de gatitos, esta es de pippy & timmy)

Eso quiere decir, que un programador egoísta que se preocupa por sus objetivos personales tiene que tener claro que no puede dejar en manos de un comercial que no tiene ni puta idea la capacidad de acceder a proyectos interesantes.

Cuarta Ley del Programador Egoísta: Si quieres participar en proyectos interesantes, no te quedes esperando a que te caigan del cielo.

Así que la próxima vez que te pidan ayuda para preparar una propuesta, destierra de tu cabeza los pensamientos autocomplacientes como:

  • No es mi trabajo. Te equivocas, construir tu curri es realmente a lo que te dedicas.
  • Estoy muy ocupado. Estás ocupado ahora, pero supongo que querrás seguir ocupado después, ¿verdad?
  • No tengo suficiente información. Bienvenido al mundo real. Ahora procesa la información que tienes, acota tú mismo el problema, deja claras esas premisas, y propón una solución.
  • No me quiero mojar con las estimaciones. ¡AJA! Ese es el verdadero problema. Lo mejor es que las estimaciones las haga otro, para así tener a alguien a quién culpar de mis problemas. Autocomplacencia en estado puro.

Si no te parece suficiente, aquí viene el segundo motivo. Es todavía más duro que el anterior.

Adivina quién se lo va a comer con patatas

Exacto. No hay mayor muestra de inteligencia (emocional o no): si vas a acabar metido en el proyecto más te vale asegurarte que se va a hacer como crees que debe hacerse, porque al final, el que va a estar metido en la trinchera vas a ser tú. Así que por lo menos, encárgate de decirle al Teniente cómo tiene que ser la trinchera, dónde hay que tender las alambradas, cuántos sacos terreros necesitas para protegerte del fuego enemigo, cómo disponer las Vickers para que tengan mejor campo de tiro, y qué vas a hacer si el enemigo usa Gas Mostaza. Si no lo piensas tú, no te preocupes, otro lo pensará por tí.

La Trinchera

Oh My God! Aquí pone que vamos a desarrollar un gestor de contenidos a medida en 3 jornadas… ¡Malditos comerciales! ¿Por qué no habrán metido un Joomla?

En general, como norma de vida, nunca pierdas la oportunidad de definir cómo debe ser cualquier puzzle en el que seas una pieza. Al final, todo el mundo opina sobre un proyecto: precisamente de eso trataba el primer título de este post. Opinar está muy bien, pero las personas con objetivos además de opinar actúan.

Quinta Ley del Programador Egoísta: Aprovecha cualquier ocasión que tengas para que los proyectos se vendan como tú crees que deben venderse.

Esta Ley tiene un Corolario:

Corolario a La Quinta Ley del Programador Egoísta: Si pudiste implicarte en la venta de un proyecto, pero miraste hacia otro lado, a nadie le va a importar lo mucho que te quejes luego.

Porque al final, el mundo de los proyectos se basa en que primero se vende y luego se ejecuta; al contrario que el mundo de los productos. Tienes dos alternativas: trabajar para conseguir llegar a tu objetivo de aprender y trabajar en proyectos cojonudos ( y lograrlo, o no), o confíar en que alguien lo va a hacer por ti (y a ver qué pasa). Sólo en una de las dos alternativas puedes llegar a tener control: espero haber dejado claro que a mí la que me funciona es la primera.

Scrum Team

«… we are here to help the developers, because inside every freakie there is a presales trying to get out…» (Imagen de eks4003)

Por último, me gustaría recordar a todos los desarrolladores (egoístas o no) que por encima de las leyes de los programadores, hay una Ley Universal de las empresas de servicios.

Ley Universal de las Empresas de Servicios: La venta nunca se para. Las ofertas se presentan se impliquen o no los técnicos que las van a hacer.

Espero que la próxima vez que os pidan ayuda para preparar una oferta seáis un poco más egoísta, penséis en vuestro propio beneficio, y lo hagáis.

Mis 14 FAVs de #Empleo2020

#Empleo2020

El 25 y 26 de Junio de 2013 MediaNet Software organizó el Encuentro «Empleos de Futuro» dentro del programa de Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

La verdad es que fueron unos días de lo más interesantes: al final el Encuentro es una excusa para desconectar del día a día, cambiar de ciudad y juntarte dos o tres días con personas innovadoras, dinámicas y muy inteligentes con las que habitualmente no puedes pasar ese tiempo de calidad. Es la segunda vez que MNS organiza esta clase de encuentros, y al final todas las personas a las que les proponemos ir de ponentes coinciden en que estos días les sirven para inspirarse, coger ideas, y pensar. Y encima en Santander, una ciudad encantadora, en el Palacio de la Magdalena. Son todo ventajas. Lo peor es tener que salir a cenar y tomarse un par de copas todos los días; las sesiones de Thinktonics y Ronstorming  son agotadoras 😉

He hecho un pequeño ejercicio de intentar resumir en 1 tweet el aspecto más destacado de la exposición de cada ponente, según su relevancia en las redes sociales. Por eso es una presentación de 14 tweets. Eso no quiere decir que no hubiera otros aspectos de las  intervenciones más importantes, o más significativos. En general, los vídeos del Encuentro están disponibles y cada cual podrá sacar sus propias conclusiones. Simplemente, estas son las mías.


El Gen del Desarrollador Egoísta: 1- El programador complaciente

Acerca del Ego-istmo

Una de las cosas que más echo en falta en los técnicos es el egoísmo. Se que es una frase fácil de malinterpretar, por eso quiero explicar a qué me refiero.

En general, en el mundo técnico he tenido la suerte de trabajar por norma con personas que se dejan la piel por ayudar a sus compañeros. Siempre he defendido que todos somos muy majos para tomar unas cañas y salir de copas (alguno incluso pagamos una ronda), pero a los compañeros se les conoce bajo presión, cuando las cosas van mal, no funciona nada, empiezan a llover las hostias y entonces se ve quién se arruga y quién tiene lo que tiene que tener.

Scrum Master

Da igual que lo llames Scrum o Melé, sigue siendo una metodología ágil (Imagen de John_Scone)

También me parece fundamental, como parte del valor que aporta un profesional a su empresa, la actitud de dejar lo que se está haciendo para echarle una mano a un compañero que necesita ayuda. En MediaNet trabajo con esa clase de personas, igual que antes lo hacía en SATEC.

No entiendo nada, Guardiola, estás hablando de compañerismo y generosidad en un post que trata sobre el gen del programador egoísta; definitivamente se te ha ido la pinza; adiós.

Bueno, es que no me refiero a ese tipo de egoísmo. Me refiero al egoísmo que tiene que ver con hacer cosas que no me gustan, pero que tengo que hacer porque son necesarias para mí mismo. Y del egoísmo que tiene que ver con hacer cosas por las que no me pagan o para las que (creo que) no tengo tiempo, pero que tengo que hacer porque me gustan y si no las hago yo, las harán otros en mi lugar. Me refiero al egoísmo que viene del ego, del yo, de aquello que tengo que hacer sea como sea y cueste lo que cueste porque me acerca a mis objetivos. (Otra vez se repite la frase, acercarse a los objetivos de uno. Es la segunda que vez que la uso en el blog. No será la última.)

El  gen del programador egoísta, o mejor dicho, el poco frecuente gen del programador egoísta, se materializa claramente como recesivo en dos situaciones que seguro que todos hemos vivido alguna vez; la primera de ellas la trataré en este post (y la otra la añado a la larga lista de post pendientes)

El gen del programador complaciente

El gen del programador complaciente se manifiesta dominante frente al egoísta en todo lo que tiene que ver con pruebas e incidencias.

Los proyectos con presupuestos cerrados suelen ir bien hasta la semana antes del paso a producción, da igual que se usen metodologías ágiles o no. Todo va bien, las historias de usuario se completan, se va gestionando el cambio, a los usuarios todo les parece bien, y de repente un día alguien (generalmente el cliente) empieza a hacer pruebas y hay una estampida de incidencias que salen como setas. Por todas partes. Hasta el punto de que empiezan a tambalearse los cimientos, se comprueba con horror que el sistema está cogido con alfileres y no funciona nada.

Sprint Review

Pues en mi entorno local funcionaba (Imagen de Drakegoodman)

Cada vez que un desarrollador dice frases como «pues cuando lo probé iba bien» o «en mi local funciona«, Dios mata un gatito. Si dice cosas como «es por un micro-corte de red que hace que se pierda la conexión con la base de datos«, Dios extingue una especie tropical (además de los habituales gatitos).

Si hacemos una encuesta entre 10 personas cualquiera que se ganen la vida desarrollando software, llegaremos a la conclusión de que lo más apropiado es que el aseguramiento de calidad de un sistema lo haga alguien diferente del que lo programó, por varios motivos, entre los que destacan:

  • La persona que lo desarrolla sabe lo que se supone que tiene que hacer el sistema, y cuando prueba tiende a comprobar que hace exactamente aquello que le pidieron
  • La persona que lo desarrolla está contaminada porque sabe cómo funciona la aplicación y por tanto, los pasos que tiene que dar para probarla
  • Hay mucho que desarrollar, y no da tiempo a probar (obviamente, porque el proyecto estaba mal vendido, ya hablaremos en otro post sobre eso)
  • Desarrollar es como criar un hijo, todos los padres pensamos que nuestro chico es el más listo de la clase, todos los inputs que recibimos refuerzan esa sensación y nos cuesta ver lo contrario por nosotros mismos (en realidad hablo de oídas, porque mi hijo es el más listo de la clase)

Y aunque estoy a favor de que haya departamentos de QA que de manera independiente al desarrollo validen que esté libre de errores (o en su caso los detecten), lo ideal sería que los entregables que reciben estén como los chorros del oro; que se pudiera comer sopitas en ellos.

¿Y por qué no es así? Pues básicamente porque los cuatro motivos de antes se resumen en que el programador es auto-complaciente. Enseguida se convence a sí mismo de que todo está bien hecho, de que ha hecho lo que tenía que hacer, y si algo falla, es por culpa de otro que no hizo su trabajo bien, o no le pasó la información que necesitaba cuando la necesitaba, o que no le explicó detalladamente algo, o que no abrió un puerto en el firewall, o que le cambió una especificación dos días antes de terminarla… He llegado a oir que el error era culpa de la persona que hizo las pruebas, que no prueba bien el sistema y falla. #amazing

A lo que yo digo, vale, ¿y qué? Has hecho un desarrollo que tiene más agujeros que Bob Esponja así que da igual que le hayas echado cientos de hora de tu vida, la mala noticia es que no han sido suficientes porque todavía no has terminado: ahora lo tienes que arreglar.

Sponge QA

¿A qué te refieres con eso de Plan de Pruebas, Bob? (Imagen de gspidermac)

La auto-complacencia es uno de los peores defectos que puede tener un profesional, pero se acentúa en el caso del programador. Hay dos situaciones en la que el egoísmo debe ser la clave para sobreponerse ante la auto-complacencia, sobre todo por los devastadores efectos que tiene sobre uno mismo.

El problema de la mochila

Todos los que hemos programado conocemos el problema de la mochila; hay que hacer un algoritmo que permite tomar objetos de un determinado volumen y valor para llenPUES NO. Ese no es el problema de la mochila.

Cuando uno entra a una empresa y empieza a programar, va pasando por proyectos. Algunos serán más largos, otros más cortos; unos serán un reto, otros no tanto, y todos en general formarán parte de su trayectoria profesional. De cualquiera de ellos podrá recibir un día un correo electrónico (o una llamada, según la gravedad) indicándole que tiene que dejar lo que está haciendo porque tiene que resolver una incidencia en uno de los proyectos por los que ha pasado.

Sprint Planning

Todavía son becarios, y ya tienen sus mochilitas (Imagen de ewar woowar)

El problema de la mochila es una maldición intrínseca de las personas que se dedican al software: cuanto más avanzan en una empresa, mayor es el peso que llevan en su mochila, más posibles incidencias pueden surgir; y por tanto estadísticamente más veces va a tener que dejar de hacer algo, porque la única persona que puede solucionar un problema con garantías suele ser quién lo resolvió la primera vez.

Primera Ley Natural del Programador Egoísta. Las cosas no terminan hasta que terminan. Si quieres salir cum laude de un proyecto encárgate de que todo lo que desarrolles funcione; y cuando falle, arréglalo lo mejor posible para que puedas seguir adelante hacia tus objetivos.

La conclusión es que cuanto más riguroso seas contigo mismo y con tu desarrollo; es decir, cuanto menos auto-complaciente seas, menos peso llevarás en tu mochila.

Sísifo Consulting

La segunda derivada de la auto-complacencia en el desarrollo es el temido Síndrome del Proyecto Sísifo. Como todos sabemos, Sísifo era un rey que quería vivir eternamente, engañó a los dioses mientras pudo hasta que le trincaron, momento en el que le condenaron a subir una piedra hasta lo alto de un monte. Lo que pasa es que al llegar a la cima, volvía a caer hasta la base; y así por toda la Eternidad.

Sisifo Consulting

Ánimo, otro empujoncito y vaciamos el Jira (Imagen de ChuckSchultz)

En tecnología, llamamos Proyecto Sísifo a ese proyecto en el que salen errores como cucarachas, hasta debajo de las piedras, de forma que se establece un círculo vicioso que es difícil romper: no se sale a producción porque  hay errores; al no cumplir los objetivos el cliente dice que ya que estás le haces unos cambios; por la sensación de falta de rigor en el desarrollo e inclumplimiento se termina por perder la capacidad negociadora; con lo que hay que asumir los cambios; por hacerlos deprisa y corriendo para no palmar pasta surgen nuevos errores; y así sucesivamente. Por toda la Eternidad.

Segunda Ley Natural del Programador Egoísta. Si detectas que esto se va a convertir en un Proyecto Sísifo recuerda la Primera Ley Natural del Programador Egoísta.

Que yo sepa, sólo hay 3 maneras de salir del Proyecto Sísifo:

  • Abandonar, como las ratas y los cobardes. Opción descartada, salvo para las ratas y los cobardes.
  • Salir con los pies por delante. El fracaso no es una opción.
  • Pensar en uno mismo, ponerse las pilas y hacer bien las cosas, porque nadie más lo hará por ti. El egoísmo es la única salida.

La conclusión es que cuanto más riguroso seas contigo mismo y con tu desarrollo; es decir, cuanto menos auto-complaciente seas, más probabilidades de que el resultado de tu trabajo sea un éxito para tu cliente, para tu empresa, y por tanto, para ti mismo.

Se egoísta: piensa en tí mismo. Ojalá cada vez hubiera más gente convencida de que la auto-complacencia es uno de los mayores enemigos de la realización personal.

Tercera Ley Natural del Programador Egoísta: Si no te das una patada en el culo de vez en cuando, alguien lo hará por ti. Y te va a doler más.

Otro día escribiré sobre otra situación en la que las personas sacrifican aquello que les acerca a su objetivos. Mientras tanto, puedes aprovechar la sección de comentarios para decirme si eres o no un profesional auto-complaciente, si llevas mucho peso en tu mochila o si estás a punto de que la piedra llegue a la cima de la montaña.

Lecciones para políticos durante la Crisis: mantened las apariencias

Doc aparece con un Lamborghini Countach rojo sangre (…) A John le molesta, porque los polis odian tales muestras de ostentación. Los incorruptibles piensan que les estás restregando las ganancias por las narices (…) a los de la división no les gusta que hagas alarde porque los ciudadanos ven lo que consideran traficantes de drogas completamente a su aire (…) los polis que tienes comprados te ven conduciendo un carro de 300.000$ y piensan que a lo mejor no les estás pagando lo suficiente.

Don Winslow, «Los Reyes de lo Cool», Ed. Mondadori